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    Liberalismo y jacobinismo (I)

    Sr. Director:

    En la edición anterior de Búsqueda, Nº 1887, se publicaron dos cartas que se refieren a una mía (Búsqueda Nº 1886) con el título “Liberalismo y jacobinismo”. Con estas líneas quiero comentar esas atentas cartas. Le agradezco su publicación.

    El Sr. Álvaro García señala: “no existe ninguna oposición ni conflicto entre los términos laicidad y laicismo”, y agrega: “pretende (se refiere a mi carta) evidenciar la afirmada radical diferencia entre ambos términos”.

    Digo: no es posible comparar la “laicidad” con el “laicismo”, pues son realidades de distinto orden aunque tengan la misma raíz. Este intento Vaz Ferreira lo cataloga como un paralogismo. Según la Real Academia Española (RAE XXII ed.) las palabras terminadas en idad son “substantivos abstractos derivados de adjetivos, (…) como terquedad…. o barbaridad…”, es decir, describen una realidad genérica, es el caso de laicidad. En cambio la RAE dice de “laicismo”: “Doctrina (la letra negrita es mía) que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. También la RAE dice que toda palabra terminada en “ismo” (sufijo): “Forma sustantivos que suelen significar doctrinas, escuelas o movimientos, como socialismo, liberalismo”.

    Por lo tanto laicidad y laicismo expresan cosas distintas aunque referidas al mismo objeto: lo laico. La laicidad es una actitud; el laicismo es una doctrina con distintas formulaciones y relacionamientos. (Del término laikós griego viene nuestra raíz latina: laico. Se origina en el S VI a. de C., se inserta en la tradición cristiana temprana y llega a nuestros días cargado de historia y variedad de sentidos.)

    Entiendo que este es un problema complejo con muchos matices que deben ser atendidos. Pero lo central que quiero decir es que la laicidad o el laicismo nunca deben utilizarse para excluir personas, sino todo lo contrario, para incluirlas socialmente aceptándolas con sus creencias y opciones, en la medida que con ello no se intente hacer proselitismo.

    En la otra carta el Sr. Luis Rivas Ortiz afirma: “es una desproporción tildar de “jacobinismo” aquella medida de 1906 de retirar los crucifijos de las dependencias hospitalarias”. Debo aclarar que esta expresión no es mía sino de José Enrique Rodó. En el libro citado por el Sr. Álvaro García: “Liberalismo y jacobinismo. La polémica entre J.E. Rodó y Pedro Díaz” de Pablo da Silveira y Susana Monreal, se encuentra en la página 113 la siguiente afirmación de Rodó, refiriéndose a lo que él denomina con la palabra “expulsión” de los crucifijos: “¿Liberalismo? No: digamos mejor jacobinismo. Se trata, efectivamente, de un hecho de franca intolerancia y de estrecha incomprensión moral e histórica, absolutamente inconciliable con la idea de elevada equidad y de amplitud generosa que va incluida en toda legítima acepción de liberalismo, cualquiera sean los epítetos con que se refuerce o extreme la significación de esta palabra.”

    Las 116 páginas del libro de Rodó, releídas varias veces, me convencieron de sus argumentos.

    El Sr. Luis Rivas Ortiz afirma que el retiro de los crucifijos fue un acto de “republicanismo”. Sigo coincidiendo con Rodó en que aquello fue un acto de jacobinismo, precisamente de los que no construyen el republicanismo. El uso del poder del Estado o el gobierno, por una minoría (en este caso la resolución fue tomada por tres personas que integraban la Comisión del Hospital de Caridad) no genera República. La República se construye con la firme determinación de resolver los asuntos públicos por el diálogo y el acatamiento de las mayorías expresadas en las urnas, rechazando los mecanismos violentos y las maniobras palaciegas. La República se hunde con los cuartelazos, la corrupción y las ideologías dominantes que se rigen por ortodoxias que deben ser acatadas.

    Lo de los crucifijos ya fue. La historia dio vuelta la página. Lo que pretendí al recordar los 110 años de este formidable libro de Rodó, que vale la pena ser releído, es permanecer atentos y resistir “los pensamientos correctos”, las doctrinas unificadoras que imponen elevar las manos enyesadas.

    Agradezco a los dos lectores de Búsqueda que me escribieron pues sus aportes me permitieron, quizás, aclarar mi pensamiento y matizarlo.

    Lic. Jorge Scuro