N° 2018 - 02 al 08 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde hace ya unos días hay un tema que ha acaparado la atención de los amantes del fútbol, y tiene que ver con la fijación del escenario del inminente partido clásico del actual Torneo Apertura. Es que tras el sorpresivo anuncio del presidente de Peñarol, Jorge Barrera, de su intención de que este se jugara en el Campeón del Siglo (y que Nacional, a su turno, lo hiciera en el Gran Parque Central), y su posterior planteo a las autoridades competentes, hubo una serie de alternativas que, al momento de escribirse esta columna, aún no han sido enteramente dilucidadas, lo que viene dilatando su definitiva aprobación.
No viene siendo asunto fácil implementar esta comprensible iniciativa del titular aurinegro. Por un lado emerge la inveterada puja entre los dos equipos grandes por evitar cualquier circunstancial ventaja de uno sobre el otro, como lo indica el temor de la dirigencia tricolor de que, por las circunstancias que fueren, eventualmente no pudiera jugarse en su casa el clásico en que le toque la localía. Pero ocurre también que está ya sólidamente incorporada la costumbre de que sea el Estadio Centenario la sede natural para albergar estos partidos tan especiales, por lo que cuesta mucho instalar una idea distinta, de aquí en adelante.
Claro que ello no ha sido siempre así. Antes de que, en el año 1930, el Estadio Centenario fuera construido en tiempo récord para ser el escenario principal del primer Campeonato Mundial de Fútbol, nuestros padres y abuelos debieron recorrer diversos campos de juego para presenciar los tradicionales choques entre aurinegros y tricolores. A modo de ejemplo, y sin retroceder demasiado en el tiempo, en la década anterior (entre 1920 y 1930) se jugaron 22 clásicos en el viejo Parque Central, cinco en la cancha de Peñarol en Pocitos y un partido en el neutral Parque Pereira; todos ellos con asistencia de parciales de ambos equipos. El primer clásico que se jugó en el flamante Estadio Centenario fue el de la segunda rueda del Campeonato Uruguayo de 1929 (fue victoria aurinegra entonces por 1 gol a 0) y de allí en adelante, y hasta ahora, absolutamente todos los clásicos por torneos oficiales se disputaron en este escenario (cabe acotar que, por otro tipo de torneos, se jugaron clásicos en varias ciudades del interior del país, e incluso dos en el exterior: en La Plata en 1960 y en La Coruña en 2005, por la Copa Teresa Herrera).
Estos datos estadísticos no hacen sino resaltar la rotunda excepcionalidad de la propuesta aurinegra (que obviamente replicará Nacional a su debido tiempo) en cuanto a desplazar la disputa del próximo clásico del Apertura a su moderno y coqueto estadio. De lo que también se derivan las dificultades de diversa índole que, hasta el momento, han impedido su efectiva concreción.
El escollo principal consiste en posibilitar la concurrencia de los parciales del equipo visitante, en este caso Nacional. Con un aforo de 40.000 personas es obvio que, aunque el estadio aurinegro ha podido albergar, a su turno y sin inconvenientes, a las hinchadas de los demás equipos del medio, no ocurre lo mismo con los de Nacional, sensiblemente superior en número. A ello debe sumarse que —por razones de seguridad— debe descartarse un buen número de localidades, para dejar lugar a un “pulmón”, que separe convenientemente a los parciales de uno y otro equipo. Todo lo que conduce a que deba reducirse drásticamente el cupo de localidades asignadas al equipo visitante, llevándolas a un número de 4.000 (como sugirió en principio Peñarol) o de 2.000, como finalmente aconsejara la Comisión de Seguridad de la AUF.
Pero a ello se suma otro aspecto controversial, directamente relacionado con ese mismo tema de la seguridad: no ya en el interior mismo del estadio —donde no habría mayores inconvenientes—sino en el trayecto de la parcialidad tricolor hasta el Campeón del Siglo. El Ministerio del Interior (al que compete lo relativo a la seguridad exterior) elaboró un proyecto por el que se reuniría a todos los hinchas de Nacional que desearan concurrir al partido en un lugar determinado (en el anterior predio del Aeropuerto de Carrasco), en donde se adelantaría el chequeo y contralor facial para el acceso al estadio, para luego conducirlos, con debida custodia policial, hasta el interior mismo del Campeón del Siglo. Ello se haría en ómnibus que debía contratar Nacional (o que proveería la empresa Cutcsa, como ahora lo propuso Peñarol, debido a la reticencia tricolor en atender la propuesta ministerial).
Pero no es solo ese aspecto el que genera incertidumbre, en cuanto a si podrá ponerse finalmente en práctica la firme iniciativa de la dirigencia mirasol. Hubo un antecedente de violencia en el arribo de un grupo de parciales de Cerro al Campeón del Siglo, hace apenas unos pocos días. Y habrá que ver qué pasará con la llegada de los hinchas del Flamengo, luego de los violentos incidentes con los hinchas aurinegros que viajaron a Río para el partido de ida. A esto se sumó también el incidente protagonizado por un grupúsculo de hinchas tricolores en el local de la AUF, protestando con pancartas con soeces agravios contra los jueces, por una supuesta campaña de estos en perjuicio de su equipo (por lo que debió suspenderse la reciente fecha del torneo, ante el paro decretado por el gremio referil).
En este clima tan particular no nos parece oportuno dar luz verde a la iniciativa aurinegra. Es que no parecen estar dadas hoy las condiciones que permitan el normal desarrollo del próximo clásico. Lamentablemente, estamos viviendo en una sociedad violenta (y no solo en el plano deportivo) y es bien sabido que la seguridad pública no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Tan es esto así que, según hoy parece, la única alternativa para que se juegue el partido en el Campeón del Siglo es sin la presencia de la hinchada visitante, tal como viene ocurriendo en los estadios de la Argentina. Y si ello finalmente ocurriera, se estaría desvirtuando gravemente la esencia misma de los cotejos clásicos.
Se dice siempre —y con razón—que estos partidos constituyen la mayor fiesta de nuestro fútbol, y especialmente de los seguidores de ambos equipos. Pero ¿de qué fiesta se habla si en el Campeón del Siglo (y en el Gran Parque Central, cuando le toque) solo podrán estar presentes los hinchas del locatario, o, en el mejor de los casos, apenas una minúscula parte de la parcialidad visitante?
Por ello, entendemos que la mejor opción es la de fijar —como viene siendo tradicional— este próximo clásico en el Estadio Centenario, único escenario que puede albergar, con absoluta normalidad, a todos los que quieran presenciarlo. Y utilizar los estadios clubistas en aquellos cotejos de menor convocatoria.