Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la página editorial del número 1.780 de Búsqueda se publicó una columna de autoría del señor Daniel Gianelli, titulada “La Udelar tal cual es”.
En esa columna se comenta la elección del doctor Roberto Markarián para el Rectorado de la Udelar y se hacen consideraciones acerca de la “agitada sesión” de la Asamblea General del Claustro tras una “crispada campaña electoral” que “tuvo un epílogo impropio en una institución académica, con un contrapunto estudiantil (...) al mejor estilo de barra brava futbolera”. Asimismo, se califica de “folclórica” la trama institucional creada por la Ley Orgánica de 1958 y se refieren los “reproches y agravios entre asambleístas y en las barras”, “exhibiéndose la faceta más negativa de la lucha por el control político de una institución (...) que debería generar en sus integrantes un clima de reflexión, de análisis y de crítica serena y desapasionada”.
Los hechos relatados son ciertos y nada puede reprocharse al autor de la columna a ese respecto.
Sin embargo, del contexto de la nota, y de su propio título, resulta una actitud muy crítica por una situación cuyo origen parece atribuirse a la actual Ley Orgánica.
Debo señalar, entonces, que en la historia más que centenaria de la institución pueden encontrarse casos de elecciones rectorales bastante antiguas —muy anteriores al año 1958— que fueron tan o más reñidas que la que se comenta.
Basta un ejemplo: hace 132 años, en julio de 1882 —época del gobierno de Máximo Santos— se enfrentaron para el cargo de rector dos candidatos: los doctores Pablo de María y Alfredo Vásquez Acevedo; dos prohombres política y filosóficamente rivales: del Partido Constitucional y espiritualista el primero; blanco y positivista el segundo.
La elección fue tan reñida que, según la prensa de la época, el día de la votación la sala debió ser desalojada “con el objeto de calmar los ánimos” y el escrutinio fue suspendido “por las proporciones que asumió el tumulto”; finalmente las elecciones fueron anuladas y recomenzó el proceso electoral del que no resultó elegido ninguno de los dos candidatos originales, sino el doctor José Pedro Ramírez, quien, dos años después, fue destituido por el dictador Santos.
El órgano elector de esa época era una Sala integrada por los catedráticos, los doctores, los licenciados y los bachilleres; estos últimos eran los estudiantes que habían culminado la enseñanza secundaria y cursaban estudios de Facultad, por lo que la participación estudiantil en la elección rectoral no nació con la actual Ley Orgánica sino mucho antes.
También debe señalarse que la “Universidad Vieja” —como suele llamarse al período de la institución anterior a su segunda ley orgánica, la de 1885— era, obviamente, mucho más chica, en docentes y estudiantes, que la actual; no obstante, en ese pequeño mundo académico, las luchas —con ingredientes políticos incluidos— eran enconadas.
No existía todavía la FEUU, pero había gremios estudiantiles cuyas asambleas eran escenario de episodios parecidos a los actuales.
De la comparación entre las elecciones de 1882 y de 2014 resulta, pues, que esta última fue menos traumática que la anterior; es cierto que hubo agravios e insultos, y se produjeron heridas que el doctor Markarián se ha propuesto curar, pero no hubo suspensión obligada del escrutinio ni anulación de la elección. El propio rival, en un gesto de hidalguía, estuvo presente en el acto de asunción del cargo por el ganador.
Con el mayor respeto al autor de la columna, creo que su título, habida cuenta de la historia de la institución, podría haber sido “La Udelar tal cual es... y tal cual fue siempre”.
Esc. Vicente Cremanti
CI 778.015