Nº 2097 - 11 al 17 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMientras el Covid-19 vuelve a poner de rodillas al hemisferio norte, los precios de las materias primas agropecuarias siguen subiendo. El último informe del USDA (martes 10) da cuenta de menores existencias globales de maíz, soja y trigo que aquellas previstas por el mercado. La consecuencia lógica de este menor nivel es empujar aún más los precios de los granos, en un año que nos ha regalado extremos de valores en muy poco tiempo.
El reporte, que es generalmente utilizado como una referencia para el mercado, sigue teniendo algunos aspectos que pueden esconder más sorpresas hacia el futuro, en especial la estimación de producción de soja de Argentina, que luce excesivamente optimista. La reducción de las existencias globales tiene que ver con una recuperación del consumo, pero hay que aclarar que mucho de ese aumento en rigor es para recomponer reservas estratégicas, como ocurre con las compras de China de todo lo que se pueda comer. Y es claro que cuando los chinos se sientan conformes con su nivel de reservas no van a convalidar precios de locura de lo que requieran comprar en 2021.
Hay que tener en cuenta que los precios juegan su carta y, seguramente, estimulen la producción de varios productos. No hay que olvidar que la posibilidad de fijar precios a futuro permite asegurar un precio mucho antes que el producto exista en sí mismo.
La capacidad de producción de algunos países clave, como Brasil y EE.UU. en soja y maíz en particular, puede desencadenar una respuesta muy violenta de la oferta (siempre y cuando el clima colabore siendo normal). La especulación financiera se frota las manos con el exceso de liquidez y las bajas tasas de interés que la llevan a inundar los mercados agrícolas, provocando enormes fluctuaciones de precios en muy poco tiempo. Un reconocido analista de mercados argentino con muchos años de experiencia en esto hace poco tiempo hizo casi un ruego: cubrir los precios, esto es, protegerse de bajas porque nadie duda que llegarán. Es muy difícil predecir qué harán los fondos de inversión, que son los que tienen el sartén por el mango en los precios agrícolas en estos días.
Mientras tanto, en Uruguay los agricultores ven la suba de los precios con gran alegría pero también con ansiedad. Es que la falta de lluvias se está haciendo sentir de forma cruel y tiene a varios departamentos del país ya en la raya de lo tolerable. En especial en el norte los departamentos de Paysandú y Río Negro, claves en la producción agrícola, la están pasando muy mal. Sin lluvias significativas en el horizonte al menos hasta fin de mes, hay muchos que están pensando seriamente si es el año de jugarse a sembrar al estar muy cortos de agua. La sequía que tenemos no se arregla con una simple lluvia. Si bien queda una ventana de siembra importante por delante, cada semana que pasa achica la posibilidad de lograr buenos cultivos y que rindan lo suficiente. Es cierto que la soja vale mucho para la próxima cosecha, pero lograr sacar los kilos necesarios es más que desafiante. Hay muchos agricultores obligados a sembrar en verano porque el pago de las deudas así lo reclama. Muchos tienen un buen resultado en la cosecha de invierno (que se levanta en estos días), pero no será suficiente para tapar todos los huecos. Se necesita de los cultivos de verano para hacer una caja razonable.
Hay que tener cuidado con la desesperación por sembrar porque es mala consejera. Mientras tengamos riesgo productivo encima, digamos hasta enero o febrero, los precios no tienen muchos motivos para bajar, con excepción de que China diga: “Basta”, o que tengamos algún otro traspié que venga del lado político. Con el clima amenazante (sea real o percibido) la especulación seguirá firme en los granos. Pero cuidar los precios nunca es una mala decisión, sobre todo cuando de la nada los precios son los más altos de los últimos cinco años. Asegurar el precio de la futura cosecha de verano (y por qué no también la de invierno del 2020) parece ser una buena decisión.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.