N° 2015 - 04 al 10 de Abril de 2019
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Este es uno de los objetivos que tiene la recientemente aprobada ley de emprendedurismo, una iniciativa del diputado blanco Rodrigo Goñi, que luego fuera acompañada por todo el sistema político, académico y empresarial, quienes colaboraron en su elaboración.
La norma es muy innovadora en varios aspectos, en especial en dos: a) la creación de las Sociedades por Acciones Simplificadas (simplificación de trámites de inicio, facilidades y modernización de funcionamiento, autonomía contractual a medida y estructura societaria flexible) y b) la regulación del sistema de financiamiento colectivo o crowdfunding (donde miles de personas pueden invertir poco dinero cada una, para financiar un emprendimiento).
Pero, a mi entender, lo más importante de esta ley está en su espíritu, que bien se refleja en su artículo 5:
Estimular la actitud emprendedora como forma de asociar la realización personal… a la capacidad de identificar desafíos… e implementar estrategias para alcanzarlos…
Introducir conceptos de emprendedor, empresario y empresa. Explicar y transmitir el papel del emprendedor en la creación de empresas y su función decisiva en el incremento del valor agregado, el crecimiento económico y la generación de nuevos puestos de trabajo.
Establecer el vínculo entre la actitud emprendedora y la elevación de la capacidad de innovación en general, e introducir el papel de la innovación y el valor diferencial en el proceso de creación y expansión de empresas sostenibles y competitivas.
Identificar y desarrollar las actitudes emprendedoras, explicando y transmitiendo los conceptos de iniciativa, liderazgo, creatividad, búsqueda de oportunidades, entre otros.
Es maravilloso, por un lado (pero lamentable por otro), que haya que dictar una ley para “introducir los conceptos de emprendedor, empresario y empresa”, ya que —evidentemente— esos conceptos no están “introducidos” en las mentes uruguayas.
Es necesario cambiar varias de nuestras creencias limitantes, como ser: que es mejor ser empleado que emprendedor (y si se es empleado público, mejor); que la riqueza está asociada a la suerte o al robo y no al mérito; que es mejor ser parte de un “colectivo” que independiente; y que el Estado puede generar riqueza, cuando en realidad la destruye o que el empresario es un explotador, jamás un benefactor.
“Nunca es tarde cuando la dicha es buena”. Por eso celebramos la aprobación de esta ley y felicitamos al diputado Rodrigo Goñi por la iniciativa y a quienes la acompañaron, para promover “una cultura emprendedora que impulsará las actitudes personales… y las capacidades necesarias para el desarrollo de un emprendimiento propio…”.
¡Enhorabuena!