N° 2056 - 23 al 29 de Enero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus proyecciones sobre la economía mundial para este año y el próximo, en un informe titulado ¿Estabilización tentativa, recuperación lenta?
Espera un crecimiento de la economía mundial de 3,3% en 2020 y 3,4% en 2021, en comparación con el 2,9% que había sido la expansión en 2019. Respecto a las estimaciones anteriores (publicadas en octubre), las nuevas proyecciones marcan una leve desaceleración de 0,1% y 0,2% en cada año, que tiene básicamente su explicación en el importante recorte de las perspectivas de crecimiento para India (5,8% en 2020 y de 6,5% en 2021, lo que significa 1,2 y 0,9 puntos porcentuales menos que lo se había previsto en octubre).
Si bien el crecimiento de la economía mundial es algo menor a lo que el FMI esperaba tres meses atrás, la buena noticia es que el “balance de riesgos” aparece algo menos “sesgado a la baja” al inicio de este año. Eso básicamente como resultado de la firma de la “Fase I” del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, así como una menor probabilidad de un “Brexit duro” —sin ningún tipo de acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea. Ello, a su vez, se ha comenzado a reflejar en señales tentativas de estabilización en la actividad manufacturera y en el comercio mundial hacia fines del año pasado, que se espera continúen al inicio de 2020.
Un rol crucial en la mejora en las proyecciones es el que han tenido las políticas monetarias expansivas que volvieron a utilizar los principales bancos centrales del mundo durante el año pasado, en particular la Reserva Federal estadounidense, el Banco Central Europeo y el de China. Según las estimaciones del FMI, sin este factor el crecimiento estimado para 2019 y el proyectado para 2020 hubieran sido medio punto más bajos en cada año.
De todas formas, para el Fondo el panorama de leve recuperación del crecimiento global continúa siendo incierto y dependiente fundamentalmente de que se recuperen varias de las economías emergentes principales que estuvieron atravesando dificultades más o menos severas en los últimos años, ya que se espera que el crecimiento en el mundo desarrollado se mantenga relativamente estable en niveles similares a los actuales.
Así, para el conjunto de “economías emergentes y en desarrollo”, proyecta que se acelere su expansión (del 3,7% estimado para 2019 a un 4,4% en 2020 y 4,6% en el 2021). Ello estaría reflejando dos fuerzas opuestas: en sentido positivo, la recuperación que se espera de algunos países importantes que el año pasado tuvieron distintos tipos de problemas “idiosincráticos” y situaciones de “estrés” (caso de India, México, Brasil, Rusia, Sudáfrica, entre otros); por otro lado, la tendencia a una reducción estructural en el ritmo de crecimiento de China (más allá de que la firma de la “Fase I” del acuerdo comercial llevó a aumentar la proyección del crecimiento para este año del 5,8% al 6%, aunque se revisó de 5,9% a 5,8% la proyección para 2021).
Aunque el “balance de riesgos” para el crecimiento ha mejorado algo en el margen en los últimos tres meses, para el FMI no hay lugar a la complacencia, y de todas formas hay muchos riesgos a la baja que podrían alterar en sentido negativo lo que de todas formas aparece como una recuperación lenta de la economía mundial. Entre los factores de riesgo más importantes que se mantienen, el FMI menciona las tensiones geopolíticas (particularmente entre EE.UU. e Irán) así como sociales en diferentes países; el recrudecimiento de las tensiones comerciales entre EE.UU. y el resto del mundo (China, Europa, Japón, etc.); un cambio súbito en la confianza en los mercados financieros que lleve a movimientos más o menos significativos en los precios de los activos y a un endurecimiento de las sumamente benignas condiciones financieras actuales; así como el impacto de shocks climáticos, entre otros.
En definitiva, augura un panorama económico global algo mejor que el del año pasado pero lejos de mostrar un dinamismo significativo, además de totalmente dependiente del mantenimiento de un extraordinario nivel de estímulo monetario y fiscal que genera todo tipo de riesgos a escala financiera por el nivel récord de acumulación de deuda que produce y sujeto de todas formas a un alto nivel de incertidumbre.