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    Mujica, que acusó a la FIFA de “manga de hijos de puta” y de aplicar sanciones “fascistas”, quiere “bajar la pelota al piso”, como Suárez

    El celo fue extremo. El joven se había comprado el videojuego oficial de Brasil 2014 y se disponía a comenzar una nueva partida cuando el programa le pidió una actualización. Segundos después que realizó la operación comprendió el cambio: ya no estaba el número 9 de Uruguay, Luis Suárez.

    Una cosa había llevado a la otra: la tercera mordedura del uruguayo durante un partido, la sanción de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), que afectó sus derechos individuales, hasta los de circulación, y un comentario agresivo del presidente José Mujica, dieron la vuelta al mundo y despertaron un nacionalismo poco común —salvo para cuestiones relacionadas con el fútbol— en Uruguay.

    Aunque dos días antes en la terminal aérea dio un mensaje pacificador, cuando Uruguay quedó descalificado Mujica se sumó a la pasión que alentaba teorías conspirativas y no anduvo con rodeos.

    “Que la FIFA son una manga de viejos hijos de puta” respondió Mujica en la tardecita del lunes 30, a la pregunta genérica de qué balance hacía, mientras saludaba uno a uno a la delegación uruguaya que venía de Río de Janeiro, luego de la contundente derrota ante Colombia.

    Apenas hizo el comentario, Mujica se tapó la boca con picardía, como si se hubiera arrepentido, aunque, de forma expresa, autorizó la difusión al periodista Sergio Gorzy.

    El presidente, sin embargo, creyó conveniente matizar su comentario: “Podían haber sancionado, pero no sanciones fascistas”.

    Este último aspecto, el alcance de las disposiciones de FIFA, que incluyó la prohibición a Suárez de entrada a los estadios y a la concentración celeste y hasta el ingreso de las caretas con su imagen, pareció el que produjo mayor irritación.

    La calificación de las sanciones de FIFA a Suárez de “fascistas” por parte de Mujica fue lo que más destacó el diario estadounidense “Washington Post”, uno de los muchos que se ocuparon del vínculo entre fútbol y política en estos días (ver también nota en página 33). 

    A pesar de que las denuncias de corrupción en el organismo internacional del fútbol no son nuevas y que casos como el del dirigente de Trinidad Tobago Jack Warner habían sido investigados por la cadena BBC y por la Justicia, apenas dos años antes, el presidente no se había expresado de manera tan crítica sobre el principal “viejo” de la FIFA, sino todo lo contrario. 

    “Largos años, larga vida y largo compromiso con esta parte de América”, le había deseado Mujica el 15 de junio de 2012 a Joseph Blatter, cuando el presidente de FIFA fue agasajado con un almuerzo en el Complejo Celeste.

    El suizo Blatter había llegado entonces a Uruguay como invitado de honor a los 150 años de Nueva Helvecia y el gobierno quiso aprovechar para aportar su granito de arena para que el país fuera sede, junto a Argentina, del Mundial de 2030 y no dudó en posar para los fotógrafos con un banderín oficial.

    Entre Figueredo, Casal y las piezas dentales.

    Entre el almuerzo en el Charrúa y la salida de Uruguay de Brasil 2014 habían pasado bastantes cosas. Para empezar, la mayoría de los que habían acompañado a Mujica a la comida con Blatter ya no integraban la Directiva de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Un “golpe de Estado”, en el que se intentó involucrar al presidente Mujica por su cercanía con el empresario Francisco Casal había terminado con la renuncia de Sebastián Bauzá y toda la Directiva. 

    La mecha había sido encendida por una denuncia penal en medio de la disputa por millonarios derechos continentales de televisación que enfrentó a Casal con el presidente de la Confederación Sudamericana (Conmebol), el también uruguayo Eugenio Figueredo.

    A la hora de defender los intereses de Uruguay ante el Comité de Disciplina de la FIFA después del incidente entre Suárez y el italiano Giorgio Chiellini, la figura del nuevo presidente de la AUF Wilmar Valdez no tiene el peso que había logrado Bauzá con años de trabajo. La defensa de Suárez, además de los abogados españoles y de los “neutrales” Jorge Barrera y Alejandro Balbi, quedó entonces en manos de Figueredo, que preside el comité organizador de la Copa y que estuvo presente en la reunión del Comité de Disciplina.

    En su primer descargo, en lugar de reconocer el problema que tiene, el delantero uruguayo firmó una declaración en la que proclama su inocencia. Sostuvo en el escrito que “luego del impacto, que me hace juntar las rodillas, pierdo el equilibrio, desestabilizando mi físico y cayendo por encima del oponente. En ese momento impacto mi cara contra el jugador dejándome el pómulo con un pequeño hematoma y un fuerte dolor en las piezas dentales, que determinó que el árbitro detuviera el partido. Ello ha sido lo que ha acontecido y en ningún caso (...) ‘morder’ o ‘intentar morder’”.

    Esa defensa no dio resultado. La FIFA decidió lo que el director técnico uruguayo Oscar Tabárez, en la conferencia de prensa previa al partido con Colombia, definió como “buscar un chivo expiatorio”.

    Ya pasada la chance de Uruguay, Suárez, asesorado por sus abogados y ante la posibilidad cierta de fichar por el club Barcelona, envió una carta a la FIFA desde Montevideo pidiendo disculpas y reconociendo la difundida mordida.

    ¡Qatar!

    Después de su salida de tono en el Aeropuerto de Carrasco, Mujica también bajó la pelota al piso. Consultado ayer miércoles por Búsqueda, el presidente dijo que no hablaría más del asunto.

    Allegados al primer mandatario, sin embargo, explicaron que Mujica está convencido de que “es muy difícil meterse con el fútbol a nivel internacional”, entre otras cosas porque el organismo “tiene funcionarios en cada uno de los Estados, entre ellos los presidentes de Peñarol, Juan Pedro Damiani y de Nacional, Eduardo Ache, que cobran importantes sueldos de la FIFA”. 

    Las fuentes de la Torre Ejecutiva indicaron que cuando Mujica hizo esas declaraciones sobre el organismo internacional expresó lo que realmente piensa y de hecho lo había manejado en reuniones privadas previas, aunque su idea “no era hacerlo público de esa manera”. De todas formas, no saldrá a hablar del tema porque piensa que “el que aclara, pierde”.

    Sin embargo, entre los allegados al presidente se parte de la base de que este expresó el sentir de los uruguayos y que, a diferencia de otras veces, su posición es más valorada en el país que en el exterior. El jefe de Estado, explicaron, se convenció del poder excesivo de la FIFA al comparar que en Uruguay, para impedir el ingreso de violentos al fútbol se necesita la orden de un juez, mientras que la FIFA se adjudica un poder mayor. Además, Mujica señaló a sus allegados que la mayor prueba de la corrupción es la designación de Qatar 2022, un país sin condiciones para un torneo de este tipo y sobre el cual han caído múltiples denuncias.

    Por otra parte, fuentes del gobierno indicaron que el vicepresidente Danilo Astori, si bien declaró desde París su apoyo a las declaraciones de Mujica sobre la FIFA, mantiene una postura diferente con relación al caso Suárez. Astori y en general los integrantes del Frente Líber Seregni (FLS), aunque comparten la pasión futbolística de los uruguayos que está en el trasfondo, no están de acuerdo en convertir al jugador en un “héroe nacional” sin tener en cuenta que cometió errores, más allá de criticar la desmesura de la reacción de FIFA.

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