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    Mata más la indiferencia que el Covid

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2109 - 4 al 10 de Febrero de 2021

    Por momentos, haciendo un ejercicio de toma de distancia, como quien mira de afuera la realidad, todo lo que rodea al coronavirus me sigue pareciendo algo salido de una película de ciencia ficción. No termino de acostumbrarme.

    El economista libanés Nicolás Nassim Taleb popularizó el término “cisne negro”. En el libro que lleva este nombre explicó la teoría de que cada tanto ocurren fenómenos tan inusitados y por tal imprevisibles, que cambian totalmente lo que los expertos en cualquier área preveían que fuera a ocurrir, con lo cual sus análisis y proyecciones se hacen trizas.

    Desgranando lo que nos trajo y lo que presuntamente nos dejará este cisne negro del coronavirus, hay aspectos transitorios, otros quizás permanentes, algunos locales, otros mundiales, algunos sobre los que el ser humano puede operar, otros inmanejables.

    Por ejemplo, el paradigma al parecer indiscutible de la globalización sufrió un furibundo cachetazo. La globalización, con sus intercambios entre continentes y países, sus problemas comunes en un mundo cada vez más pequeño (algo que jugó a favor del virus), se reveló tremendamente frágil a la hora de combatir la enfermedad. Apenas quizás la comunión de la sociedad científica colaborando para encontrar armas contra el Covid, pero el resto, en algunos casos obligados y en otros por elección, volvieron a la época de fronteras cerradas. Proteccionismo sanitario. Los leprosos fuera de las puertas de la ciudad.

    ¿Globalizar es integrar? Un solo ejemplo: Francia había negociado y abonado millones de mascarillas, pero en un aeropuerto chino la carga fue allanada por efectivos estadounidenses que las compraron en efectivo y se las llevaron. Sálvese quien pueda. Para algunos analistas la globalización será imparable, pero el virus le bajó revoluciones.

    ¿Y el Mercosur?

    En este barrio regional bien podríamos preguntarnos por el Mercosur. No hubo ni siquiera un intento que se haya conocido públicamente para que, en lugar de recurrir a Covax, o de ir a negociar de a uno, el bloque regional manejara la idea de enviar una delegación ante la firma Pfizer (que al parecer era la vacuna que menos diferencias generaba entre las naciones) y decirle: aquí venimos a negociar en nombre de 300 millones de personas. Pero no, nada, cero. Esperemos que en algunas de esas cumbres que no sirven para nada, alguien se levante y pregunte: ¿Dónde estuvo el espíritu de Bolívar y el de Artigas cuando el virus mataba a nuestra gente?

    Las caras del capitalismo

    Hablar de globalización es de alguna manera referir al capitalismo, la sociedad de mercado, que volvió a mostrar sus mil y una caras. La luminosa: impulsados, entre otras cosas por las ganancias que obtendrían, los laboratorios hicieron en tiempo récord vacunas que podrían significar un quiebre en la creciente pandemia. La cara oscura: el que tiene plata se salva antes. Pocos ejemplos más claros de su condición insolidaria. Dejemos actuar a las fuerzas del mercado, que, en este caso, en los países subdesarrollados el capitalismo mutó en socialismo: se ven perjudicados los uruguayos que tienen plata como los más pobres, porque como el fenómeno y su solución es mundial, hay países más ricos con ciudadanos más ricos que los uruguayos más ricos. Por un momento, los ricos de algunos países subdesarrollados se deben haber sentido como se sienten día a día los pobres. Gente de segunda. Entonces todo pasó a depender, ¡vade retro!, del Estado, y de cómo negociará el gobierno de turno para que ricos y pobres accedan a la vacuna. Bendito Estado cuando el mercado se fragmenta y los ricos más ricos, hacen sentir a los solamente ricos, que en realidad son pobres en el concierto mundial.

    Pero aun así, sepámoslo, aunque creo que, salvo para quienes tengan una visión religiosa del fin del mundo, cuando lleguen los cataclismos globales, los pobres, otra vez, serán los más afectados. Coronavirus: higiene para gente sin agua potable, distancia social para gente que vive hacinada de a 10 en un cuarto, buena alimentación para tener las defensas altas en gente que come de la basura.

    Sistema de salud uruguayo

    Una buena: más allá de las aglomeraciones en Emergencia, la diferente atención entre salud pública y los seguros privados, los tickets caros, el sistema de salud de Uruguay es una joya envidiable para miles de naciones desarrolladas. Todo el que llega a la puerta de un hospital, incluso si es un ciudadano extranjero, es atendido. Eso, y el sistema de emergencias móviles, los trabajadores de ambos sistemas, deberán ser reconocidos como una de las principales barreras que encontró el virus en Uruguay.

    Ser humanos

    Buena parte de lo mencionado, con voluntad política y dinero se podría haber al menos atemperado.

    Pero hay cosas que el dinero lejos está de poder comprar o cambiar, como la condición humana y el instinto de supervivencia, expresado personalmente o a través de un Estado. Cuando las guerras comerciales no refieren a un subsidio o un arancel, y tienen como foco de negociación cosas que vinculan con la vida y la muerte, revelan en toda su crueldad aquella frase de “el hombre es el lobo del hombre”.

    Para algunos sonará lógico: los gobiernos bregan por la vida de sus ciudadanos. Bien, entonces no vendan versos de la globalización de la solidaridad, ni del capitalismo con rostro humano, ni ninguna de esas consignas que lanzan quienes les conviene el orden social en el que vivimos.

    Ciencia ficción decía: esas imágenes en que el volcán estalla y un tipo saca del auto a punta de pistola a una familia con niños para salvarse él. Bueno, de una u otra forma, así ha sido.

    “Hemos visto algo de solidaridad, pero muy poca unidad, en nuestra respuesta al Covid-19. Los países han seguido diferentes y hasta contradictorias estrategias, y por eso estamos todos pagando el precio”, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

    Pero, atención, la crítica empieza por casa. Que los chinos se despreocupen por nosotros no nos sorprende, pero ¿que nosotros no nos preocupemos por nosotros mismos? El gobierno clamando las medidas ya sabidas y la gente viviendo como si mañana terminara el mundo. Viviendo sin importar la vida del otro. Viviendo como un irresponsable, un ignorante. “No culpemos a la gente”, dicen algunos que quieren politizar el asunto y acusar al gobierno, otro mal nacional que se vio en esta crisis, la partidización de la muerte. No culpemos a la gente así no te culpamos a vos, y no culpamos a nadie. Morimos de indiferencia.

    La ciencia

    Algo que también nos queda y que puede ser positivo si el gobierno actúa con generosidad, inteligencia y visión de futuro: la ciencia. El apoyo a la ciencia es un asunto no solo comercial, sino de seguridad nacional. La entrega desinteresada de parte de la comunidad científica y el momento vivido demostraron que a pesar del desprecio que los gobiernos han tenido para la ciencia, estamos llenos de verdaderos cracks. Pero, como en otras disciplinas, tienen que ser reconocidos fuera del país. Ahora, por fin, son reconocidos aquí, pero con el agua al cuello. Cuando las aguas bajen tiendo a creer que el olvido le ganará a la memoria.

    En uno de sus discursos, el secretario general de la ONU afirmó: “O superamos esta pandemia juntos, o fallamos”. Juntos o separados, seguramente superemos la pandemia. Lo que también parece claro, más allá de eso, es que como seres humanos, fallamos.

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