N° 2039 - 26 de Setiembre al 02 de Octubre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUnas 300 personas (muchos de ellos empresarios) pagaron US$ 1.000 cada uno para escuchar al Pepe Mujica y así financiar su campaña electoral. Son los mismos que van a almuerzos y desayunos donde exponen políticos, pero pocos van a escuchar a verdaderos líderes globales, pensadores o innovadores.
Es raro que un empresario apoye las ideas que no fomentan la libertad de comercio, sino el estatismo y la tutela del poder político. Y menos aún que apoye a quien multiplicó el gasto público, hizo crecer el endeudamiento e hizo quebrar a Pluna, Ancap y el Fondes.
Mujica se queja del avance de las multinacionales. Advirtió que si no invierte el Estado, “las multinacionales se quedan con todo”, y que el Estado “tiene que defender a los pobres, a los del medio y a los ricos, porque los ricos del Uruguay son riquillos a escala mundial, y van camino a ser expropiados”. Si así fuera, el gobierno del Frente Amplio no debería haberle allanado tanto el camino a UPM para invertir en su nueva planta de celulosa, con condiciones que ningún inversor uruguayo tiene.
Critica a quienes arriendan sus campos en vez de explotarlos directamente, “porque si bien no les da mucha plata, la tienen segura”. Y también a quienes tienen sus ahorros en el exterior “porque no tienen dónde colocarla, pero a su vez Uruguay precisa inversores”. Son prácticamente los mismos argumentos que vemos en Argentina, donde nadie quiere invertir en un país con tantos impuestos, trabas burocráticas y un sindicalismo cuasi mafioso.
Mujica aseguró que cada vez más “vamos a estar obligados a tener más Estado”, porque hay “toda una serie de causas muy nobles” que llevan a que “hay que poner más plata”. Es el famoso “Estado presente” que llevó a la ruina a Cuba y a Venezuela, y ahora está haciendo lo mismo con Argentina. Si Uruguay sigue este camino, no será la excepción.
Sin embargo, en los países más libres, el Estado está menos presente en la actividad económica y está más presente en cumplir sus cometidos esenciales: seguridad interior, justicia y relaciones internaciones. Es todo esto lo que verdaderamente atrae inversiones. En Uruguay es al revés.
Agrega Mujica que “por la vía de los impuestos, el Estado no puede seguir creciendo, el Estado tiene que ser explotador de rentas (de sus actividades comerciales e industriales)”. Esta es la vieja y fracasada idea de don José Batlle y Ordóñez, quien soñaba en un Estado empresario ganando dinero para no tener que cobrar impuestos. Pero ya sabemos qué sucedió en estos cien años: los monopolios de Ancap, UTE, AFE, OSE, BSE o Antel terminaron gastando millones en despilfarros, clientelismo y tarifas caras, que luego hubo que cubrir con más impuestos. Nos quedamos sin el pan y sin la torta.
Pero estas ideas le encantaron al presidente de Abitab, quien dijo que la propuesta de Mujica es “revolucionaria” porque “se está proponiendo que haya una conjunción de la inversión pública y privada. El Estado invirtiendo, corriendo riesgo, pero no gestionando”. ¡Exactamente igual que en Pluna!, donde el Estado corrió con los riesgos, perdió más de 300 millones de dólares y los privados gestionaron las ganancias. ¡Bingo!
Si bien la conferencia se tituló Los desafíos del siglo XXI, Mujica no habló una sola palabra de los avances de la robótica, de la nanotecnología, de innovación, del trabajo a distancia, de las fronteras físicas que desaparecen con Internet, de la importancia de desarrollar habilidades blandas, de la imperiosa necesidad de desregular el mercado de trabajo, o pensar qué sucederá con nuestra industria cárnica si avanza la carne sintética o cómo crear mejores condiciones para fomentar el emprendimiento y la creación de nuevas empresas.
De nada de esto habló Mujica. Tampoco se lo reclamaron los empresarios (ni los presentes, ni los ausentes). Pero sí aplaudieron de pie, mientras se relamían pensando en un próximo contrato público-privado.