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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTengo 75 años, pero el pasado 25 de enero nací de nuevo. Creo importante relatar lo que me sucedió para que se tomen las medidas correspondientes y que no le suceda a nadie más.
A la hora 18.15 yo transitaba por la calle Buenos Aires en sentido este por la acera del Teatro Solís. Ese día había algún espectáculo o actividad por la que se había colocado un vallado que obligaba a los peatones, como yo, a circular por un pasaje muy estrecho entre el vallado y el cordón de la vereda. En ese espacio reducido, con un piso que tiene algunos desniveles, tropecé y caí al suelo.
En el trayecto hacia el piso, me encontré con un cilindro de hormigón de unos 80 centímetros de diámetro, que es parte de la estructura antigua del Teatro Solís y hoy parece ser un adorno. Mi brazo derecho pegó contra el cilindro y se dobló hacia atrás haciendo un crujido como cuando se rompe una rama seca. Sentí un dolor indescriptible y quedé tendido en la vereda.
Al instante me di cuenta de que algo había pasado. No tenía control sobre mi mano y veía que se estiraba mi brazo hacia el piso, como si nada lo sujetara a su lugar. Si digo que nací de nuevo es porque perfectamente el golpe podía haber sido en la cabeza y, en ese caso, no estaría contando esta historia.
De inmediato fui asistido por personal del Teatro Solís, al que estoy muy agradecido. Llamaron a la emergencia médica, me atendieron en el lugar, luego me trasladaron a La Española, de donde soy socio, y me dejaron internado. Realmente la pasé muy mal, cada movimiento, por mínimo que fuera, era un suplicio.
Luego de hacer radiografías me diagnosticaron una fractura grave de húmero en cuatro partes. Me dijeron que debían operarme y que mi nervio radial corría riesgo de estar cortado. Si ese era el caso, podía perder de forma permanente movilidad en mi mano derecha, con todo lo que significa para una persona diestra como yo.
El dolor fue insoportable los siguientes días. Los pedazos de hueso rozaban unos contra otros y no lograba calmarme ni la morfina. El sábado 28 de enero me operaron. La operación salió bien y aprovecho a agradecer toda la atención recibida. Los médicos encontraron que mi nervio no estaba cortado, pero sí muy lastimado. Esto es lo que hace que la mano derecha no tenga movilidad, me queda colgando, como muerta. Es por eso por lo que fui dado de alta con un yeso de por medio, que busca mantener mi mano extendida hasta que el nervio se recupere, algo que puede demorar meses.
Esto cambió del todo mi vida desde ese día. Necesito asistencia para vestirme, bañarme, alimentarme. No tengo independencia, no puedo manejar ni realizar las actividades que normalmente realizaba. Espero que mi nervio evolucione de forma favorable y que pueda recuperar la movilidad y la independencia que tenía hasta ese fatídico día de enero.
Este tiempo en casa me ha hecho reflexionar y creo que, en tiempos en que se pone mucho énfasis en la accesibilidad, es muy importante tener presente que en la calle existen muchos peligros para transeúntes: baldosas rotas, pozos y desniveles. Esto no debería suceder ni tampoco potenciarse con un vallado que restringe el espacio y obliga a transitar por corredores estrechos con elementos peligrosos, como lo fueron en mi caso los cilindros de hormigón.
Espero que mi reflexión pública sea tomada en cuenta por las autoridades correspondientes, de forma de evitar accidentes innecesarios que de un momento a otro pueden significar un grave trastorno para una persona y su familia o transformarse en una fatalidad.
Cr. Oscar Rodríguez Bogorja
CI 1.092.310-1