N° 1839 - 29 de Octubre al 04 de Noviembre de 2015
N° 1839 - 29 de Octubre al 04 de Noviembre de 2015
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs común que las empresas contraten conferencistas para dictar “charlas motivacionales” y en especial durante los momentos difíciles, donde bajan las ventas, hay reducción de personal o incertidumbre sobre el futuro.
Pero una charla o conferencia, por excelente que sea, no va a lograr los efectos motivacionales deseados en el mediano plazo si la empresa no realiza sus propias acciones para motivar a la gente.
Motivación quiere decir tener un “motivo” para la “acción”. Hay motivos intrínsecos (cada persona tiene su propio motivador interno) y otros que son extrínsecos (como los premios, reconocimientos, bonus, etc.). Existen muchos autores que han escrito sobre este tema, pero básicamente todos coinciden en que es necesario realizar estas acciones:
Saber a dónde ir. En lo personal, no hay nada más motivante que tener un proyecto, un propósito que nos da la energía para continuarlo, aun cuando se presenten obstáculos. En lo organizacional es cuando la empresa tiene claras su misión, sus metas y un plan estratégico compartido con el personal.
Establecer metas desafiantes. Y estas metas no deben ser solo en el “qué” quiere lograrse, sino en el “para qué” lo queremos. No es lo mismo decir: “Vamos a vender un 20% más de lavarropas” que decir: “Vamos a darle más tiempo a un 20% más de clientes que usen nuestros lavarropas, para que lo pasen con sus familias”.
Recordar a quién se sirve. En un estudio realizado por la Radiological Society of North America (RSNA), se agregó la foto del paciente a la radiografía que el médico tenía que evaluar. El hecho de estar más cerca del cliente, de recordar que esa radiografía pertenece a una persona de carne y hueso, hizo que los estudios fueran más meticulosos y detectaran detalles en las placas que antes no se informaban.
Reconocer las conductas positivas. Para tener hay que hacer y para hacer hay que ser. El que tiene más es porque hace más y el que hace más, es porque es más. El alumno que tiene mejores calificaciones es porque estudia más (hacer) y porque es más responsable o más inteligente (ser). Las empresas deben reconocer primero el hacer (conductas) y luego el tener (resultados). Es una relación causa-efecto. Usted quiere crear hábitos. Los resultados vendrán luego.
Live, Love, Learn, Leave a legacy. El Dr. Stephen Covey (“Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”) nos dice que a las personas nos motivan cuatro grandes elementos. LIVE (la motivación económica). Vamos a trabajar por dinero, hacemos horas extras por dinero, jugamos al 5 de Oro por dinero. Pero no es la principal motivación, ni la más duradera. LOVE (reconocimiento social). El ser humano necesita saber que su tarea no es estéril, no es un Sísifo condenado a subir la piedra a una montaña y volver a arrojarla sin sentido. Desde una simple palmada en el hombro hasta sistemas más sofisticados son necesarios para motivar a la gente. LEARN (aprender). A muchas personas les motiva aprender cosas nuevas, cambiar de puesto de trabajo, innovar. LEAVE a legacy (dejar un legado). Es saber que nuestro paso por el mundo será apreciado por otros que vendrán.
Comunicar y dar feedback. Un buen líder comunica con pasión y convicción su visión del futuro. Le explica a la gente lo que quiere lograr y cómo piensa llegar. Si se vienen vientos fuertes, le avisa a la tripulación. Y les dice cómo corregir el rumbo porque el capitán quiere que sus marineros sean exitosos.
Cuando en las empresas no hay motivación, se refleja en claros indicadores: quejas de clientes, rotación de personal, ausentismo, faltas por enfermedad y, sobre todo, caras largas, caras aburridas, caras hoscas.
La motivación no se inyecta en una charla de dos horas ni se arregla con una chequera, sino que es necesario hacer lo que sugiere El Principito: “Si quieres construir un barco, no pidas a los hombres que busquen madera, ni les des órdenes, ni dividas el trabajo. En lugar de esto, enséñales a añorar la otra orilla del eterno mar”.