N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáVuelven las emociones y las discusiones sobre fútbol las 24 horas. Vuelven las pencas, las especulaciones, los triunfalistas que ubican a nuestra selección entre las cuatro mejores y los pesimistas que la dan liquidada en la primera vuelta o en octavos. Vuelven las banderitas de Uruguay en los autos, en los taxis, en los ómnibus y en los balcones. Vuelve —qué lugar común tan berreta pero igualmente cierto— la esperanza. Vuelven los alargues y los penales. Vuelven los silencios de ansiedad contenida, previos al estallido de un gol o a la desgracia de ir a buscar la pelota a tu propio arco, que es otra forma de silencio, más densa. Vuelven los distintos tiempos de los televisores, unos a la velocidad del cable, otros a la del satélite y del HD, que se ve fenómeno pero es pesado y llega tarde, tarde, tarde. Cinco o seis segundos es tardísimo. Todos deseamos que se unifique un tiempo único para conocer el preciso momento del gol y no enterarnos por el grito del vecino que escucha la radio, porque sabemos que si ese vecino no grita una jugada que viene bárbara o un tiro libre al borde del área, es que no ha pasado nada y todo se ha ido a la puta mierda. Y estará el VAR (Video Assistant Referee), el apoyo tecnológico para el juez en caso de duda, fenómeno que puede cortar abruptamente la alegría o desatarla en la tristeza, de modo que del VAR te vas al bar a festejar o a llorar tus penas.
No habrá transporte ni servicios administrativos ni nada que valga la pena mientras juegue la Celeste, y el David —que ahora se parece a Cavani— nos mirará a todos desde la explanada de la intendencia con una camiseta celeste ajustada a su físico privilegiado. Y más vale que no tengas que ir a una Emergencia en esos 90 minutos en que juega Uruguay, porque te vas a desangrar en la camilla hasta que termine el partido. Vuelve el horror durante un mes para esa pobre gente que no comulga con semejante pasión; unos beduinos en el desierto que intentan meter una baza en el almuerzo con una conversación que no sea a propósito de un gol, de un penal o de un fuera de juego. Pobre gente que intenta hablar de cine o de política o incluso de sexo y a nadie le importa, porque primero está el Mundial.