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    Los salarios sumergidos

    N° 1719 - 27 de Junio al 03 de Julio de 2013

    La semana pasada, el Instituto Cuesta Duarte (ICD) de la central sindical PIT-CNT difundió un informe en el que señala que aproximadamente la mitad de los trabajadores están ganando sueldos inferiores a $ 14.000 líquidos por mes y, por lo tanto, sus remuneraciones se encontraban “sumergidas”. La realidad es bien distinta en el sector público y en el privado, ya que mientras que en el primero el porcentaje de sueldos “sumergidos” alcanza al 19,5%, en el sector privado algo más de la mitad de los trabajadores gana menos de $ 14.000 líquidos.

    Más allá de que el propio ICD señaló que la cifra de $ 14.000 para definir si los salarios están “sumergidos” o no es una cifra “más que nada política” y es la que distintos sindicatos comparten como una “reivindicación” (así como que el salario mínimo nacional suba a $ 10.000 en lugar de los $ 7.920 actuales), quizá lo más interesante es tratar de encontrar explicaciones más o menos lógicas de por qué el mercado laboral uruguayo presenta esta situación.

    La situación es mucho más paradójica cuando consideramos la bonanza económica que el país ha tenido en los últimos años, que ha llevado a que virtualmente se haya alcanzado un nivel de pleno empleo, más allá del incremento que la desocupación ha tenido en los primeros meses de 2013. Esto es, a diferencia de lo que pasa en el mundo desarrollado, donde los altísimos niveles de desocupación ponen una significativa presión a la baja sobre los salarios nominales, en Uruguay (al menos hasta fines del año pasado) la demanda laboral se mantuvo muy sólida. Si algo se observó fue escasez de mano de obra, especialmente calificada.

    Tampoco parece lógico achacar el hecho de que alrededor de la mitad de los salarios estén “sumergidos” a la existencia de sindicatos débiles y a un gobierno “proempresarios”, puesto que si algo hubo desde el año 2005 a la fecha fue exactamente todo lo contrario.

    La única explicación razonable para que aproximadamente la mitad de los trabajadores privados gane menos de $ 14.000 líquidos por mes, en el contexto de bonanza económica y pleno empleo que hemos tenido hasta ahora, es que en promedio la calificación de esos trabajadores hace que no sean capaces de “producir” bienes o servicios por un valor como mínimo equivalente a esos $ 14.000 por mes, más los costos directos e indirectos asociados a la contratación de esos trabajadores (contribuciones a la seguridad social, al seguro de salud, costos de eventuales despidos, etc.). Si ese no fuera el caso, hay que asumir que, en promedio, todos los empresarios del país son unos tontos y están dejando pasar la oportunidad de ganar muchísimo dinero expandiendo su producción y quedándose con la diferencia —“plusvalía” en la jerga marxista— entre el valor producido por los trabajadores y el costo total de pagar un salario líquido promedio de $ 14.000 por mes.

    En un mercado laboral operando en pleno empleo, si un trabajador es lo suficientemente “productivo”, no debería tener ningún inconveniente en cambiar hacia un empleo de mayor remuneración, ganando tanto él como el empresario que eventualmente lo contratara. La circunstancia de que básicamente la mitad de los trabajadores privados uruguayos esté ganando salarios “sumergidos” (al menos según la definición del ICD y del PIT-CNT) sólo puede justificarse porque el valor de su productividad no alcanza el nivel “aspirado” por el movimiento sindical.

    Si efectivamente la explicación al porqué la mitad de los trabajadores uruguayos gana menos de $ 14.000 líquidos por mes es que su nivel de calificación no les permite generar “valor” por más de esa cifra (más los costos directos e indirectos de contratarlos), cualquier intento de elevar dichos salarios al nivel “aspirado” lo único que generaría sería un brutal aumento del desempleo y una significativa contracción del nivel de actividad global, especialmente ahora en un contexto en que ya los vientos externos están comenzando a soplar de manera menos favorable a nivel externo y son directamente negativos a nivel de la región.

    La única manera lógica de acercar la realidad salarial al nivel deseado por el movimiento sindical es generar las condiciones para un aumento significativo del nivel de capacitación de la mano de obra, lo cual no podrá hacerse de la noche a la mañana y llevará bastante tiempo. Especialmente teniendo en cuenta el descalabro que se ha observado en los últimos años en la educación (a pesar de los recursos que tanto el anterior como el actual gobierno volcaron en este sector), así como en los hábitos de trabajo (aspecto reconocido incluso por el dirigente Richard Read en el último acto del 1º de Mayo).

    Dada esta realidad, y a pocas semanas de que comience una nueva ronda de negociación colectiva en el sector privado y en medio del pico de reclamos de cara a la próxima ley de Rendición de Cuentas, sería deseable que el movimiento sindical actuara con responsabilidad para no complicar todavía más una situación económica que ya de por sí será crecientemente complicada ante el cambio negativo que se observa en el contexto externo.

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