Nº 2139 - 9 al 15 de Setiembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo primero antes de hablar de los tiempos de pandemia que estamos viviendo, es recordar y solidarizarse con aquellas personas y familias que fueron golpeadas de la peor manera posible por este año y medio largo que nos afectó a todos, en mayor o menor medida. Una vez hecha esa salvedad, ahora que empezamos a ver que se acerca una nueva normalidad a nuestras actividades, vale destacar que hay un aspecto que salvó con muy buena nota en nuestro país y es la apuesta a una “libertad responsable”.
El tema fue politizado —la oposición y algunos sectores sociales pedían un mayor intervencionismo del Estado—, pero el gobierno no cedió más allá de lo que consideró imprescindible para una emergencia sanitaria. Otros gobiernos de la región dejaron que la pandemia se convirtiera en una excusa para volver a tratar y juzgar al ciudadano como una persona que no se puede cuidar a sí misma.
La apuesta en Uruguay fue más del propio presidente Luis Lacalle Pou y de su partido, ya que incluso muchos de sus socios hubieran preferido otro camino. Pero la insistencia con esta actitud proveniente de la Torre Ejecutiva, invocando la condición liberal del mandatario y su confianza en el criterio de la gente, mantuvo la dirección que consideramos correcta y que el tiempo lo ha confirmado.
En cierto momento la izquierda llevó la discusión hacia lugares a los que no debió ir. Usó terminología que levantaba un dedo acusador terrible a quienes manejaban una crisis de proporciones inesperadas. Con la sentencia “muertes evitables”, que se utiliza a menudo en la jerga médica, algunos políticos le dieron un uso efectista para, como hace la izquierda frecuentemente, imponer una narrativa de barricada, sin argumentos válidos, con el fin de mantener a su público alineado.
Hoy el tema de la “libertad responsable” ya no parece ser materia de discusión. Aunque quizás debería serlo para hacer un justo reconocimiento al actual Poder Ejecutivo, que eligió el camino más adecuado y coherente con sus principios democráticos, en consonancia con los derechos de libertad que la gente quiere y reclama. De ese modo se neutralizaron los efectos perniciosos que en otras circunstancias hubieran causado el encierro y el miedo.
La vacunación, que aún está muy vigente, debería manejarse con un criterio similar, por más que sepamos que la realidad deja pocas opciones para aquellos que rechazan la posibilidad de ser inoculados. Como en los comienzos de la emergencia sanitaria, donde las opciones en la actividad se limitaron pero no se obligó a nadie. Una situación similar enfrentarán los no vacunados, pero será su elección y su derecho.
En un tema que resultó esencial y puso a prueba al gobierno, se eligió el camino liberal, pero esa actitud parece desaparecer en otros aspectos de la administración. Hace una semana nos referimos a la discusión sobre las soluciones para el puerto, esencial en nuestra vida económica, donde se vio una claudicación de algunos principios liberales. Ocurre lo mismo con la instalación de un nuevo ministerio, más entes reguladores y el mantenimiento de oficinas que no justifican sus propios gastos. La reducción de impuestos y el control de las tarifas a esta altura parecen haber quedado como un deseo preelectoral. Y en un rubro más cercano a nosotros, el mantenimiento de una Ley de Medios es claramente inútil.
Muchas de estas contramarchas se le achacan a la necesidad de mantener a la coalición multicolor unida, pero eso no afectó el criterio del gobierno cuando estableció los principios para manejar la pandemia. Repitamos eso.