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El portal argentino de streaming Qubit (qubit.tv), disponible en Uruguay, permite acercarse al cine clásico con una variada selección de directores y actores prestigiosos y con ejemplos célebres de un género determinado. Para los que peinan canas, ese acercamiento casi nunca es el primero, sino que es una revisión de algo ya visto hace mucho. La experiencia abre una puerta a lo que puede ser una feliz confirmación de las bondades constatadas cuando se la vio por primera vez, o también puede ser el triste descubrimiento de lo superada que está en varios aspectos, vencida por el paso del tiempo. Felizmente, la lozanía es el caso de Rififi (Du rififi chez les hommes, Francia 1955), un clásico ejemplo de cine negro dirigido por Jules Dassin, de la que Francois Truffaut dijo: “De una mediocre obra literaria se hizo la mejor película de cine negro que he visto”.
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La palabra rififi es una expresión francesa perteneciente al argot de los mafiosos parisinos que significa conflictos, peleas. Du Rififi chez les hommes se puede traducir entonces como “peleas y problemas entre los hombres”. La acción tiene lugar en París en 1954 y narra la historia de un expresidiario, Tony le Stephanois (Jean Servais), que al salir en libertad luego de cinco años se encuentra abandonado por su amante Mado (Marie Sabouret), sin recursos económicos y con dificultades para conseguir empleo. Es tentado entonces para integrar un grupo de amigos “expertos” y robar una importante joyería. Viejos perdedores unen sus habilidades para un golpe que los afectará sin compasión a todos ellos y a los que los rodean.
La película se divide en dos partes separadas por la famosa secuencia del robo a la joyería, cuya duración de 32 minutos transcurre sin diálogos ni música, en el más absoluto silencio. Los ladrones se comunican por miradas y gestos mientras despliegan herramientas y accesorios de todo tipo, incluido un paraguas, para hacer su trabajo sin ruido ni trepidaciones que puedan disparar las alarmas. Un ir y venir constante de primeros planos confía en gran parte la expresividad de esa secuencia a la interpretación de los actores. En el cuarteto de atracadores se destacan un magnífico Jean Servais (Tony) y el propio director Jules Dassin como César el milanés, experto en cajas fuertes. No es de extrañar el rendimiento de Servais, que era un hombre de extensa trayectoria teatral, seleccionado por Dassin contra viento y marea porque era un hombre de carácter difícil y afecto al alcohol. En cambio Dassin, con más experiencia como director y libretista, asumió ese compromiso actoral porque al momento del rodaje el actor que debía encarnar a César no había firmado su contrato ni se había presentado en el estudio. El resultado es una espléndida composición de un extrovertido italiano enredado con Viviane, la infaltable femme fatale a cargo de una jovencísima Magali Noël. La película cuenta además con el prestigioso Philippe Agostini, uno de los mejores directores de fotografía franceses de la época, que un año después de Rififi, en 1956, sería también el responsable de la maravillosa fotografía submarina en colores de El mundosilencioso, de Jacques Cousteau y Louis Malle.
El director Jules Dassin, de origen judío—ruso, nació en Estados Unidos, donde rodó sus primeras películas. Acusado de comunista, debió huir a Europa durante la caza de brujas que emprendió el senador McCarthy. Su filme más famoso es sin duda Rififi, que los especialistas sitúan en el podio del género junto a La jungla de asfalto (Asphalt Jungle, 1950) de John Huston y Casta de malditos (The Killing, 1956) de Stanley Kubrick, como las tres películas más logradas del género negro y más específicamente del subgénero de atracos perfectos. Marcado como estaba por la persecución política sufrida en los Estados Unidos, Dassin se dio el lujo de incluir en Rififi una escena que condena la delación, donde uno de los protagonistas ajusta cuentas con un amigo soplón, en clara referencia al daño terrible que causaron las delaciones que arrancó el Comité de Actividades Antiamericanas que lo obligó a exiliarse en Europa. También hay que decir que pocos años después de esta joya, Dassin intentó reincidir en el éxito con Topkapi (EE.UU. 1962), donde también una banda más improvisada planea el robo de unas fabulosas esmeraldas en el palacio Topkapi de Estambul. El resultado fue de bajísima calidad cinematográfica y solo queda en el recuerdo una excelente actuación de Peter Ustinov que le valió el Oscar al Mejor actor de reparto.
Pocas veces los códigos del género negro se han plasmado en forma tan poderosa como en Rififi: la lealtad y la deslealtad, la mujer fatal, el plan ingenioso, el azar que todo lo trastoca, las atmósferas cargadas, el fatalismo. La película se estrenó en Montevideo en el cine Plaza en marzo de 1956. Se había exhibido el mismo mes y año en Punta del Este en una Semana del cine francés muy promocionada, a la que asistió una comitiva de artistas franceses encabezada por el propio Servais y Maurice Ronet.