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    Nº 2140 - 16 al 22 de Setiembre de 2021

    “¡Son largas las eliminatorias! Y fluctuantes en su desarrollo”. Estos conceptos, con los que iniciamos nuestra columna anterior, pretendían dar cuenta de que el partido que habría de jugarse precisamente esa misma noche no era sino un eslabón más de una competencia que aún distaba de su definición, aunque —tal como entonces explicáramos— su resultado podría influir decisivamente en la suerte futura de nuestra selección en esta aún incierta instancia clasificatoria para el Mundial de Qatar. Tras el inicial empate en Lima ante Perú en un gol por bando y la ulterior y previsible victoria ante la modesta Bolivia, de local en el Campeón del Siglo, era imperioso sumar tres puntos más ante Ecuador en este mismo escenario, en el cierre de esta triple fecha, de modo de acceder al tercer lugar de la serie y ver con una mejor perspectiva la posibilidad de estar entre los cuatro representantes del fútbol sudamericano en aquel magno evento.

    En una mirada global hubo un saldo positivo en cuanto al puntaje obtenido (fue el nuestro el equipo que más sumó en esta instancia, aunque cabe recordar que el choque entre quienes hoy comandan la tabla —Brasil y Argentina— quedó trunco). Al tiempo que queda también en nuestro haber el hecho de que pudo observarse una mayor amplitud en el lote de futbolistas que el Maestro Tabárez ha ido colocando en cancha en estos tres últimos partidos, pues se produjo el debut en nuestra selección mayor de Álvarez Martínez, Joaquín Piquerez, Ronald Araújo, Manuel Ugarte, David Terans y Federico Martínez, lo que marca un claro diferencial con el criterio restrictivo que aquel siguiera habitualmente (¡en estos tres cotejos utilizó a 21 jugadores!).

    En lo estrictamente futbolístico, el excelente trabajo realizado ante Bolivia (una de las selecciones más débiles del continente) ambientaba la esperanza de que el elenco celeste pudiera repetirlo ante Ecuador, aun a sabiendas de que este tenía un potencial sin duda superior como lo reflejaba el mero hecho de estar un punto por encima nuestro, en la tercera posición de la tabla, y ser además el equipo más goleador de esta clasificatoria, apenas detrás del líder, Brasil. Y bien: la realidad demostró, ya de entrada, que el partido no le iba a resultar fácil a nuestra selección. El argentino Alfaro, técnico del visitante, diseñó un sistema de agobiante presión sobre los generadores del fútbol ofensivo de nuestra escuadra (Bentancur, Valverde y De Arrascaeta), apelando incluso a varias infracciones violentas pasivamente toleradas por el juez brasileño. Y a ello le adicionó una marca dura y escalonada sobre Brian Rodríguez, el delantero más activo y peligroso que había mostrado nuestro equipo en el cotejo anterior. El trámite del partido se hizo entonces equilibrado y sin chances de gol frente a los arcos, salvo algunas vibrantes incursiones ofensivas de Nández por el sector derecho, a la postre la figura más valiosa del elenco celeste. Pero en el segundo tiempo, sin dejar de lado esa cautelosa y precavida postura, Ecuador se fue arrimando de a poco sobre nuestro arco, malogrando incluso alguna chance de gol. Nuestras réplicas, en tanto, se fueron espaciando, lo que obligó a que Tabárez hiciera varios cambios de la mitad de la cancha hacia adelante, entre ellos, el ingreso de Pereiro por De Arrascaeta, que luego iba a resultar determinante para el desenlace del partido.

    Dentro de esa relativa paridad parecía que el cotejo se encaminaba hacia un empate; e incluso, por momentos, pareció que era el equipo visitante el que estaba más cerca de quebrarlo. Así las cosas, ya a punto de expirar el tiempo reglamentario, nuestra selección sacó de la galera una preciosa jugada de gol, magníficamente culminada por Vecino, aunque el árbitro brasileño (con el concurso del VAR) la anuló correctamente por una posición adelantada de Maxi Gómez. Y cuando la ilusión del público parecía marchita, ya jugándose los descuentos, una corrida más del inclaudicable Nández por la banda derecha culminó con un forzado pero muy preciso centro combado, que encontró la cabeza de Pereiro para conseguir ese gol que le dio al equipo celeste una victoria tan inesperada como valiosa por las difíciles circunstancias en que ella se dio y muy en especial por la trascendencia que ella puede tener al momento de definir los cuatro clasificados por Sudamérica.

    Estas dos victorias consecutivas como local (la primera ante Bolivia jugando un muy buen partido y la última ante Ecuador sin llegar a un nivel medianamente aceptable), no hacen sino realzar la trascendencia de aquel solitario punto obtenido como visitante ante Perú en el arranque de esta triple fecha. Es que la suma resultante nos ha permitido superar la línea de un rival directo como Ecuador en dos unidades, desplazándolo de la tercera posición en la tabla, casi en la mitad del calendario. Y ello cobra una dimensión aún mayor de cara a las futuras y muy duras exigencias de un fixture que, ya el mes que viene, nos va a poner por delante a Colombia como local (partido a disputarse en el Gran Parque Central) y después como visitantes nada menos que a Argentina y luego Brasil, dos equipos casi invencibles en sus reductos y que por lo expuesto hasta ahora se perfilan como casi seguros clasificados para llegar a Qatar. La probada valía de ambos contendores, aunado al hecho del insólito periplo que deberemos abordar para acceder a las antojadizas sedes fijadas para esos dos partidos, hacen suponer lógicamente la dificultad de sumar puntos en tan adversas circunstancias, lo que refuerza el peso y utilidad de los siete que lograron sumarse en las fechas recientemente disputadas.

    Pero vale insistir en otros aspectos que deben sumarse en el haber de nuestra selección en este reciente tramo de las eliminatorias. El técnico Tabárez tuvo que prescindir de algunas figuras que han sido (y aún lo son) números puestos e indiscutidos pilares de nuestra selección, como Luis Suárez y Edison Cavani, a los que luego vino a sumarse el capitán Diego Godín en el último cotejo ante Ecuador. No pudo contar tampoco con Stuani y Darwin Núñez ni con Nicolás de la Cruz. Y, a fuerza de sinceros, el Maestro nos sorprendió a todos haciendo debutar en estos trascendentales partidos a varios jóvenes futbolistas que aún no habían tenido minutos en la selección y que por cierto estuvieron lejos de defraudar las expectativas que en ellos se depositara. Por el contrario, algunos (como Torres, Álvarez Martínez, Araújo o Piquerez) demostraron condiciones como para pelear por la titularidad en un futuro no lejano. Y esta innovadora actitud del técnico parece también precaverse de los riesgos de que algunos equipos europeos (al caso los de Inglaterra) persistan en su firme decisión de no ceder a aquellos futbolistas nuestros que hoy militan en sus filas.

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