• Cotizaciones
    jueves 09 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Memorias de Bismarck

    Columnista de Búsqueda

    N° 1978 - 19 al 25 de Julio de 2018

    Si los siglos pudieran definirse por las personas o los sucesos que más los representan, no hay duda de que podemos hablar con toda propiedad, como Voltaire, del siglo de Luis XIV o tal vez (me gusta más) del siglo de Richelieu; y del siglo siguiente como distinguidamente el de la Enciclopedia; del siglo XIV diremos que es el de Dante, del Giotto y de Petrarca. El siglo XIX, a despecho del imán que representan Napoléon o Victoria, es con toda justicia el siglo de Otto von Bismarck. Para el historiador inglés Hillaire Belloc, Bismarck es una suerte de Richelieu de su siglo, esto es, un fundador de la autoridad del Estado, un gobernante de base estratégica, un jefe lúcido e implacable, un enemigo acerado y consecuente, un creador de horizontes lejanos.

    He leído con vivo interés sus memorias (Pensamiento y recuerdos, editorial Biblok, que distribuye Gussi) y no me encontré con ninguna sorpresa: la persona de esas páginas es la misma que presumía a través del estudio de su historia política: un perfecto conservador, un astuto y duro negociador, un operador escrupuloso, un inmejorable calculador de probabilidades, un individuo educado en la dura escuela de las privaciones impuestas por la moral. Estos textos los dicta en su retiro (cuando es vilmente despreciado por el Káiser Guillermo II, que no supo medir hasta qué punto la grandeza de su abuelo, de Prusia y de la gran Alemania, fue obra más que del pensamiento del carácter de Bismarck) y no delatan mucho del sujeto diario que fue, sino que tratan sobre algunos rasgos del profesional del poder, del cruzado de la unificación y del imperio.

    No puedo decir que el estilo sea interesante sin faltar un poco a la verdad; hay en este discurso un cierto desorden expositivo, hay muchas referencias cifradas a la minucia política europea y alemana del aquel período en el que le tocó actuar; hay, en fin, mucha elusión deliberada de los asuntos centrales y reveladores de la política. Esto da por resultado una propuesta magra, pero valiosa para quien busca completar datos y perspectivas de la época, para quien busca rematar el perfil del líder, para quien pretende entender por qué Alemania se convirtió en la potencia que disputó con legítimo título la primacía industrial, militar y hasta política a Inglaterra.

    Sobre las personas que trató, el libro es generoso. Nos habla de Napoelón III y del zar Nicolás con bastante cercanía, de algunos ministros con desdén y a veces con cierta austera simpatía. Para con el etéreo rey Luis de Baviera, cuya memoria es inmortal por haber deificado el arte de Wagner, tiene algunas líneas valiosas desde el punto de vista político; y aunque en lo personal es muy discreto, tiene un grato apunte: “En las comidas que hicimos durante nuestra estancia en Nymphenburgo (16 y 17 de agosto de 1863) era mi vecino de mesa el príncipe heredero, el que después fue el rey Luis II, que estaba sentado enfrente de su madre. Pareciome que los pensamientos de aquel vagaban muy lejos del comedor, y que solo de vez en cuando se acordaba de seguir conmigo una conversación, que, por otra parte, no traspasaba los límites de un diálogo cortesano vulgar: sin embargo, por lo que me dijo, creí reconocer en él una viveza inteligente y un espíritu perfectamente impuesto de su porvenir. En las pausas de nuestra conversación miraba por encima de su madre al techo y vaciaba rápidamente su copa de champagne, que los criados no se apresuraban a llenar de nuevo por mandato, según pude comprender, de la reina, lo cual obligaba muchas veces al príncipe a cogerla y presentarla por encima de sus hombros para que se la llenaran, como así lo hacían los criados, no sin cierta vacilación. Ni entonces ni más adelante se excedió en la bebida; pero me pareció que el estar entre gente le fastidiaba y que apelaba al champagne para dar pábulo a su fantasía. La impresión que me produjo fue simpática. (…) Aquella fue la única vez que vi personalmente al rey Luis; a pesar de ello, desde que poco después subió al trono (10 de marzo de 1864) hasta que murió, estuve con él en buenas relaciones y en correspondencia relativamente animada, habiéndome parecido siempre un regente dotado de clara inteligencia para los negocios y de sentimientos nacionales germánicos” (pág. 325).

    Pasional, excesivo, Luis de Baviera dejó algunos castillos de cuento de hadas, el teatro de Bayreuth y el recuerdo de su agónica soledad. Lo de Bismarck es muy decente y muy justo; morigera mucho escándalo innecesario.

    // Leer el objeto desde localStorage