Nº 2162 - 17 al 23 de Febrero de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa semana pasada murieron 23 personas en Argentina por consumir cocaína mezclada con un veneno. Esto sucede así en gran parte del mundo porque al ser un delito la venta de cocaína, se mueve en un mercado negro, donde no hay trazabilidad de los productos, ni control de calidad y menos aún posibles reclamos.
La lucha contra el consumo de drogas, pretendiendo disminuir la oferta (combatiendo a los narcos) ha sido un fracaso rotundo ya desde 1971, cuando la impulsó Richard Nixon.
La gente que quiera fumar, beber o drogarse, siempre encontrará la manera de hacerlo, pero cuando se mueven bajo un régimen prohibicionista lo único que se logra es encarecer el producto, darle más ganancias a los vendedores, bajar la calidad y generar una trama de corrupción en todo el sistema. Y aquellos que no aceptan dinero, la opción es simple: “plata o plomo”.
El doctor Daniel Radío, presidente de la Junta Nacional de Drogas, está denunciando esta situación y yendo a contrapelo de lo políticamente correcto al decir que la política de combate frontal al narcotráfico “es un fracaso” porque “los narcos no tienen techo, cualquier esfuerzo de recursos humanos o tecnológicos que podamos hacer, ellos también lo pueden hacer y sin ningún escrúpulo”.
Todos conocemos la historia del Al Capone, cuyo negocio de venta de bebidas alcohólicas clandestino no solo lo hizo millonario, sino que dejó un tendal de muertos, de funcionarios sobornados y chantaje. Todo porque un grupo de esposas se quejaban de que sus maridos venían a la casa borrachos y violentos, por lo que organizaron un movimiento que terminó aprobando la Ley Seca. Otro gran fracaso.
Uruguay tiene una legislación mucho más flexible que nuestros vecinos, pero aun así es excesivamente burocrática. Esto está generando problemas en la rentabilidad de las empresas que venden el cannabis “oficial” a través de las farmacias, ya que las variedades que cultivan tienen bajo contenido en THC y no provocan los efectos relajantes que buscan sus consumidores. Por eso se estima que hay unos 250.000 consumidores de cannabis, pero solo 60.000 están registrados en el IRCCA.
Comenzar un camino de liberar todas las drogas sería la mejor arma contra el narcotráfico, la corrupción y el crimen, pero fundamentalmente los consumidores obtendrían productos con control de calidad y pudiendo siempre influir sobre el consumidor acerca de los riesgos que atañe, tal como se hace hoy con la publicidad disuasiva en las cajas de cigarrillos.
Un tema muy delicado y con muchas aristas y prejuicios que habrá que encarar cuanto antes, porque la batalla actual la vienen ganando los narcos.