N° 1786 - 16 al 22 de Octubre de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáVenimos comentando lo que sucede en las empresas cuando el fundador abandona el mando sin dejar estructuras bien armadas y cómo se puede separar la propiedad del gerenciamiento, ya que no siempre existe la vocación por dirigir una empresa y es mejor hacerlo con los que saben. La mayor limitante para encarar estos cambios no está en la falta de recursos, sino en la falta de una mentalidad de abundancia, que genere confianza y dé lugar a la innovación.
Guardo desde hace once años una carta enviada al diario “El País” por “un uruguayo nacido en La Teja”, quien había emigrado a Francia cuatro décadas atrás y pasó de visita por Uruguay. Lo que vio le hizo llorar: un grado de politización enorme, hordas de individuos dependiendo del Estado, suciedad, fábricas cerradas, conflictividad y un hermano repitiendo consignas sesentistas y haciendo nada para prosperar. Hoy —más de una década después— muchas de estas cosas siguen igual.
La “mentalidad de abundancia”, como la define el Dr. Stephen Covey, es creer que hay suficiente para todos y si no lo hay, somos capaces de crearlo. Que no es necesario quitarle al otro, ni competir deslealmente, sino pensar en ganar-ganar y generar sinergias para que la sumatoria de esfuerzos individuales sea mayor que lo que cada uno haría por su lado.
Es lo que hizo este uruguayo nacido en La Teja, pero con mentalidad global, no barrial: “Le expliqué a mi hermano que cuando mi empresa trastabillaba a causa de la globalización, miré a mis lados e invité a mis competidores a un café (nunca antes habíamos conversado), les planteé el problema (que era el mismo que ellos tenían) y después de una etapa inicial de desconfianza al final nos asociamos y hoy somos fuertes competidores de empresas asiáticas y norteamericanas. No solo sobrevivimos, sino que hoy —los tres juntos— somos mucho más fuertes que antes”.
En Uruguay lograr esto es casi un imposible. Un ejemplo positivo lo vienen dando las empresas desarrolladoras de software, no porque sus dueños sean tipos superdotados (algunos lo son), sino porque se dan tres componentes que los llevan a ello: 1) Trabajan en un negocio global; no tienen las restricciones físicas, económicas ni mentales de trabajar en el “paisito”; de hecho, muchos de estos empresarios trabajan 100% para el exterior. 2) Tienen demanda insatisfecha. Realmente hay trabajo para todos y por eso piensan más en “crecer” que en “repartir”. La idea de abundancia permea en sus mentes. 3) Pueden mantenerse lejos del Estado y de los sindicatos, los dos frenos más grandes que tiene el Uruguay del presente y del futuro.
Pero el resto de las empresas también pueden recorrer este camino. Pueden compartir experiencias de éxito (si no se animan a hacerlo con sus colegas, sí lo pueden hacer con empresarios de otros rubros); pueden mirar qué hacen los mejores e imitarlos; pueden capacitarse y capacitar a su gente online, sin moverse de su entorno y a precios accesibles; pueden incorporar tecnología open source; pueden reunirse en clubes de empresarios (no necesariamente en las cámaras empresariales); pueden formar un Board of Advisors y pueden complementar sus fortalezas con otros empresarios, con socios de negocios o con consultores dispuestos a ir a resultados.
Lo importante es mirar el bosque, no el árbol. Cambiar la mentalidad de escasez por una de abundancia es mucho más importante que las inversiones, la inflación, el tipo de cambio o el precio de la soja. Todos estos factores van y vienen. Pero cuando una mentalidad llega, es para quedarse. Y la que tenemos hoy se tiene que ir cuanto antes.