Se define como “la desafiante” de quien llevó al Frente Amplio al gobierno: Tabaré Vázquez. Busca consolidar un bloque nacional alternativo para mantener a los votantes que quieren profundizar las propuestas de izquierda en Uruguay. La senadora Constanza Moreira admite que la campaña electoral de cara a las elecciones internas le dejó grandes enseñanzas y al mismo tiempo varias sorpresas que no advertía como politóloga. La principal fue el peso del dinero y como ello genera desigualdades entre los candidatos.
Su principal objetivo es obtener un alto respaldo para lograr tener mayor incidencia en las decisiones electorales del candidato oficialista y en un posible tercer gobierno frenteamplista. Moreira es consciente de la existencia de un “sentimiento antitabarecista” en varios votantes del Frente Amplio, que la acompañarán a ella en la próxima interna pero que no quieren votar al ex presidente en las elecciones nacionales. Por eso, anunció, tratará de convencer a ese electorado para que se mantenga dentro de la coalición de izquierdas y mediante su voto permita conformar una bancada legislativa alternativa en el próximo período.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Moreira mantuvo con Búsqueda el miércoles 21 en su despacho en el Parlamento.
—Hace 25 años que es politóloga y, si bien ha trabajado en otras campañas electorales, esta es la primera que vive como precandidata. ¿Cómo es transitar esta etapa?
—Un candidato nuevo como yo —sin grandes apoyos partidarios, ni económicos— solo consigue hacer una campaña cuando tiene un partido muy estructurado de base. Si el Frente Amplio no tuviera una organización nacional de verdad, que llega a todos los pueblos, sería imposible una campaña como la nuestra. Esto habla bien del Frente Amplio. Si tenés mucha plata o el apoyo de un pequeño aparato partidario, podrías instalarte. Pero en las condiciones mías, la organización del Frente Amplio fue indispensable. En segundo lugar, creo que hay dos campañas: la de los medios y la del territorio. La segunda sigue siendo muy importante en Uruguay, que es el país de América Latina donde el “cara a cara” mantiene gran importancia. En el resto de los países la campaña mediática tiende a desplazar el contacto con la gente. La campaña de territorio me permitió superar la relativa invisibilización que los medios de comunicación hicieron sobre mi candidatura. Como reflexión: la relación de política y dinero es más fuerte de lo que pensaba.
—¿Una de las lecciones que se lleva es trabajar en cambiar el sistema de financiamiento de partidos políticos?
—Sí, es una lección. Nosotros tenemos una ley de financiamiento de partidos y la ley de servicios audiovisuales, pero salvo que haya un decreto reglamentario muy exigente no se va a solucionar el problema. ¿Por qué los partidos políticos pagan el IVA? ¿Por qué pagan como empresas si no lo son? En todo caso son organizaciones de la sociedad civil. ¿Por qué los partidos políticos no pautan todos juntos y así consiguen mejores precios? Ni siquiera el Frente Amplio pauta todo junto. Es vital para la democracia buscar soluciones a estas desigualdades. Soy politóloga hace 25 años y recién vi estas desigualdades cuando lo viví en carne propia. A pesar de eso, si tenés plata te manejás con aparatos rentados. Cuando no la tenés te manejás con la militancia. Esto tiene como defecto que el militante trabaja y en ese momento no puede hacer política. La virtud es que hay un nivel de creatividad y compromiso mucho mayor al rentado. Claro que el militante también participa activamente y busca incidir. Si no fuera por la militancia no hubiésemos tenido el videoclip que tuvimos. Por eso digo que hay una cosa que el dinero no compra: la creatividad de una campaña no se consigue con dinero. Necesitás algo más. Ese plus puede pasar inadvertido pero hace la diferencia.
—¿Se sintió apoyada por la dirigencia frenteamplista?
—Por la dirigencia… Me sentí apoyada por la presidenta y por el equipo de Presidencia. Para ser una candidatura de ocho meses, logramos conformar grupos en todo el territorio nacional. Incluso en los lugares donde el Frente Amplio es más bajito, como en Rivera. En la campaña me impresionó el tema del dinero y de los medios. Los medios hacen un recorte de la realidad, después pasan una cantidad de cosas sobre la cual nadie pregunta nada. En segundo lugar, yo siempre digo que los periodistas me preguntan cuatro cosas: el tema de la Vicepresidencia, de (Danilo) Astori como ministro (de Economía si gana la Presidencia Tabaré Vázquez), la seguridad y la educación. Sobre la propuesta de reducir las Fuerzas Armadas alguno me pregunta también. Hay excepciones, pero en general, cuando voy a una entrevista el periodista está a la búsqueda del efecto sangre. Es decir, que yo hable mal del Frente, que hable mal de (el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández) Huidobro, de Tabaré, de Astori. A la larga el poner a unos contra otros genera sobre la gente la imagen de una política que no es. Hay mucho más acuerdos que peleas, si no, no sobrevivíamos acá adentro. Me parece que la gente a tendido a ver la campaña más hostil de lo que verdaderamente fue.
—Vayamos a un caso concreto. En el acto aniversario del Frente Amplio por el 26 de marzo, donde compartió escenario con Vázquez, varios dirigentes oficialistas quedaron molestos por su discurso al entender que salió a confrontar con el ex presidente.
—Todavía me estoy preguntando qué es lo que le molestó a los frenteamplistas.
—¿Pero le consta que generó molestias?
—Sí. Yo salí de ahí y me encontré a Tabaré felicitándome y abrazándome por mi discurso. Eso fue lo que pasó. Para ese discurso trabajé toda una semana; no fue una cosa improvisada. Y no hubiera hecho algo que fuera confrontativo con Vázquez teniendo a Vázquez allí enfrente. Sería una desinteligencia de parte mía. Qué les molestó a los frenteamplistas no lo sé. Realmente me pregunto qué fue. Yo creo que fue un buen discurso… Un buen discurso.
—En varios actos dijo que su candidatura y las ideas que planteó su grupo generaron un cambio en la estrategia que Vázquez tenía pensada. ¿Cree que el ex presidente hubiese hecho otro tipo de campaña sin usted?
—Sin duda.
—¿Le sorprendió que Vázquez se haya comprometido por ejemplo a otorgar el 6% del PBI para la educación?
—Sí. De hecho hubiese preferido comprometer metas, plazos y grandes objetivos. Me sorprendió. En este caso yo soy el desafiante de Vázquez. Así como en el Partido Nacional Luis Lacalle Pou es el desafiante de (Jorge) Larrañaga y en el Partido Colorado ya es más una repetición de una vieja contienda. El desafiante genera un espacio político nuevo. Lo que defendí en el arranque fue el valor de la interna. Está la tendencia a saltearse la interna como si estuviéramos en octubre, o como si estuviéramos en mayo. Como si estuviéramos luchando por las intendencias. Para el Frente y para los partidos tradicionales la interna es un trago difícil. No es algo que se anhela. Por eso yo sí hice una operación política para recuperar la interna como instancia electoral en sí misma, para que se vea que valía la pena. Sí construí un relato sobre eso: que esta era la interna, la de debatir, el momento de los frenteamplistas. La lucha será con la oposición y la derecha, pero este es el momento del debate nuestro.
—¿Qué queda para el día después de la interna?
—El resultado es muy determinante del después porque el resultado son muchas cosas. No solo cuántos nos van a votar a nosotros, que diría que es un número bien importante. También cuántos van a votar al Frente y cómo votamos nosotros en el país. El resultado nos va a mostrar la fuerza electoral que tenemos y cómo estamos distribuidos en el territorio, además de cómo va el Frente. A nosotros nos va bien si al Frente Amplio le va bien. Es una relación bastante simbiótica que al Frente también le costó entender. Nos va bien a todos juntos: a mí, a Tabaré y al Frente. Es una cosa que por supuesto para los que tienen más el sentimiento antitabarecista… la idea de que su voto ayude a Tabaré es vista negativamente.
—¿A qué atribuye la existencia de ese “sentimiento antitabarecista”?
—Los más antitabarecistas te dicen: “yo te voto a vos en junio, pero no voto a Tabaré en octubre”. Eso está clavado que existe. A mí me parece que ese rechazo a Tabaré proviene de dos fuentes distintas. Una es de mujeres que quedaron muy resentidas con el tema del aborto (cuando Vázquez vetó el proyecto que lo despenalizaba). Mal o bien el aborto fue un hito en este país. Para una izquierda más principista, está el tema de Estados Unidos y una dimensión de política internacional que no están dispuestos a compartir. Y entre los más jóvenes, más que un sentimiento anti, la figura de Vázquez no termina de cuajar. Pero que existe ese sentimiento, existe. Evidentemente no es tan mayoritario, si no, los números no daban lo que dan. Pero como existe, la posibilidad de que todo acumule para el mismo lugar se complica. Yo les digo que no están votando a Tabaré, sino que están votando al Frente Amplio. Si logramos construir ese espacio político alternativo va a ser apoyo para que nuestras visiones sobre las Fuerzas Armadas, el sistema de cuidados, la educación, y todas esas ideas, tengan el peso político suficiente como para poder generar posición dentro del Frente Amplio.
—¿Su candidatura sirvió para evitar la fuga de votos dentro del Frente Amplio? ¿Se fijaron una meta electoral?
—Eso dicen. Yo creo que el Frente pierde por izquierda y por derecha. Necesita mantener bastante amplitud ideológica para ser el 50% más uno (y mantener la mayoría parlamentaria). Las cifras están en las encuestas: unas nos dan el 11%, otras el 15%, y otras el 20%. Una buena votación es estar por arriba de lo que dicen las encuestas, eso es por definición. Lo importante es tener un buen respaldo a nivel nacional, y es lo que va a determinar las condiciones objetivas para enfrentar la construcción del espacio político propio.
—Se ha insistido con la idea de dar un “giro a la izquierda”. ¿Hay margen para que el Frente Amplio adopte ese camino en un posible tercer gobierno?
—Depende de qué entendamos por “giro a la izquierda”. Hay muchos que hablan de izquierda con un nuevo sentido. ¿Para qué hay margen? Una de las cosas en las que más enfatizo es volver a la planificación del desarrollo y a una política exterior de izquierda sin duda, que dé una lucha ideológica y conceptual contra la idea de que el Mercosur no sirve para nada y es un desastre. Uruguay tiene que defender la integración latinoamericana como un bloque. Es cierto que ha ido cambiando desde el primer gobierno al segundo. Mujica ha sido un mejor embajador de la política integracionista de lo que fue Vázquez. Una política de izquierda implica seguir pensando en la progresividad tributaria. El 6% del PBI para la educación ni que hablar. Sobre las Fuerzas Armadas seguro se puede dar un “giro a la izquierda”. Más que giro hay que volver a las posiciones históricas de la izquierda. En seguridad tenemos una discusión importante, he cuestionado varios proyectos que aprobamos en el Parlamento. Por otro lado, se puede tener una perspectiva mucho más de izquierda en materia de derechos humanos. El Estado tiene que apostar por lo menos a reconstruir la verdad histórica de lo que pasó.