N° 1795 - 18 al 24 de Diciembre de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Teletón es una organización privada cuya misión es “la habilitación y rehabilitación de niños y adolescentes con alteraciones neuro-músculo-esqueléticas entre 0 y 18 años de edad”, que se financia básicamente con donaciones de empresas y particulares. Ellos hacen de sus aportes un verdadero acto de “solidaridad”, que significa: “Apoyo circunstancial a la causa o empresa de otros”. ¡Y vaya que estos chicos y sus familias tienen una causa que vale la pena ser apoyada y desean fervientemente que sea lo más circunstancial posible!
En la reciente campaña de recolección de fondos, la Teletón logró batir sus propios récords: recaudaron $ 118.951.456 (casi cinco millones de dólares). Esta suma es insignificante si la comparamos con los millones de dólares que el Estado despilfarra a diario en Pluna, en Ancap o en la educación; pero ese mismo dinero, puesto en manos de profesionales, con vocación de servicio y control estricto de su uso, puede hacer milagros.
Por eso, la Teletón demuestra que la solidaridad privada y voluntaria es mucho más efectiva que la pública y forzada, esa otra “solidaridad mentirosa” que nos cobran a través de los impuestos y justifican moralmente bajo el paraguas de las “buenas intenciones” de los gobernantes.
Del otro lado de la Teletón tenemos al Mides, una organización que les quita dinero a quienes sí tienen “causas” justas y trabajan por ellas, para dárselo a quienes no las poseen. Esto no es solidaridad; es caridad. Y la caridad es una “limosna que se da a los necesitados”, la cual rebaja al que la recibe sin elevar a quien la da.
No es cierto que la gente no quiera pagar impuestos porque es “egoísta”. La gente no quiere ser esquilmada, no quiere ver que sus dineros son mal utilizados sin recibir algo acorde a cambio. Pero cuando ven que su dinero es bien aprovechado en causas justas, los ciudadanos hacen sus aportes en forma espontánea. Menos impuestos forzosos llevan a más aportes voluntarios.
Una mente racional sabe que no hay cena gratis, que debe intercambiar valor por valor para poder relacionarse sanamente con los demás. Y las personas racionales entienden que es mejor ayudar a otros a salir de una situación desgraciada o de la pobreza que vivir rodeados por ella.
Quienes aportan su dinero a estas justas causas lo hacen por una razón, por un propósito, más que por una emoción, generalmente basada en la lástima, la compasión o el miedo.
El objetivo de la Teletón es lograr que esos jóvenes en desgracia se recuperen y puedan valerse por sí mismos cuanto antes. El objetivo de los Estados clientelistas es tener a sus ciudadanos (y votantes) dependientes de esas limosnas de por vida.
Por eso decía sabiamente Ronald Reagan: “Debemos medir el éxito de los programas sociales por la cantidad de personas que dejan de recibirlos, no por la cantidad de personas que son agregadas”.
Uruguay será un país de primera el día que desaparezca el Mides y haya más Teletones.