N° 1721 - 11 al 17 de Julio de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana, el Fondo Monetario internacional (FMI) presentó su revisión trimestral de las perspectivas de crecimiento para la economía mundial, proyectando una vez más un panorama menos dinámico tanto para este año 2013 como para el 2014. Ahora el FMI prevé un crecimiento de la economía mundial de 3,1% para 2013 (similar al del año pasado y menor al 3,3% que se esperaba en abril, marcando la quinta reducción consecutiva en los pronósticos) y de 3,8% para 2014 (en lugar del 4% estimado en abril).
En general, la revisión a la baja de las estimaciones de crecimiento ha sido generalizada, abarcando tanto a las economías desarrolladas (con la excepción de Japón y del Reino Unido, donde se elevaron las previsiones de expansión del PBI para este año) como a los mercados emergentes. Tal como viene siendo el caso desde hace un buen tiempo, el FMI mantuvo la evaluación de que los riesgos para el crecimiento siguen “sesgados a la baja”.
La lista de problemas coyunturales y estructurales que enfrenta la economía mundial es bastante extensa y eso genera un alto nivel de incertidumbre respecto al crecimiento futuro, tanto a corto como a mediano plazo.
Desde el punto de vista coyuntural, Estados Unidos enfrenta el impacto negativo de un ajuste fiscal —prematuro en la visión del FMI— generado por la expiración de las rebajas impositivas que había instaurado el ex presidente George W. Bush y la reducción automática de gastos en vigencia desde marzo pasado. A eso se agrega ahora la posibilidad de que la Reserva Federal (FED) comience a reducir el nivel de estímulo monetario a partir de los meses finales de este año. Por su parte, China está enfrentando una difícil transición económica que implica hacer frente a los excesos del pasado (especialmente en el sector inmobiliario y en el mercado crediticio, y la sobreinversión en muchos sectores de actividad) y converger eventualmente a una menor tasa de crecimiento y con una estructura económica menos dependiente de las exportaciones y de la inversión y más basada en el consumo interno. Europa, a su vez, sigue inmersa en su crisis de deuda e incluso en Japón aún no aparecen signos tangibles de que la demanda interna se esté acelerando, más allá del impacto positivo que la desvalorización del yen ha generado sobre las exportaciones.
Desde el punto de vista estructural, la lista de problemas es también muy amplia. Como bien señala el FMI, tanto Estados Unidos como Japón deben presentar planes creíbles de consolidación fiscal a mediano plazo para poner la dinámica de la deuda en un sendero sostenible y evitar una eventual crisis fiscal ante el impacto del envejecimiento de la población sobre los gastos sociales y de salud, así como por el enorme crecimiento de la deuda pública como consecuencia de la crisis financiera. Europa debe solucionar los “problemas de diseño” del euro (esencialmente la ausencia de una autoridad fiscal común, de autoridades reguladoras del sistema financiero comunes y de mecanismos de rescate de instituciones financieras comunes) y deberá completar el proceso de “desapalancamiento” generado por la crisis financiera. También tendrá que reducir las rigideces en los mercados de trabajo, de bienes y de servicios, así como reformar el “Estado de bienestar” que es imposible financiar con las tendencias actuales. China enfrenta el problema de la reducción de la fuerza laboral hacia fines de esta década (como resultado colateral de la política de hijo único por familia), así como la necesidad de lidiar con el problema de polución y restricciones de algunos recursos naturales como el agua. Los mercados emergentes, en general, enfrentan, en mayor o menor medida, problemas importantes en materia de disponibilidad de infraestructura, así como en la creación de capital humano. Si eso no se resuelve, impactará negativamente sobre su tasa de crecimiento potencial.
Con este cúmulo de problemas tanto coyunturales como estructurales, no es de extrañar que el FMI haya presentado un panorama menos optimista sobre la economía mundial. Probablemente esta tendencia se mantenga durante algunos trimestres más.
En el muy corto plazo, los dos factores de incertidumbre más importantes parecen ser el eventual impacto de la reducción del estímulo monetario por parte de la FED, tanto sobre los mercados financieros como sobre la economía, así como la magnitud de la desaceleración económica que está teniendo la economía china y si las autoridades de dicho país podrán completar “sin accidentes” la transición en la que parecen estar embarcadas. Y como se ha observado especialmente en los últimos dos meses, ambos factores son particularmente negativos para los mercados emergentes, dado que la reducción del estímulo monetario por parte de la FED tiende a fortalecer el dólar, hace subir las tasas de interés y reduce el flujo de capitales —o, directamente, puede hacer que el mismo cambie de signo— y también baja los precios de las materias primas. A eso hay que sumar la mayor desaceleración de la economía china, que refuerza también el impacto negativo sobre los precios de los commodities.
Este panorama a nivel internacional para Uruguay tiene un impacto doble, porque también, indirectamente, debemos absorber sus consecuencias sobre la región. Es, por tanto, cada vez más evidente que el panorama económico en los próximos trimestres será crecientemente complicado para nuestro país, tanto más cuanto más se insista en mantener o aumentar el actual nivel de gasto público y cuanto más se pretenda subir el nivel promedio del salario real.