Nº 2124 - 27 de Mayo al 2 de Junio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos muñecos más asquerosos de la Tierra han vuelto. Con el paulatino reinicio de las actividades, algunas ciudades europeas contrataron los servicios de estos títeres subidos de tono. La enorme curiosidad provocada por los agresivos monigotes y cuán lejos llegan en sus insultos (uno con cabeza de Hitler, otro de Jack Nicholson con sonrisa exagerada, otro de Lenin y, lo que causó alto impacto, un cuarto con el rostro de Gandhi lleno de granos de pus), disparó el precio de las entradas por las nubes. Nunca se sabe dónde estarán: aparecen de golpe en una ciudad, al toque montan su teatrito de horrores y lo desmontan en menos de lo que canta un gallo. Se desconoce qué compañía hay detrás, si es un emprendimiento millonario y sensacionalista o puramente artesanal y diabólico. Lo que sí estamos en condiciones de afirmar es que dieron tres funciones privadas. Benjamín Netanyahu pidió verlos para comprobar cuál era su postura sobre los recientes conflictos con los palestinos. No hubo ninguna referencia al respecto y el primer ministro se desinteresó y emprendió la retirada. Cuando ya se alejaba a paso decidido del escenario, uno de los títeres, que las fuentes aseguran que no era Hitler, le gritó: “¡Volvé, judío!”. Netanyahu enfureció y sus asesores trataron de calmarlo, explicándole que al fin y al cabo había ido a ver a los títeres sabiendo que eran unos insultadores seriales y que de última tampoco lo habían insultado técnicamente. La función se suspendió. También picado por la curiosidad pidió que le montaran una privada en un edificio sirio en ruinas el califa Abu Bakr al-Baghdadi, que con su presencia desmentía haber sido ejecutado por los rusos. Entre los restos de vigas y escombros, el capo de Isis se sentó a presenciar el espectáculo. Apenas transcurridos los 10 minutos, el jerarca yihadista se puso de pie abruptamente, se quitó el turbante de la cabeza, lo desenrolló, hizo un nudo corredizo con tremenda velocidad, se lo puso al cuello e intentó colgarse de una viga, pero los guardaespaldas lo tomaron por las piernas y lo bajaron. Aparentemente, uno de los muñecos le dijo que le había copiado todo al personaje de Laurence Olivier en Khartoum. Semejante proeza (al-Baghdadi no es fácil de impresionar) encendió la curiosidad de Putin, que hizo sus contactos. En un caserón de San Petersburgo le montaron la función. Hubo risas y aplausos del mandatario ruso, demostrando su sentido del humor, y todo fue a pedir de boca hasta el final. Para sorpresa de Putin apareció un títere nuevo con la cabeza de Cristina K. (los títeres siempre despistan con sus disfraces) y ese fue el detonante de su desagrado. No se sabe a ciencia cierta qué le dijo, pero una importante fuente de la KGB precisó que se había tratado de “algo sexual”.