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    Los sindicatos van a la carga

    Sr. Director:

    El actual presidente de la República, además de tener que lidiar dentro de la propia coalición para mantener los votos necesarios para aprobar el Presupuesto, tiene frente a sí a la oposición conformada principalmente por el Frente Amplio y el PIT-CNT (vulgarmente llamado Fapit). El mosquetero de la izquierda es Fernando Pereira, que ya ni saca la espada, la trae siempre en su mano y reparte a diestra y siniestra. Ni siquiera tuvo inconveniente en discrepar con Mujica luego de que este último asumiera culpas en la crisis hídrica y dijera que todos nos dormimos. Todos menos Pereira, que la vio venir desde octubre 2022 y entonces expresa su muletilla “tardío e insuficiente” al referirse a las acciones del gobierno y la OSE. También dice que la empresa estatal durante la gobernanza de la izquierda invirtió más de mil trescientos millones de dólares. Lástima no saber dónde están y, en todo caso, por qué no le agregaron algo más para construir Casupá.

    Pero el presidente del FA no está solo y han salido a su falange combativa viejos compañeros sindicalistas. Y decimos “sindicalistas” porque en realidad solo se representan así mismos o a un minúsculo grupo de trabajadores que llevan mayor intencionalidad política que laboral. A la carga van los principales dirigentes de los sindicatos de OSE, UTE y Ancap. Hace pocos días vimos cómo actúa el sindicato de OSE y principalmente Federico Kreimerman, su presidente, arrojando bombas de humo en la sede central. Confesado por él mismo, la intención era llegar hasta el directorio y evitar la apertura de sobres para la licitación del proyecto Arazati. Todos nos preguntamos cuál es el derecho que asiste a este minoritario grupo de 15, 20 o 30 personas para evitar una decisión tomada por las autoridades de OSE en forma legítima y ajustada a derecho. ¿Cuál es su verdadera representatividad? ¿Es mayor que la de las autoridades del ente estatal? La mayoría de los empleados que tiene OSE ¿piensan igual que estos señores? Es interesante observar que el gremio no solicita en su plataforma, “exige” a las autoridades el aumento de personal o, de lo contrario, dejarán de hacer horas extras y trabajar guardias y sábado y domingo. Los primeros perjudicados por estas medidas son los propios funcionarios de OSE. Realizan horas extras con el fin de incrementar sus salarios y trabajan los fines de semana porque así lo disponen sus turnos. Por lo tanto creer que es el Estado quien se perjudica con estas medidas es un error. Tan poco apoyo interno tuvieron los dirigentes del gremio que necesitaron presencia de personas ajenas a la OSE para hacer número en las afueras de la sede central.

    La Federación de funcionarios de Ancap también toma medidas. Mejor dicho, el sindicalista Gerardo Rodríguez sigue en la cruzada contra el cierre o venta de la planta de portland. Años dando pérdidas por millones de dólares y, sin embargo, pretende mantener todo como está. Y si se asocia con un privado, ya habla de desmantelamiento de la empresa. Nadie tiene dudas sobre la necesidad de modificar el negocio del portland. Los privados ganan, Ancap pierde. Se compró un horno por US$ 80 millones y nunca se instaló, por lo tanto no se usó y está en situación de abandono. Pero la lucha debe continuar y pese a que se aseguran los puestos de trabajo, el señor Rodríguez y seis más deciden paros y más paros. ¿Cuál fue la actitud de la Federacion de Ancap cuando todos debimos “colaborar” con casi mil millones de dólares por los pésimos negocios de Ancap en el pasado? Cuando los combustibles subían todos los años, pese a la baja del petróleo, ¿dónde estaban estos sindicalistas supuestos defensores de los obreros?

    Y en tercer lugar, sale el sindicato de UTE con reclamos que se supone tienen ocho años de antigüedad. Acusan al gobierno de entregar millones de dólares en contratos a privados por venta de energía. Ante la falta de memoria de estos señores, es bueno recordar que los gobiernos de izquierda se opusieron a todo cambio en la matriz energética. Votaron todo en contra hasta que en 2005 les tocó gobernar y utilizaron todas las leyes para el cambio de esa matriz y esto los llevó a firmar esos contratos millonarios donde se paga más cara la energía local que la importada.

    Podríamos agregar el patoterismo del Sunca en Maldonado (así lo tildó el ministro Mieres) y conformaríamos cuatro movimientos simultáneos con un mismo fin: desestabilizar, hacer ruido, hacerse ver con la complicidad de ciertos medios que informan y muestran la mitad de la historia. Si cualquiera de las actitudes y comentarios que han realizado los sindicalistas las hiciera un miembro del gobierno o un empresario, el terremoto y la sequía serían un poroto comparado con las acciones que se tomarían en la central sindical. Después hablan de defender las instituciones, la democracia, las libertades y todo lo que nos hemos ido ganando en los últimos 50 años.

    Existe un único movimiento de masas capaz de poner las cosas en su lugar: el pueblo. Cada vez que lo han llamado a dirimir su futuro ha votado por lo que consideraba mejor, acertado o errado. Pero no todos han respetado esa decisión y han pagado las consecuencias. El descrédito que hay en los sindicatos es fruto de sus acciones corporativas, desmedidas y a veces autoritarias. Trabajan para sí y no para los obreros, y la historia muestra cuántos sindicalistas han utilizado la plataforma gremial para saltar a la política. Y también será la historia la que nos muestre dónde quedarán estos supuestos paladines de la justicia.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda

    Primera generación, 2017