N° 1787 - 23 al 29 de Octubre de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara una economía del tamaño de la uruguaya, la inserción internacional es una cuestión fundamental, más allá de que en los últimos tiempos se la ha enfocado más con un sesgo ideológico que en términos de conveniencia económica, lo que es algo muy negativo.
El sesgo ideológico y la pesada carga que todavía representa la teoría de la “sustitución de importaciones” en que el país se embarcó a mediados del siglo pasado, han condicionado de diversa forma la estrategia de inserción internacional de Uruguay. Eso explica por qué Uruguay, contra toda lógica económica para una país de su dimensión, decidió ir por el camino de la integración regional vía Mercosur en lugar de optar por una integración global con el mundo al estilo de lo que hizo Chile.
La idea era que el Mercosur daría más tiempo para que la producción local (a la cual no le alcanzaron prácticamente 50 años de proteccionismo) pudiera prepararse mejor para competir en el mundo, al tener que hacerlo primero en el mercado regional, todavía bajo el paraguas del arancel externo común. En los últimos 10 años de gobierno del Frente Amplio, además, se agregó una marcada orientación política e ideológica al proceso de inserción internacional, como quedó más que claro con la incorporación de Venezuela al Mercosur.
Lamentablemente, todos sabemos cómo ha terminado esta historia. El Mercosur no ha cumplido ninguno de los objetivos para los que supuestamente fue creado, ni en términos de acceso a los mercados regionales para los productos uruguayos, ni en términos de una mayor integración conjunta de la región con el mundo. Para colmo, los gigantescos problemas que están teniendo tanto Argentina como Venezuela generan y van a continuar generando muchos más dolores de cabeza en todos aquellos sectores que por sus ineficiencias solo pueden aspirar a vender sus productos en esos destinos.
Los procesos electorales de Uruguay y Brasil pueden llegar a cambiar este pésimo estado de situación en materia de inserción internacional. Si el domingo 26, en Brasil, triunfa en el balotaje el candidato opositor Aécio Neves, podría generar una transformación sustancial en el actual funcionamiento del Mercosur. Neves ha dicho que es un firme partidario de que Brasil firme acuerdos comerciales de libre comercio por fuera del bloque regional, como forma de superar la resistencia que Argentina ha venido poniendo sistemáticamente a una mayor integración de la región con el mundo. Incluso si se diera un triunfo de la actual presidente Dilma Rousseff, parece difícil pensar que en un eventual segundo mandato suyo esté dispuesta nuevamente a quedar de “rehén” de la postura argentina en cuanto a la política de inserción internacional de Brasil, entre muchos otros cambios que debería introducir a efectos de reactivar nuevamente la economía y volver a ganarse la confianza de los inversores y de los mercados.
En el caso de Uruguay, y más allá de que el tema de la inserción internacional no ha estado muy presente en la campaña electoral, seguramente también habrá cambios de enfoque a partir del próximo gobierno, gane quien gane, aunque más no sea porque la situación actual es insostenible. Probablemente, ese cambio de enfoque en este tema sería mayor de retornar al gobierno una coalición de los partidos tradicionales; pero vale la pena recordar que el designado ministro de Economía en un eventual segundo gobierno del Dr. Tabaré Vázquez, el actual vicepresidente, Cr. Danilo Astori, ha sido un ferviente partidario de que Uruguay firme tratados de libre comercio con la mayor cantidad posible de países, a la vez de haber sido un fuerte crítico del funcionamiento actual del Mercosur.
En definitiva, sería altamente deseable que en materia comercial el próximo gobierno dejara de lado las “afinidades ideológicas” y se guiara por la lógica económica para, desde el primer día, buscar una mayor y mejor inserción internacional del país. Para Uruguay, la mejor situación sería la de ir a un estatus similar al que tiene hoy Chile con el Mercosur, que le permita libremente concretar acuerdos comerciales con terceros países sin tener que esperar a que el bloque regional se decida a hacerlo. Los tiempos para una economía pequeña como la uruguaya son totalmente diferentes que para una economía de mucho mayor tamaño, y lo que tiene en juego con una buena o una mala política de inserción internacional es mucho más importante.