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Cuando el Frente Amplio llegó al gobierno se planteó la ambiciosa idea de reformar todo el sistema de salud. Fue uno de los primeros proyectos en los que se embarcó la administración de Tabaré Vázquez en el 2005. Un buque insignia con el que se quiso marcar impronta de izquierda y se propuso universalizar el acceso al sistema sanitario sobre los pilares de equidad y justicia en ancas de un nuevo modelo económico para garantizar su financiamiento. La reforma se concretó en el 2008 bajo el título de Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS).
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Hoy, a más de 10 años de su implementación, los candidatos presidenciales no ahorran críticas al evaluar el proceso y coinciden en que tiene varios asuntos en el debe. Hablan, en general, de títulos y anuncios que no han bajado con firmeza al terreno práctico. Lo asume el propio oficialista Daniel Martínez, que si bien destacó logros —como que se haya triplicado el número de personas con acceso a cobertura de salud y la reducción a mínimos históricos de la mortalidad infantil y materna—, prometió “iniciativas” para “mejorar la eficacia y la eficiencia del sistema”.
Martínez rescató dos propuestas para el futuro en el área sanitaria. La primera es la “incorporación paulatina” de nuevas prestaciones en áreas “claves” como salud mental, adicciones y salud bucal. Una segunda propuesta que señala el candidato del Frente Amplio es el “compromiso de construir la ruta para la incorporación de todos los uruguayos al Seguro de Salud, priorizando a los jóvenes de entre 18 y 23 años”.
Para el candidato blanco Luis Lacalle Pou existe una “distancia” entre los principios fundadores y el funcionamiento real del SNIS. “Si bien el objetivo era crear un sistema nacional, sigue habiendo una gran concentración de profesionales en Montevideo y área metropolitana, mientras hay graves insuficiencias en el interior”, respondió en el cuestionario enviado por Búsqueda a todos los candidatos. El presidenciable por el Partido Nacional cuestionó que algunas políticas sanitarias hayan quedado en los papeles. “No se ha logrado darle jerarquía al trabajo del médico de familia, ni al del enfermero comunitario. Se habló de crear un sistema integrado, pero la integración de servicios apenas existe en el interior y ni siquiera se ha logrado hacerla funcionar en relación con el Hospital de Clínicas”. Si tiene que destacar una propuesta concreta para la salud en un eventual gobierno, señala el fortalecimiento del rol de rectoría del Ministerio de Salud Pública (MSP). “Nuestra meta es devolverle efectivamente al MSP el rol rector y de policía sanitaria”.
Hoy, a más de 10 años de su implementación, los candidatos presidenciales no ahorran críticas al evaluar el proceso y coinciden en que tiene varios asuntos en el debe. Hablan, en general, de títulos y anuncios que no han bajado con firmeza al terreno práctico.
El candidato colorado Ernesto Talvi hizo énfasis en ese mismo punto. Dijo que una de sus primeras medidas en caso de ser presidente sería “fortalecer el rol rector” de la Secretaría de Estado. “En particular, el control y la supervisión que permitan el efectivo cumplimiento de los programas de prevención establecidos”. Y que también exista un monitoreo de las metas y plazos asistenciales. Talvi fue otro de los candidatos que expresó reparos en su visión de la reforma sanitaria. “Si bien estableció cambios en los modelos de atención y gestión del sector, en la práctica atendió principalmente el financiamiento del sistema y la mayor captación de recursos. Quedaron en el debe mayores avances en otros aspectos sustanciales como la dirección-organización del sistema y la prestación de servicios”. El colorado plantea la creación de una Agencia de Evaluación de Tecnología independiente que haga estudios de costo-eficiencia para mejorar la relación entre los recursos invertidos y los resultados en salud.
Para Guido Manini Ríos, candidato de Cabildo Abierto, con el SNIS se “mejoró el acceso a la medicina especializada”, pero “sigue habiendo carencias elementales”. Dijo que “cambiaría la gestión” con una “mayor sensibilidad con las necesidades de los usuarios”. Y que “buscaría soluciones a la falta de especialistas, principalmente en el interior del país”.
El candidato independiente Pablo Mieres planteó “eliminar las múltiples coberturas con fondos públicos que hoy existen en el sistema” y propuso diseñar un mecanismo de revisión y adecuación continua de las cápitas con que se financian los prestadores privados. Mieres fue uno de los pocos presidenciables que puso la mira en la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Dijo que se debe realizar una “profunda reforma” en ese organismo, con una descentralización por regiones para que cada una tenga autonomía para mejorar la eficacia y la calidad del servicio. Todo esto bajo un “estricto” control de su gestión asistencial y económico-financiera. Otra propuesta de Mieres en el área sanitaria es instalar una agencia de evaluación de tecnologías “con fuerte autonomía profesional que mejore la calidad de los procesos de actualización de la canasta de prestaciones”.
Para Daniel Goldman, del Partido Digital, ASSE también es un organismo que tiene que “mejorar y mucho” para que no se repitan casos de irregularidades administrativas como las que se han detectado en distintos hospitales. “Con un trabajo participativo e integrativo, estoy seguro que no solo ASSE sino también todas las mutualistas, brindarán mejores servicios al tener mejores procesos”.
Malo y radical
Hace unos días el candidato por el Partido Ecologista Radical Intransigente, César Vega, y el líder del Partido Verde Animalista, Gustavo Salle, se sacaron chispas en un picante debate en la televisión. Pero a la hora de responder sobre la evaluación que hacen del sistema sanitario, los dos tuvieron una mirada similar. Y eligieron exactamente la misma palabra para definirlo: Malo. Esa fue la lacónica respuesta de ambos sobre el sistema de salud.
El candidato del Partido de los Trabajadores, Rafael Fernández, trancó fuerte contra la reforma sanitaria y sus resultados. “Se trató fundamentalmente de un impuesto para volcar más recursos al sistema de salud privado. Hubo mejoras presupuestales parciales en la salud pública, y también en infraestructura hospitalaria. Sin embargo, no existe en general salud preventiva y la demora para obtener una consulta con médico especialista sigue siendo muy prolongada”, opinó. Dijo que su partido plantea una salud pública y gratuita para los trabajadores. El candidato de Unidad Popular, Gonzalo Abella, fue por ese mismo camino. “Sustituiríamos el Sistema Integrado de Salud por un sistema universal público y gratuito”, resaltó. Y se puso aún más enérgico en su respuesta. “Ni un peso de subvención para la salud privada ni para el negocio médico”. “El ejercicio liberal de la profesión y el acceso a la salud privada son derechos para quien quiera ejercerlos, pero el Estado debe velar por una salud pública de calidad para todos”, concluyó.