Nº 2268 - 14 al 20 de Marzo de 2024
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCarolina Ache se lanzó al ruedo dentro del Partido Colorado (PC) y, desde el comienzo, marcó la cancha. La exviceministra —según informó Búsqueda la semana pasada— usará el slogan “Vamos con la justa” y dice que quiere ganar la interna para que el partido “tenga un candidato colorado y no rosado”.
Sin información de primera mano de opinión pública es muy difícil saber hasta dónde puede llegar. Habrá que ver, además, cómo se desempeña de ahora en adelante en este nuevo rol, que exige tener posiciones muy definidas en temas variados y delicados. Pero estoy convencido de que, para recuperar terreno electoral, el Partido Colorado estaba precisando un discurso tajante, colorado como sangre de toro, como el que ella ya viene proponiendo. Me explico.
Según Chantal Mouffe, hacer política es construir fronteras. Los partidos que no recortan con claridad en el plano discursivo un “nosotros” y un “ellos” tienen pocas chances de prosperar. Carolina Ache da en el clavo: reclama “un candidato colorado y no rosado”. Sin lugar a dudas es una frase dura para sus correligionarios. Pero también es una definición necesaria y probablemente efectiva.
El PC ha sido un buen compañero de ruta del Partido Nacional (PN) durante la presidencia de Luis Lacalle Pou. Sin perjuicio de haber generado varios problemas en el Poder Ejecutivo (en verdad, no fueron pocos los ministros colorados que, por diferentes razones, dejaron el gabinete, desde Ernesto Talvi en adelante), el PC aportó numerosos cuadros de gobierno en varias áreas muy sensibles. Además, a la hora de construir mayorías en el Parlamento, para el “corazón del gobierno” (Álvaro Delgado dixit) siempre fue más sencillo entenderse con los legisladores colorados que con los cabildantes. Pero nada de esto es suficiente para persuadir a los votantes de la coalición de volver a confiar en el PC.
La buena relación política y personal entre Julio María Sanguinetti y Luis Lacalle Pou es una parte importante de la explicación del clima de concordia predominante entre los viejos partidos fundacionales. La obsesión con evitar el regreso del Frente Amplio al poder es la otra parte a tomar en cuenta para entender por qué, entre colorados y nacionalistas, ha predominado tanto la cooperación sobre la competencia. Pero, si los colorados no trazan la frontera con los blancos corren el riesgo de votar todavía peor que en las dos elecciones anteriores. Esto no solo es un problema para los colorados. También lo es para los nacionalistas: para que la coalición sea reelecta el PC debe tener una buena performance.
Hace al menos tres meses que hay varios buenos precandidatos del PC que hacen campaña por todo el país. Están dedicando muchas horas a la militancia y hacen un gran esfuerzo, personal y económico. Sin embargo, la intención de voto hacia el viejo partido de la Defensa sigue padeciendo de anemia.
Para recuperar vitalidad los colorados deben escapar al cono de sombra que el PN arrojó sobre sus socios a lo largo de estos años. Están obligados a tomar el riesgo de marcar claramente la distancia con el partido que ha liderado la coalición. Desde luego, criticar decisiones del gobierno será más difícil para aquellos dirigentes que ocuparon lugares destacados en la gestión, como Robert Silva, Gabriel Gurméndez y Tabaré Viera, y más sencillo para los que no tuvieron cargos, como Andrés Ojeda.
El caso de Carolina Ache, desde este punto de vista, es distinto y especialmente interesante en términos analíticos. Formó parte del gobierno desde el primer día. Fue nada menos que subsecretaria en el Ministerio de Relaciones Exteriores, acompañando a Ernesto Talvi, primero, y a Francisco Bustillo, después.
Pero, en el contexto del conflicto provocado por la emisión del pasaporte a Sebastián Marset, Ache voló varios puentes con la Torre Ejecutiva. Primero, renunció a su cargo (diciembre de 2022). Más tarde, la información que presentó en Fiscalía causó la mayor crisis del mandato de Lacalle Pou: la tormenta determinó las renuncias a sus cargos de dos ministros (Francisco Bustillo y Luis Alberto Heber), un subsecretario (Guillermo Maciel) y el principal asesor presidencial (Roberto Lafluf). No cabe duda de que arriesgó. Dibujó la frontera y construyó un muro.
Por eso, si mi análisis es correcto, su irrupción está llamada a contribuir para separar la imagen del PC de la del PN. Este efecto debería producirse de modo directo, esto es, a través de su propio discurso, y de modo indirecto, siempre y cuando los demás precandidatos, tomando nota de este desafío, decidan tomar más distancia respecto al “corazón del gobierno”.
Carolina Ache no solo traza la frontera con el PN como socio mayor de la coalición. Lo hace también reivindicando su genoma político, colorado y jorgista. El eslogan de su campaña es, en ese sentido, un mensaje directo al votante colorado de otrora: en “Vamos con la justa”, se combinan las referencias a Vamos Uruguay, el sector fundado por Pedro Bordaberry en 2006, con las guiñadas hacia la recordada campaña electoral de 1994, cuando Batlle “cantaba la justa”.
En este sentido aporta menos novedad. De hecho, los demás precandidatos colorados también se esfuerzan por conectar con la tradición del partido y con sus principales referentes. Desde este punto de vista, dicho sea de paso, hay una clara convergencia entre Carolina Ache y Gabriel Gurméndez: en ambos resuenan temas y tonos jorgistas. De todos modos, en una primaria donde las alianzas entre precandidatos podrían ser decisivas, no hay ninguna señal de que vayan a coordinar entre sí.
Nada de lo escrito acá debe interpretarse como un pronóstico. Es imposible, hoy por hoy, anticipar qué puede pasar en la competencia interna del Partido Colorado. Es notorio que los colorados están atravesando un proceso de renovación extremo, solo comparable al de los frenteamplistas en 2019. En ese momento, el FA actualizó por completo la primera fila del liderazgo: compitieron cuatro precandidatos nuevos, entre ellos, Carolina Cosse. Solamente digo que esta otra Carolina, como su tocaya en el Frente Amplio, tiene herramientas para meterse en la conversación. Las dos saben cómo trazar fronteras. Las dos decidieron hablarle fuerte y claro a sus respectivas tradiciones. Las dos toman riesgos y se hacen oír.