N° 2067 - 16 al 22 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa idiosincrasia uruguaya tiene algunas cosas particulares. En el fútbol somos tres millones y medio de directores técnicos, cada cual con su libro de táctica y estrategia. Está pasando lo mismo con el coronavirus, tenemos de golpe tres millones y medio de epidemiólogos, especialistas en como combatir la pandemia del Covid-19. En tiempos de las redes escuchamos desde el anonimato a quienes denostan e insultan. Me llegó uno especialmente repulsivo de una aparente doctora que las carga contra las autoridades de turno y contra los agricultores sojeros y arroceros de Uruguay. Mas allá de que los lectores de esta columna son personas informadas, quiero dedicarles este espacio para rendirle tributo a los otros héroes del país y para derribar prejuicios.
En la agricultura, cuando el cultivo está listo se tiene que cosechar. Me guste o no, la biología funciona así y no puedo esperar tres semanas a que pase el virus para subirme a la cosechadora y cumplir con el aislamiento. No puedo dejar de ordeñar, ni puedo dejar de mandar el ganado que está listo para la faena al frigorífico. Tampoco puedo dejar de cosechar las hortalizas y las frutas porque si no lo hago pierdo el trabajo de seis meses de forma irrecuperable.
Los agricultores, los tamberos, los agrónomos, los veterinarios y muchos otros de este país siguen saliendo todos los días porque sabemos que parar implica pérdidas irreparables no solo para la salud de las empresas, sino para el bienestar general de nuestros conciudadanos. Los héroes de esta pandemia no son solo los sanitarios que nos cuidan si nos enfermamos, sino todos los que hacemos que las cosas funcionen. La alimentación de las ciudades no ocurre por generación espontánea. La leche de tu desayuno, el pan de tu mesa, la carne del almuerzo viene porque hay una cadena de gente que no tiene descanso.
Y todos esos tienen nombre, tienen familia y tienen miedos. Tanto miedo como cualquiera a contagiarse y a traer el virus a sus casas. Son nombres y personas que no tienen otra que ir y venir para que las cosas funcionen. Siendo cuidadosos, tomando todos los recaudos, la cosecha sigue. Y la siembra, porque lo que nos va a sacar del pozo es nuevamente el agro. Y eso requiere que los que trabajan en el sector hagan lo imposible por enfrentar la adversidad. Esos que salen tienen nombre y se la juegan todos los días. ¿Usted se piensa que el camionero que recorre el litoral acarreando grano no tiene miedo de contagiarse? Es tan humano y tan uruguayo como cualquiera de nosotros, y nadie lo aplaude. En la misma situación está el contratista que tiene que ir a sembrar un campo o el proveedor de insumos que tiene que llevar lo necesario para producir.
Confío en que las medidas que toma el gobierno están inspiradas en el bien común y se deben seguir porque nos va la vida en eso. Se sale solo si es imprescindible. Pero en el campo no siempre es posible estar aislado, se tiene que sí o sí tener interacción con otros. Se hace el esfuerzo de minimizar los riesgos, pero no son cero. El foco está puesto en las ciudades, pero se habla poco del medio rural.
Esos que salen todos los días a cumplir su trabajo en el campo no solo velan porque las cosas sigan funcionando, sino que cuidan como un tesoro la salud de sus empleados y sus empresas. Saben que son el motor que no para y del cual dependemos para salir. Tienen nombre: Carolina, Bernardo, Margarita, Marcos, Jorge, Herny, Enrique, Gastón y muchos más que no dudan un segundo. Y no es porque estén disfrutando de un panorama económico brillante y hagan mucho dinero. Vienen pasando regular desde hace tiempo y aún así la pelean año a año para que la rueda de la economía siga marchando. No la pasan mal desde hace un mes, la vienen pasando mal desde hace años.
Si por esas cosas quien grabó ese audio repugnante tiene ganas de entender un poco la realidad más allá de su propio ombligo, con gusto estoy dispuesto a exponerle mis argumentos. Y al resto de los uruguayos me es suficiente pedirles que la próxima vez que aplaudan para reconocer el esfuerzo y el heroísmo de nuestro personal sanitario se tomen también un momento para agradecer el esfuerzo de todos los que son héroes silenciosos y tienen al Uruguay en marcha. No es solo el agro, es también el transporte, los servicios y muchos otros que salen igual a cumplir con sus tareas prioritarias.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT