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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Qué tiene Uruguay? Tengo 22 años y me siento una privilegiada. Cursé un semestre de estudios en Uppsala University, una micro aldea global donde pasa de todo, conocés personas de todas partes y más que nada pensás (algo que lamentablemente falta a muchos, pero no es por falta de talento ni oportunidades, sino que de espíritu crítico).
Estudio periodismo y eso hace a la gente pensar que tengo una opinión de todo y la tengo, aunque estoy dispuesta a dialogar y a cambiarla si amerita, porque de eso se trata viajar y salir de la zona de comodidad, no en volver una nueva persona ni entrar en un viaje metafísico (o de otro tipo).
Todos me preguntan qué opino de Uruguay. Y opino, simplemente, que nos falta humildad.
Humildad entendida como dice Santa Teresa (y en Uruguay citarla es un pecado, porque no somos católicos, pero hay que reconocerle que ser feminista en plena inquisición no es changa) “andar en verdad” y nos sobra soberbia, nos creemos el ombligo del mundo, sólo porque hoy nos toca estar en las noticias y tuvimos un pasado glorioso (en pasado).
Tenemos al Pepe, que es pobre y cool, y por eso llama la atención de los medios, y hace discursos alucinantes con los que concuerdo al pie de la letra (pero en ocasiones lo encuentro incoherente y eso también hay que decirlo), pero nos sobra pobrismo y negacionismo. Creemos, y esto está en nuestro ADN, que alguien es mejor o peor por de dónde viene, su apellido y las oportunidades que le fueron dadas. Y no valoramos esas oportunidades como algo que nos dé la chance de traer ideas, de construir un país mejor.
Pensamos que no hay racismo; sólo discriminamos a los negros por pobres. Y nos olvidamos de que a los indios los matamos y nos sacamos el problema de encima (aunque si estudiamos un poco de genealogía, muchos, dentro de los cuales me incluyo, tenemos antepasados indígenas).
Tenemos el matrimonio igualitario, pero decir “gay” en público nos tilda de intolerantes (y mis amigos gays saben en carne propia que el tema de la discriminación va mucho más allá).
Sobran las críticas (sobre la inflación, el turismo, la educación) pero faltan las actitudes constructivas. Si podemos embarrar al de al lado (y lo digo en sentido generalizado, que nadie se ofenda) para ascender o quedar bien con “el jefe”, lo hacemos. Pero falta existencialismo, darnos cuenta de que “el futuro llegó hace rato” (citando a Solari, porque la sabiduría se encuentra en todos lados y eso es algo que toca aprender, en la escuela, el barrio) y que el único que puede determinar nuestro futuro somos nosotros.
Nos sobran Susanitas que se quejan y esperan que porque pagan, otro venga a arreglarle los problemas, pero nos faltan Mafaldas, Pippi Longstockings que miren los problemas a la cara y se dispongan a solucionarlos. (Sobre hombres no voy a hablar, despreciarlos en público y privado es lo mismo que criticar al machismo y vivirlo a la inversa).
Miramos el lado negativo de las cosas y no nos animamos a ver las oportunidades, a ser realísticamente optimistas. A sacarnos falsos dioses (el poder, el dinero, la visión del pasado que nos conviene) y honrar la alegría y la voluntad, que es lo que sacó y saca a flote a los pueblos y a las personas.
Mucha gente desde afuera me preguntó si se podía hacer periodismo en Uruguay. Yo creo que sí se puede y se puede hacer en todas partes, sólo que la gente no se anima a decir las cosas que duelen, que molestan, pero también que se hacen bien.
A ser correctamente políticamente incorrectos (valga la redundancia).
A hacer las cosas con pasión y no con pereza o simplemente por un sentido del deber que alguien más nos impuso o porque hay que llegar a fin de mes (esa es la realidad de muchos uruguayos, y no hay que negarla, hay muchísima gente a la que no le alcanza).
Nos falta ver al otro como un vecino, como un igual, y no solamente como la competencia, como un enemigo.
Para este año 2014 lo único que quiero es un Uruguay más libre, más consciente, que no se deje llevar por la visión “del nuevo uruguayo” que le vendieron en la tele o crea que porque revivamos el maracanazo (ojalá), somos un país mejor.
Me fui del país, quiero volver un mes, seguir aprendiendo y volcar todo a construir un país mejor. Un país como el que le dio oportunidades a mis abuelos sin preguntarles de dónde vinieron y en qué creían. Con más cancha, más barrio y menos prejuicios.
En el que la gente predique con el ejemplo y no con ideologías del paleolítico.
Si alguien precisa ayuda que llame, o mande mail, o se comunique.
Mientras tanto, sigan quejándose que es gratis, pero no esperen que el inoperante de turno les solucione los problemas mientras lo insultan. Eso no es humano.
Michelle Carrere Seizer
CI 4.676.785-4