Nº 2180 - 30 de Junio al 6 de Julio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando recorran el Uruguay la próxima primavera seguramente puedan disfrutar del magnífico espectáculo que es ver los cultivos de colza florecidos por muchos rincones del país. La vista de miles y miles de hectáreas de flores amarillas es maravillosa. Así como es maravillosa la capacidad de adaptación que tienen los agricultores locales para captar las oportunidades.
Hace 15 años la colza era una rareza y solo se animaban a sembrarla unos pocos valientes porque tenía unos cuantos problemas técnicos que resolver y era una especialidad. Hoy es el principal cultivo de invierno del país, superando al trigo, que siempre fue el que más acaparó hectáreas en invierno.
¿Cómo es que desembocamos en esta oleaginosa invernal? Hay dos grandes promotores. Uno es la visión de un empresario uruguayo que siempre fue pionero en buscar y desarrollar oportunidades comerciales como es el caso de Jorge Erro, para mí uno de los empresarios más brillantes que tiene el agro.
El otro promotor de la colza fue la empresa estatal Alur (Alcoholes del Uruguay). Luego vienen otros, al igual que pasó cuando llegó la soja y se abrieron posibilidades comerciales. La colza es la oportunidad que nos generaron los biocombustibles (primero en Uruguay y luego en el mundo). Pero la realidad es que Uruguay cambió y la preponderancia de un cultivo oleaginoso en invierno abre muchos potenciales.
Desde el punto de vista agronómico, la colza por su sistema radicular le da una mano importante al suelo, en especial porque ayuda mucho a los cultivos de verano posteriores. Hay una relación directa entre los rindes de los cultivos de verano según el cultivo antecesor. Otra ventaja es su fecha de cosecha (anterior al trigo y la cebada), lo cual permite optimizar el uso de la maquinaria e implantar antes los cultivos de verano.
Finalmente (y no menos importante), es un grano cuya referencia de precios es un mercado de futuros, lo cual le da transparencia al proceso de fijación de precios y dota al agricultor de los mecanismos necesarios para manejar los valores de forma conveniente. La llegada de la colza en estos volúmenes es muy saludable.
La mayoría de esa oleaginosa se exporta in natura, pero no está muy lejos el hecho de que el volumen de producción de colza encuentre un interés de procesarlo localmente y agregar valor a la cadena. ¿Por qué no soñar con la misma trayectoria que la celulosa si se le dan las condiciones?
Otro cultivo que retorna lentamente es el girasol. Tuvo sus momentos de gloria y luego las enfermedades y las plagas lo llevaron casi a desaparecer, pero vuelve todos los años con más área. Es saludable que se diversifique la oferta de cultivos en Uruguay porque tiene ventajas desde todos los sentidos posibles: comerciales, ambientales y agronómicas. La revolución del agro tiene un pie muy firme en la apuesta global a los biocombustibles y desde esa perspectiva tenemos como país mucho para aportar.
La agricultura invernal tiene mucho espacio donde desarrollarse en Uruguay. Zonas tradicionalmente de verano hoy ya tienen más presencia de cultivos de invierno. La mejora de la logística que implica un tren desde Paso de los Toros a Montevideo y la posibilidad de exportar en barcazas desde el este del país hacia Brasil abrirán más oportunidades. La agricultura va avanzando y conquistando espacios. A donde llega la agricultura llega el progreso al interior de nuestro país. Y si se dan las condiciones, el mercado solo nos ayuda a posicionarnos. Por supuesto que hay riesgos con la volatilidad de los precios y con los desafíos agronómicos que enfrentan los cultivos, pero estamos en un momento de crecimiento y oportunidades que cambiarán el perfil productivo del Uruguay. De momento el reinado de la soja no se discute, pero el maíz está también transformándose como una alternativa para cultivos de segunda, impensado hace unos pocos años.
Me gusta mucho más un Uruguay agrícola diverso porque colabora en mitigar los impactos de los eventos adversos y, por ende, nos hace más resilientes. Ojalá que los precios se sostengan lo suficiente para capitalizar el buen momento que nos regaló la salida de la pandemia.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.) y asesor privado.