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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl muy bajo crecimiento de la cantidad de habitantes es una debilidad de Uruguay y un factor limitativo para su economía; demográficamente, se puede decir que padecemos una situación de estancamiento y envejecimiento de nuestra población. A través de nuestra historia, los flujos de inmigración han tenido efectos muy positivos no solo por su repercusión sobre la cantidad de población y la disminución de su edad promedio, sino también por la incorporación de conocimientos, valores, tecnologías, emprendimientos y capitales, con lo que se nos ha beneficiado. Los inmigrantes de muy diversas procedencias que hemos recibido se han integrado todos ellos en nuestra sociedad sin mayores inconvenientes. Sin embargo, un grupo se destaca especialmente entre todos: los argentinos. En su caso, integrar no es una palabra adecuada pues es muy difícil encontrar diferencias que deban superarse en valores, costumbres y comportamientos entre argentinos y uruguayos. Nuestras semejanzas son enormes, la naturalidad e inmediatez con que nos entremezclamos en todo tipo de actividades y grupos es difícil de ver entre naturales de otros dos países, no solo de América sino del planeta entero. Los lazos de parentesco, amistad, empresariales, culturales, deportivos, entre nosotros son tan diversos como antiguos y profundos.
Los casos de grandes flujos de argentinos migrando en corto tiempo hacia Uruguay se han dado en contados momentos de nuestra historia asociados principalmente a situaciones de turbulencias políticas en nuestro vecino, pero cuando ocurrieron han tenido cuantiosa utilidad para Uruguay. El caso más reciente fue a raíz de la crisis de los años 2001-2002, cuando un gran número de familias y empresas argentinas emigraron en búsqueda de mejores oportunidades, asentándose una parte de dicho flujo en Uruguay. Entre varios resultados ventajosos, esta migración dio sustento a la revolución agrícola que vivió nuestro campo en la década pasada, la cual fue apalancada por el know how, la tecnología y los capitales que introdujeron los empresarios y técnicos argentinos que luego se derramó por todo el sector.
Hoy, ante la existencia de condiciones potenciales que podrían dar lugar a la repetición del fenómeno, Uruguay debería desarrollar de inmediato un plan integral para la captación de familias, trabajadores y empresarios argentinos emigrantes, otorgando muy amplias facilidades y beneficios tributarios para quienes opten por radicarse en nuestro país. A vía de ejemplo: concesión de residencias provisorias en 24 horas, ágil reconocimiento de los estudios escolares y liceales, reválida de libretas de conducir, certificados de vacunación y carné de salud laboral argentinos, amplias exoneraciones tributarias a las personas físicas durante sus primeros años de residencia, exonerar de impuestos las transmisiones patrimoniales en la adquisición de viviendas que realicen para uso familiar, exoneración de contribución inmobiliaria por un número de años, autorización para traer consigo sus equipos, herramientas, útiles de trabajo y vehículos exonerados de impuestos de introducción y empadronamiento, exonerar el costo de los trámites requeridos para la residencia, permitirles desempeñarse en la docencia y la investigación en pie de igualdad con los ciudadanos uruguayos y diversas medidas similares que transmitan en forma inequívoca el interés de nuestra sociedad por recibirlos. Como ya se ha hecho en algunos aspectos parciales, se podrían otorgar estos beneficios en forma genérica para los residentes de los países del Mercosur en el marco del proceso de integración del bloque, para que no se los identifique con un país exclusivo.
A Uruguay ya no se le presentan muchas oportunidades de captar flujos migratorios calificados; difícilmente se pueda imaginar la factibilidad de uno más natural y provechoso que el que pueda originarse desde el país hermano.
Sergio Fernández
CI 1.505.673-9