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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl dicho es que la mentira tiene patas cortas. Pero, a veces, le cuesta a la gente darse cuenta y da tiempo a que la mentira se repita y repita, hasta convertirse en “verdad”.
Por ese camino va parte de la dirigencia FA-PIT, con el reclamo por reducir la jornada laboral.
En sí, teóricamente, no es necesariamente algo absurdo o perverso (aunque comparte una visión negativa del trabajo). La mentira está en la ubicación real del reclamo. La izquierda siempre tuvo dificultades con la realidad.
Cuando miramos al mundo, vemos que ese cambio solo se da en economías prósperas, con altos niveles de productividad. En esa realidad, el argumento esgrimido para acortar la jornada laboral es de que se pueda dar a ciertos trabajadores (nunca es a todos), la posibilidad de aumentar su bienestar y aún de mejorar su calidad de vida (caso, por ejemplo, de los que tienen familia, aumentando el ocio; sin que eso afecte negativamente a la sociedad, debido a la alta productividad de esos trabajadores.
El tema no se plantea, obviamente, en las sociedades más pobres, donde regalar ocio no significa mejorar el bienestar, mientras que reducir horas de trabajo implica producir menos riqueza, o sea, generar más pobreza.
Oyendo, por ejemplo, al Sr. Abdala (Marcelo) que está lanzado (esta temporada) a reclamar que se trabaje menos, uno debe suponer que él considera que el Uruguay está en aquella realidad de país rico: próspero y productivo.
Pero, entonces, cómo es que al mismo tiempo ese señor afirma que los salarios han perdido poder adquisitivo, que hay desempleo y, encima, que el empleo existente es “de mala calidad” y que los ajustes caen sobre las espaldas de los trabajadores.
Los dos escenarios no pueden ser verdad al mismo tiempo: o la clase trabajadora está como la pinta Abdala y en ese caso es absurdo sumar al drama una reducción de la jornada laboral, o la realidad está volando, da para eso y el relato del desempleo, el ajuste y la miseria es una mentira.
Reclamar en el mismo grito más salario y menos horas de trabajo (todo al barrer) es una tomadura de pelo.
Pero, además y como ocurre a menudo, la mentira del Sr. Abdala ni siquiera es original, novedosa: Uruguay tiene una larga experiencia de reducciones en jornadas laborales. En la banca y en la función pública, sin ir más lejos. Ahí hay mucha evidencia, de largos años, como para sacar conclusiones. ¿Cuáles han sido los resultados? ¿Mejor productividad? ¿Mejor nivel de vida a causa de mayor ocio? No parecen estar muy a la vista.
En cambio, lo que sí se ve y muy clarito, es que la sociedad —o sea, todos nosotros— viene pagando el sobrecosto generado en los servicios públicos y los financieros (en este último caso con un regalo adicional para evitar que la Caja Bancaria se funda), como consecuencia del artilugio abdalino desarrollado a lo largo de muchos años.
O somos un país rico, que pueda darse el lujo de bancar funcionarios públicos y bancarios y aumentar el ocio por ley a otros más, en cuyo caso, paren con la milonga de la pobreza y la desigualdad o si no, ajusten el discurso demagógico a un solo pentagrama de mentiras.
Somos un país caro (y, además, vecino de la Argentina), con altísimos costos laborales (por la tributación, pero también por la baja productividad), obligado, por el gasto público, a una pesadísima carga tributaria, que para atraer inversiones debe dar exoneraciones que agravan lo anterior, que le cuesta enormemente añadir valor, tapado de regulaciones y con una población envejecida. Lo único que no precisamos es fomentar que se trabaje menos.
Es hora (en realidad, desde hace rato) de que la gente abra los ojos y le vea las patas a la mentira
Ignacio De Posadas