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    Los inspectores de la IMM

    Sr. Director:

    “Cocoametría”: alcohol 0, chocolate 2.5.

    “Rápido y furioso intentó eludir piquete municipal borracho de chocolate”.

    No fue un viernes típico para mí.

    Había sustituido la picada tradicional nocturna con queso, longaniza, maníes, papitas y aceitunas, por una cocoa con dos tortas fritas que me habían quedado del lluvioso jueves de tarde, situación que las había convertido en una delicia (la torta frita, cuanto más vieja más rica).

    Sobre las 0.30 paré la película de Netflix, tomamos coraje con mi esposa y llevamos a mi hija y a su amiga a una fiesta en el Club de Pesca Armonía frente a las canteras del Parque Rodó.

    Viniendo desde el Centro, apenas di la curva por la rambla pude ver un amplio operativo de la Intendencia de Montevideo que detenían a todos los vehículos que por allí transitaban, solicitando documentación y efectuando la prueba de espirometría.

    Estos controles de rutina son muy bien vistos para conductores como quien firma, que salvo alguna “apuradita” en una luz amarilla, cumplimos cabalmente con todas las reglamentaciones del tránsito, incluyendo la no ingesta de alcohol si voy a conducir.

    Unos 100 metros antes del piquete entré hacia la zona de los clubes a dejar a las chicas en el Armonía, deteniéndome en la misma entrada del club para que ellas bajaran.

    Se trata de una zona muy oscura y esa noche absolutamente encharcada por la lluvia que arreció la capital todo el día, razón por la cual ingresé con mi vehículo hasta la entrada del propio club.

    Apenas paré, noté sobre el lado del acompañante se colocaba una gran camioneta blanca con luces en su techo (presumí era un móvil de Prefectura que quería bajar hacia el lado de las rocas y me pedía paso), aunque me llamó la atención que colocó su trompa casi tocando la puerta trasera de mi vehículo (estaba a unos 15 cm) haciendo sonar su sirena.

    Le pedí a mi hija se apurara a descender para liberar el camino —siempre pensando se trataba de un móvil de la PNN— algo que le costó mucho, ya que el espacio que le quedaba entre mi auto y el supuesto móvil de Prefectura era ínfimo. Tuvo que hacer varias maniobras con su cuerpo.

    Después de que ella bajó, puse marcha atrás para liberar el paso, situación que motivó hacer sonar nuevamente la sirena (más insistente), pero esta vez se bajó del vehículo un individuo todo vestido de negro (bastante grande el amigo) que golpeó el vidrio del lado del conductor de forma impertinente.

    Mi esposa bajó el vidrio y en un tono “poco amigable” más bien en forma autoritaria, este señor con muy mala cara y orgulloso de ser parte de un operativo exitoso, capturando un borracho que se escapaba, lanzó la frase: “Le va a hablar el inspector”.

    En ese momento miré hacia mi lado y vi una campera amarilla (estaba muy oscuro), ante lo cual abrí la ventanilla. Se trataba de un inspector de la intendencia y dos personas más, que me solicitó la documentación pertinente y luego me hizo la “cocoametría”.

    Es bueno aclarar que lo que menos me imaginé fue encontrarme con un inspector de Tránsito casi adentro del Club Armonía, una propiedad privada alejada unos 50 metros del control, por ello jamás reparé en su presencia.

    Alcohol “0”. Chocolate “2.5” fue el resultado.

    Finalmente, la camioneta, que resultó ser de la Intendencia de Montevideo, me liberó el paso, el inspector me devolvió mis documentos y pude dar mi marcha atrás para salir por el mismo camino que había entrado para retomar la rambla y pasar por el medio del piquete (como lo iba a hacer de cualquier forma), salvo que saliera a contramano por la rambla.

    El hecho que tomé con mucha buena onda (quizás endulzado por la cocoa) me hizo luego reflexionar en cuanto al comportamiento de los funcionarios municipales.

    Me pregunto: ¿Los funcionarios apostados en un piquete en la rambla tienen potestades de abandonar el mismo y trasladarse unos 50 metros, hasta una propiedad privada como el Club Armonía y cortarle el paso a un automovilista reteniéndolo?

    Todos los presentes (el patovica y el inspector) vieron que mi actitud era la de dejar a mi hija y su amiga en la fiesta, ya que fue notorio, y que no se trataba de un conductor borracho tratando de huir del control.

    Además —salvo que, como dije, me escapara a contramano por la rambla— iba a pasar de cualquier manera por el piquete.

    Repito, estoy totalmente de acuerdo con los controles tanto municipales como policiales, pero estas cosas autoritarias, avasallantes, prepotentes, e invadiendo la propiedad privada, sin garantías para las personas, suenan a otras tristes épocas vividas en Uruguay que pensé se habían terminado.

    Mayor fue mi asombro al ver que han vuelto de la mano del gobierno progresista municipal del señor Di Candia.

    Ya de vuelta en casa, me serví un Old Par con bastante hielo y seguí mirando la película.

    Ameritaba un alcohol…

    José Luis Ituño

    CI 1.703.732-5