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    Los platos se van a romper

    N° 1844 - 03 al 09 de Diciembre de 2015

    Los números fiscales publicados esta semana por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) muestran que la “realidad real” se aleja cada vez más de la “realidad virtual” en la que continúan viviendo el equipo económico y el gobierno en general.

    En octubre, los ingresos del sector público no financiero (SPNF) mostraron una caída en términos reales de 4,2% con relación al mismo mes del año pasado, a pesar de que las empresas públicas continúan haciendo una contribución positiva, ya que su superávit corriente mostró una mejora de casi 40% en valores constantes entre ambos períodos. El problema está en que la recaudación de la DGI, del BPS y de Comercio Exterior mostró bajas de 1,9%, 9,6% y 9,4% en valores constantes entre octubre de este año y del 2014, signo inequívoco del freno/caída en el nivel de actividad, de gasto y de empleo.

    Analizando los datos de la DGI, se observa que entre octubre de este año y del pasado la recaudación de IVA mostró una baja de 4,5%, la de Imesi un retroceso de 17% y la de IRIC/IRAE una contracción de 6,1%, en todos los casos en valores constantes.

    La caída de los ingresos de la DGI y del BPS hace que, pese al desplome de la inversión pública (que se redujo en valores constantes 61,4%, 12,3% y 40,6% en términos interanuales en octubre, setiembre y agosto), no mejore el resultado de déficit global del sector público consolidado, que durante los 12 meses terminados en octubre se ubicó en 3,6% del PBI, frente a 3,4% del año móvil cerrado en setiembre (niveles similares a los de 2014).

    O sea, a pesar de que se está pulverizando la inversión pública y de que el gobierno se metió en el bolsillo la baja del precio internacional del crudo al no trasladarlo a una reducción de los precios de los combustibles, Uruguay sigue con el mismo déficit fiscal de 2014 y con una caída de los ingresos atados al nivel de actividad, de gasto y de empleo que parece acelerarse mes a mes, generando una dinámica perversa para las cuentas fiscales y para la deuda pública.

    Con este panorama se está cerrando en el Parlamento la discusión y aprobación de la ley de Presupuesto, que en las circunstancias actuales y previsibles para el año que viene, al menos, resulta un ejercicio inútil, porque simplemente no se podrá aplicar. El gobierno parece no querer asumir todavía que no solo no está generando los recursos proyectados para 2015 (la evolución de la recaudación de la DGI y del BPS es harto elocuente en este sentido), sino que difícilmente los tendrá el año que viene.

    La economía está lejos de crecer al ritmo proyectado por el gobierno. De hecho, será bien interesante ver qué dan los números oficiales de PBI que se conocerán a mediados de este mes, dado el comportamiento reciente del empleo, de la recaudación impositiva, de indicadores parciales de actividad en sectores como el agro, la construcción, el comercio y la industria, tal cual informó Búsqueda la semana pasada. Y, lamentablemente, las perspectivas para los próximos trimestres no son halagüeñas.

    Al impacto que estamos comenzando a “digerir” de la crisis de Brasil (esta semana se supo que la economía de ese país se contrajo 1,7% entre el tercer y el segundo trimestre de este año en términos desestacionalizados, y 4,5% entre julio-setiembre de este año y del pasado; por encima de las caídas de 1,2% y de 4,2% que esperaba el mercado), se sumará pronto el ajuste que va a procesar de una u otra manera Argentina. Los precios de las materias primas están lejos de estabilizarse (en los últimos días, y dependiendo del índice que se utilice, se alcanzaron nuevos mínimos desde 1999 o desde el primer semestre de 2009, más allá de que la baja de los commodities agrícolas por ahora ha sido menor que la que se dio en metales y energía) y habrá que ver cómo se adaptan los mercados financieros internacionales (básicamente en lo que tiene que ver con los flujos de fondos hacia los mercados emergentes y al comportamiento del dólar en los mercados cambiarios internacionales) al comienzo del proceso de suba de tasas de interés en Estados Unidos, por más gradual que pueda resultar.

    A pesar de la creciente evidencia en contrario, el gobierno y el equipo económico se aferran a la creencia de que la economía continúa creciendo. Están convencidos de que el nivel de tipo de cambio está alineado con sus “fundamentos” y de que se pueden mantener girando todos los “platillos chinos” al mismo tiempo, según la imagen que utilizó el presidente del Banco Central, Mario Bergara.

    Si la realidad no se comporta de acuerdo con lo que se proyecta, al diablo con la realidad. Ese parece ser el “mantra” oficial. Históricamente, toda vez que los gobiernos y los equipos económicos de turno se comportaron de esta manera, la consecuencia inevitable fue una crisis. Si se mantiene el actual esquema de política económica, lejos de conseguir que todos los “platillos chinos” sigan girando al mismo tiempo, lo único que se va a conseguir es que se rompan todos juntos.

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