Ninguno de los problemas graves que tiene el Uruguay actual —y tiene unos cuantos— se arregla con un presidente que se abalanza a cuanto micrófono ve cerca o fantasea como reflexionando en voz alta, por su audición semanal de M24. Yo creo que el señor presidente ya cumplió con su cuota voluntarista, sus globos sondas, sus cortinas de humo, sus malos humores cuando las preguntas le molestan, sus idas y venidas, sus contradicciones y su equivocada percepción, tanto de la libertad, como de la igualdad y de la fraternidad.
Pero no voy a incurrir yo en la filosofía de boliche que le reprocho al presidente y me limitaré a los hechos o a la falta de ellos. Antes que nada debo reconocer que el presidente José Mujica, es totalmente ajeno al origen de buena parte de los bienes y los males de los uruguayos.
Así, como es ajeno a la bonanza económica de la cual estamos gozando por la coyuntura internacional (y ojalá dure, por nuestro bienestar), muchos de los rompecabezas actuales los ha heredado del gobierno de su antecesor, el Dr. Tabaré Vázquez.
Es la administración Vázquez que agravó la inseguridad, mediante el nombramiento de ministros incapacitados para la función; la salud y la educación, merced a calamitosas reformas cuyas secuelas han estallado en la actual gestión; los “agujeros negros” con los negocios de Pluna y de Ancap-Pdvesa; la sed de venganza, por el tema de los derechos humanos flechados; las relaciones exteriores, colocadas en manos inexpertas; el rechazo del TLC con EEUU, con las consecuencias que ahora estamos pagando; los planes asistencialistas sin contrapartida laboral; y tantas otras cosas.
Sin embargo, hay un tema en el cual el actual presidente, se lleva la totalidad de los méritos o deméritos: las relaciones con Argentina. Y en él vamos de mal en peor. A partir del levantamiento de los cortes de puentes, que ya no daban para más y que, por otra parte, simplemente se cumplía con el artículo 1º del Tratado de Asunción y con el fallo de la Corte Internacional de Justicia, ingenuamente creyó que ello era el inicio de una relación inquebrantable con su gran amiga e ideológicamente afín, la presidente Cristina Fernández de Kirchner.
A partir de allí, lo único que hemos recibido de la Sra. han sido abrazos para “el Pepe” en las Cumbres y reuniones presidenciales; y una seguidilla de bofetadas en un amplio espectro de la relación tanto bilateral, como mercosureña.
Hemos sufrido restricciones de todo tipo al comercio con nuestro vecino, encauzadas por el patoterismo de Guillermo Moreno, como las licencias no-automáticas —por citar una de ellas— y cuyo proteccionismo le ha valido a la Argentina denuncias en la OMC de los 27 países de la Unión Europea (UE), más Australia, Turquía, Noruega, Tailandia, EEUU, Nueva Zelanda, Costa Rica, Colombia, Perú, México, Taiwán, Japón, Corea del Sur y Canadá. Obviamente no de Uruguay.
Todo lo cual ha ya significado una merma de 7% en nuestras exportaciones a Argentina y sectores (como el de la vestimenta) que atraviesan grandes dificultades y pérdida de empleos.
Hemos soportado la soberbia y prepotencia del Canciller Timerman, del embajador Dovena y que Argentina promueva la acusación de “paraíso fiscal” de Uruguay en la OCDE; esconda los resultados de los monitoreos de las aguas del río Uruguay, porque no le son favorables; deje caer la planta de regasificación; nos frene con excusas varias y a veces ridículas —entre otros — el dragado del canal Martín García y las obras de Nueva Palmira.
¿Y mientras qué hace el gobierno uruguayo? Pues Mujica dice que “no puede escupir un ojo a la presidente, romper relaciones o insultarlos” y otras cosas más en el mismo sentido, en tanto algunos políticos y comunicadores abrazados, avalan cualquier tropelía de los argentinos, amparados en el eslogan: “Si el vecino es Mike Tyson, no nos podemos pelear con él”.
Si eso fuera así, el Imperio alemán podía eventualmente no haber perdido la Primera Guerra Mundial. Recordemos que al inicio, Alemania lanzó un ultimátum a Bélgica (país neutral), intimándole que dejara pasar por su territorio las tropas alemanas, so pena de considerarlo enemigo. ¿Qué hubiesen contestado los turiferarios de la “realidad comparativa”, siendo que Bélgica era mucho menor frente a Alemania, que el Uruguay actual en relación a Argentina?
Sin embargo, el rey de los belgas, Alberto I, se negó, se movilizó para la batalla al frente de sus soldados, con su famosa frase: “Un país que se defiende impone el respeto de todos, ese país no perece” y, gracias a su actitud, retrasó el avance alemán, permitiendo que los aliados tuvieran tiempo de prepararse y ganasen la batalla del Marne. Y Bélgica resistió en una ínfima parcela de su territorio detrás del río Yser, durante los 4 años del conflicto bélico.
El presidente Mujica dijo que “la inversión inmobiliaria y el alud turístico argentino son dos factores relevantes para la economía uruguaya. (…) Tengo la obligación, como gobierno, de pensar en el trabajo de los uruguayos y tragarme las culebras y los sapos que me tenga que tragar, siempre y cuando esté priorizando el interés de la gente que trabaja”. (El País, 27/07/2012)
Pues bien, Argentina ha dispuesto las siguientes dificultades para el turismo (que afectan al Uruguay): exigir el detalle de las compras en el exterior por tarjeta de crédito; aplicar un recargo de 15% a todas las adquisiciones en el exterior; para los países limítrofes, conminar a la compra de la moneda del país al que viajarán y no de dólares; obligación de informar cuotas y moneda, para los que saquen sus pasajes en agencias de viajes; el dinero a retirarse desde el exterior debe salir de una caja de ahorro en dólares; la compra de dólares está sujeta a autorización.
Sin embargo el presidente Mujica, ratificó su postura en su última audición: “Si la Argentina toma medidas crudamente proteccionistas, que tiene el derecho fundamental de su soberanía, pero que nos pueden perjudicar, debiéramos tener la unidad, la inteligencia y la astucia como para poder tener políticas que mitiguen los efectos en nuestra realidad económica y social, porque todos sabemos la importancia que tienen el turismo y la inversión inmobiliaria”.
Y precisamente estas últimas medidas perjudican el turismo, la inversión inmobiliaria y el empleo. Mientras tanto, el Ejecutivo presiona a los legisladores, con el “cuco” de la OCDE, para ratificar el acuerdo de intercambio de información tributaria. Sin duda, el peor error que se podría cometer sería asentirlo.
Pero por lo visto, “Tyson” seguirá avanzando, un día nos rompe las macetas con flores del patio, (aguante, que es más grande), otro nos patea al perro (¡shut, silencio!), al siguiente nos da una paliza (¡qué se va a hacer!) y termina ocupando nuestra casa, conviviendo con nuestra familia, coscorroneado a nuestros hijos y sentado en nuestra mesa. ¿Pero qué diablo podemos nosotros? Es más fuerte y la geografía manda: estamos destinados a vivir aquí.
Lo peor en cualquier proceso de negociación es declarar de antemano que se va a ceder, porque eso potencia, en forma exponencial, las aspiraciones del contrario. Así cualquiera pierde. Ya no se trata sólo de una cuestión de dignidad sino, además, de competencia negociadora, de viveza. Y en última instancia (con el kirchnerismo), de sobrevivencia como país independiente.
Adolfo Castells Mendívil