• Cotizaciones
    miércoles 18 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Líneas infinitas

    Columnista de Búsqueda

    N° 1902 - 19 al 25 de Enero de 2017

    Las pocas noticias que han quedado sobre su vida terrenal son un festín pagano para la literatura. Paolo di Dono, inmortalizado Uccello, no dejó nada salvo unas cuantas piezas que cambiaron para siempre la historia de la pintura y tal vez del pensamiento. Fue posiblemente toscano, o debería haberlo sido; no se sabe. Lo que consta es que estudió pacientemente a Euclides, y que hasta debe haber dialogado en sueños con los alumnos del Museo de Alejandría. Está probado, según Vassari, que fue longevo, que vivió más cercano a la pobreza que a la comodidad, y que no resultó demasiado importante para nadie en su tiempo, pues nadie se tomó el trabajo de testimoniar con interés o alegría su paso por el mundo.

    Pero ahí están los cristianos golpeando en la casa del prestamista judío que es acusado de profanar la hostia, y está la valiente determinación de San Jorge con el inevitable dragón que se revuelve ante la vista de la lanza, y está el protagonismo heroico del condottiero Micheletto da Cotignola en la batalla de San Romano, y algunas damas de sereno perfil, y pocas obras más para reprocharnos por qué no tuvimos la precaución de salvar algo de aquella vida que compuso esas maravillas. La alianza del dibujo con los arcanos de la geometría —y no otra cosa importó a este artista— nos mostró las posibilidades infinitas de la perspectiva y con ella la realidad del punto de vista del observador. Como envolviéndonos en un abrazo que congrega, los espectadores del cuadro pasamos a ser parte del mismo: nuestra posición en el espacio, la mirada desde donde nos encontramos, apareció por primera vez representada. Y todo, entonces, se volvió cercano; el símbolo siguió siendo símbolo, no perdió su poderosa cualidad significante, pero también fue narración y vocación de realidad. Gracias a Paolo Uccello por primera vez vimos con nuestros ojos. Antonin Artaud, a quien obsesionó el misterio de esas fugas de la mirada, que también son vías de escape, salvaciones, escribió: “Tú, Uccello, enseñas a no ser más que una línea y la capa elevada de un secreto”.

    La imaginación de Marcel Schwob (Cuentos completos, Páginas de Espuma, que distribuye Gussi) lo ve en su estudio, atareado en ir detrás de la superficie de las cosas para entender las formas sustanciales de las que provienen y luego volver a la superficie pero ya con líneas, puntos, bisectrices, ángulos y círculos indescifrables para el ojo domesticado pero luminoso, para el hombre que vivió como hechizado con la regularidad de los cuerpos y las armonías de los números y de los círculos con las rectas: “Acostumbraba dibujar mazocchi, que son círculos de madera cubiertos por un paño que se colocan en la cabeza, de manera que los pliegues de la tela que cuelga enmarquen todo el rostro. Uccello los pintó puntiagudos, otros cuadrados, otros con facetas con forma de pirámide y de conos, según todas las apariencias de la perspectiva, y tanto más cuanto que encontraba un mundo de combinaciones en los repliegues del mazocchio.(…) Se consagró perpetuamente al estudio de la arquitectura, en lo cual se hizo ayudar por Filippo Brunelleschi; pero no lo hacía con la intención de construir. Se limitaba a observar la dirección de las líneas, desde los cimientos hasta las cornisas, y la convergencia de las rectas en sus intersecciones, y cómo las bóvedas cerraban en sus claves, y la reducción en abanico de las vigas de techo que parecía unirse en la extremidad de las largas salas. Representaba también todos los animales y sus movimientos y los gestos de los hombres con el propósito de reducirlos a líneas simples. (…) Quiso concebir el universo creado tal como se reflejaba en el Ojo de Dios, que ve surgir todas las figuras de un centro complejo”.

    Como nadie nos dice cómo murió sino simplemente que hacia el año 1475 se dejó ir, Schwob ensaya la última posible escena: “Algunos años más tarde se encontró a Paolo Uccello muerto de agotamiento en su camastro. Su rostro estaba radiante de arrugas. Sus ojos estaban fijos en el misterio revelado. Tenía en su mano, estrictamente cerrada, un pequeño redondel de pergamino lleno de entrelazamientos que iban del centro a la circunferencia y que volvían de la circunferencia al centro”.

    La literatura nos permite estar donde nunca hubiéramos entrado, ni siquiera en sueños. No puedo no pensar que Uccello muriera de otra manera. Esta escena es absolutamente verdadera, en lo que tienen de verdad las cosas de este lado del mundo.

    Borges veneró la obra de Schwob.

    // Leer el objeto desde localStorage