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    Más sí-sí y menos ni-ni

    N° 1844 - 03 al 09 de Diciembre de 2015

    La Madre Natura tiene un proceso de selección natural para la conservación de las especies que no consiste en ser el más fuerte, sino el que mejor se adapta al ambiente. Pero sea cual sea la teoría, lo que Natura no premia es la inacción: para sobrevivir hay que hacer algo, sea una mosca, un pájaro o un hombre. Y al que no hace nada por sí ni por otros, Madre Natura le da su premio: lo deja morir.

    Pero el hombre se ha empeñado en desafiar las leyes de la naturaleza al punto tal de revertir algunos de sus principios básicos y termina premiando a los que no hacen nada, entre ellos, a los ni-ni, los que no estudian ni trabajan. Esta cohorte son nada menos que unos 131.000 individuos, casi el 17,8% del total de jóvenes (según estudio presentado por el INJU), a quienes se considera “víctimas de la sociedad” y se les da apoyo, trabajo o subsidios.

    En cambio, a los sí-sí (los que sí estudian y los que sí trabajan) no solo no se les da nada, sino que se les saca. Como “tienen más, pagan más” impuestos. Como tienen más recursos, no reciben “planes sociales”. Y como son autosuficientes, tampoco el Estado les da ninguna “ayuda social”.

    En Miami, los alumnos que concurren a la estatal Florida International University tienen que pagar por los cursos que toman, pero también tienen un amplio plan de becas basado en la meritocracia, no en la autodesgracia: cuanto mejores sean las notas que tienen, más beca reciben. Si además estos jóvenes trabajan y tienen una buena evaluación por parte de sus empleadores, el cheque que les manda el Estado es mayor, porque mayor es el compromiso que ese joven está demostrando con su formación y, por lo tanto, la sociedad está conforme con apoyarlo.

    Y en el trabajo también debe ganarse ciertos beneficios en base a sus “talentos y virtudes”, ya que no todo le viene dado por la ley, el convenio sindical o los usos y costumbres. Más días de licencia, seguros médicos más completos o ascensos o aumentos de salario, se ganan con méritos, no con paros, manifestaciones o el simple pasaje del tiempo.

    El ser humano tiene una tendencia natural a proteger al más débil y apoyar a sus semejantes, pero tal práctica ha sido llevada en muchos casos al extremo y al abuso, creando sistemas de “premio y castigo” que terminan premiando a los ni-ni y castigando a los sí-sí.

    Marcus Buckingham, autor del libro “Ahora descubra sus fortalezas”, dice que no vale la pena fortalecer nuestras debilidades porque nunca seremos excelentes en esa área. En cambio, dice que hay que fortalecer las fortalezas. Es exactamente al revés de lo que hace nuestro sistema educativo: hay clases de “recuperación” para compensar las “debilidades” de los chicos, pero no hay cursos de “potenciación” para que los buenos sean excelentes.

    En la interna de las empresas sucede algo similar: se contempla exageradamente al lento, al amargado o al quejoso y se termina “castigando” al laborioso, porque —en última instancia— “no molesta”.

    No se trata de tirar a los ni-ni de las alturas del monte Taigeto (como hacían los espartanos con los niños que nacían con pocas cualidades), sino de llevar a los sí-sí a la cima del monte y darles el reconocimiento social que se merecen. Solo así, otros querrán ser sí-sí y se avergonzarán de ser ni-ni.

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