Nº 2115 - 18 al 24 de Marzo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáIntuyo que no han de ser muchos los lectores de esta columna que hayan fijado en su memoria los lazos estrechos que hubo entre el tango, en su época de oro, y la canción popular mexicana.
Pues existieron, y reserva para quienes no lo tengan presente, y solo atendiendo aquello más destacado, algunas sorpresas que removerán recuerdos y emoción o, sencillamente, los despertarán ahora.
Y una confesión. Esto que hoy escribo fue motivado por ese “revolver papeles” al que tantas veces he hecho referencia; releyendo un viejo libro, Carlos Gardel y los autores de sus canciones, del historiador Orlando Del Greco, apareció un hecho por mí olvidado: Gardel tuvo en su repertorio, en ritmo de tango, aunque jamás lo grabó, ¿Dónde estás corazón?, cuya autoría registraron Miguel Martínez Serrano y Augusto Berto. Se trata de una canción mexicana creada por Martínez Serrano, a principios de 1924, que solo se convirtió en tango por los arreglos musicales del bandoneonista Berto unos pocos años más tarde.
—Yo la quería más que a mi vida / más que a mi madre la amaba yo / y su cariño era mi dicha / mi único goce era su amor / (…) Solo la muerte arrancar podía / aquel idilio de tierno amor / y una mañana de crudo invierno / entre mis brazos se me murió…
Martínez Serrano nació en Barcelona pero pasó su infancia en Buenos Aires con sus padres inmigrantes; formado como pianista, actor y locutor, recorrió América y se estableció definitivamente en México. Lo curioso es que fue allí donde, en sus inicios como compositor, creó varios tangos, música que gustaba en aquellas tierras: Pajarito cantor, Presentimiento, Hijo mío y Pobre madre, entre otros, aunque su mayor éxito fue ¿Dónde estás corazón?, canción con reminiscencias de bolero pero típicamente mexicana:
“Letra y música fueron mías y la estrenó el barítono Daniel Arroyo en la revista teatral México a la vida, que también escribí y musicalicé. Tiempo después el tanguero Berto, a quien yo conocía, llegó a mi tierra adoptiva con un trío que amenizaba los entreactos de la compañía de Camila Quiroga. Me pidió permiso para arreglar la canción como tango y popularizarlo en Europa, adonde pensaba viajar y donde ya cantaba Gardel. Acordamos los derechos de autor en mitades solo cuando se cantara como tango. Años más tarde viajé a Buenos Aires y me encontré con Gardel y Razzano. El Mago me confesó que lo había cantado en diversas presentaciones, pero no lo grabaría porque ya había en disco demasiadas versiones y él ‘no quería largar de atrás’. Me sentí frustrado, lo admito…”.
Absolutamente cierto: ya se habían difundido placas de la Orquesta Típica Víctor, Francisco Canaro con Charlo, Julio De Caro —curiosamente, según documentó Irene Amuchástegui, con el estribillo a cargo de Pedro y Juan Lauga en francés—, Ignacio Corsini, Ada Falcón, Alberto Gómez, Azucena Maizani y el tenor italiano Tito Schipa, agregándose con el paso del tiempo Alberto Castillo, Carlos Acuña, Héctor Pacheco, Hugo Marcel, Blanca Mooney, Oscar Ferrari y, en versión instrumental, Carlos García y su orquesta.
Sin embargo, ¿Dónde estás corazón? no fue el único ni el primer ejemplo de este vínculo entre el tango y las canciones mexicanas; Oscar del Priore ha dicho que a partir de 1920 Osvaldo Fresedo grabó y registró su versión de Cielito lindo, de Quirino Mendoza; Angel D’Agostino hizo la ranchera Ella y el bolero Échame a mí la culpa, en tiempo de tango; Ricardo Tanturi, con la voz de Elsa Rivas se sumó con El reloj, de Roberto Cantoral, lo que repitió Juan D’Arienzo con Jorge Valdez; y Canaro llevó al disco su arreglo en ritmo de ranchera del clásico mexicano La cucaracha.
Claro que también este entrelazamiento de músicas se dio a la inversa. ¿Un caso notorio? El famoso melodista mexicano Javier Solís grabó los tangos Sombras nada más y En esta tarde gris en ritmo de bolero.
Y está claro que uno no puede olvidar a la gran cantante Libertad Lamarque, que vivió varios años exiliada en México: allí amplió su repertorio —aunque no en todos los casos convirtiendo las obras en tangos— con, por caso, Los dos arbolitos, de Chucho Martínez Gil; varias creaciones de Agustín Lara de las que puedo recordar Cómo te extraño, El cofre, Arráncame la vida, Lo de siempre y Reproche; y los clásicos de Armando Manzanero Somos novios y Parece que fue ayer.
Por si fuese poco, ahí están, además, sus discos a dúo con Pedro Vargas.