N° 2071 - 14 al 20 de Mayo de 2020
N° 2071 - 14 al 20 de Mayo de 2020
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace unos días, las gestiones del canciller Ernesto Talvi para que Uruguay atienda en tierra a los viajeros del crucero Greg Mortimer provocaron una extraña desinteligencia entre algunas de las principales autoridades del gobierno, lo que provocó un gran malestar en el ministro de Relaciones Exteriores, quien luego de que gestó y armó con su gente el operativo desembarco, vio cómo la Armada se adelantaba en ser la que anunciara públicamente la generosa medida.
No es la primera desinteligencia, por decir lo menos, que se desarrolla entre las principales autoridades de la coalición multicolor, y esto sin que el gobierno haya iniciado aún el trayecto que tenía planeado antes de las elecciones, entorpecido por la pandemia, gracias a la cual, paradojalmente, estas diferencias internas quedaron en un segundo plano.
No fue nada fácil armar la coalición gobernante. Su gestación estuvo cargada de roces e incluso cuando ya estaba acordada, el Partido Independiente se negó a aparecer en la foto con Guido Manini Ríos y su Cabildo Abierto.
Esta situación tuvo luego consecuencias, cuando Cabildo Abierto se negó a que se utilizara el nombre Partido Independiente como lema común para las elecciones departamentales. Manini llegó incluso a postularse a la comuna, en una de esas movidas políticas que son en realidad actos de presión muy bien pensados por el militar, que se ha revelado como un político astuto, inteligente, y que cuenta a su favor con ser la novedad más importante surgida de las elecciones, con un poder que lo convierte en un actor al que el presidente Luis Lacalle Pou no podrá nunca despreciar.
Esas elecciones departamentales, que causaron en Montevideo todos los roces, en Salto llegaron a provocar una crisis política, luego de que el sector colorado que lidera el expresidente Julio Sanguinetti considerara una traición el que los blancos hubiesen hecho un acuerdo con Cabildo Abierto para las municipales, entorpeciendo las chances de Germán Coutinho. Para los sanguinettistas, este acuerdo “afectó el clima de buena fe”, según una nota publicada por El Observador, en la que se señaló que como señal de rechazo, colorados de otros departamentos amenazan con hacer alianza incluso con el Frente Amplio para las municipales.
Si bien varias de estas situaciones quedaron empañadas por la emergencia sanitaria, esta no estuvo exenta de problemas para la coalición gubernativa, y en ellos Cabildo Abierto jugó un papel central.
Primero, mientras que el presidente y sus asesores evaluaban medidas para enfrentar el coronavirus, Manini Ríos —luego de confrontar con la posición del propio gobierno al rechazar que se subieran las tarifas— se descolgó con presentar en solitario ideas de apoyo a los más pobres que el gobierno ya pensaba anunciar.
Luego, el exjefe del Ejército devenido en político y el también cabildante ministro de Salud, Daniel Salinas, se manifestaron partidarios de una cuarentena obligatoria, lo cual no era la idea del gobierno.
Esto, y el hecho de que durante una conferencia de prensa por el tema del virus Salinas se desalineara de la posición oficial y dijera que la gente podía salir “un poquito” a la calle, ocasionaron fuertes rumores de que el ministro de Salud había presentado su renuncia. Manini negaría luego esto.
Cabildo Abierto también fue motivo de divergencias con algunos de sus socios cuando el presidente del partido, Rivera Elgue, dijo en una entrevista con la diaria que la dictadura militar (1973-1985) no fue tan dura porque los desaparecidos habían sido pocos.
Unas semanas después, en un claro intento —uno más— de darle a Cabildo un perfil de partido militar, Manini Ríos eligió el 14 de abril para hablar en el Senado de la “venganza” que la Justicia se está tomando con represores de los años del plomo. Por la pandemia, el 14 de abril no se pudieron hacer los actos militares que recuerdan esa fecha, pero del año 1972, cuando los enfrentamientos entre militares y tupamaros dejaron nueve muertos. Manini se encargó de que la reivindicación no pasara por alto para quienes supieron leer el mensaje.
Talvi y el líder del Partido Independiente, el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, le salieron al cruce. Esto motivó una rocambolesca situación cuando en la cuenta de Twitter de Rivera Elgue apareció un mensaje cuestionando a Talvi y a Mieres. Rivera Elgue dijo primero que le habían hackeado la cuenta y luego que un allegado había sido el responsable de ese mensaje que Manini Ríos se encargaría de legitimar públicamente al decir lo obvio: eso era lo que pensaba Rivera Elgue de sus compañeros de gobierno, aunque lo hubiese escrito otro. Un circo innecesario cuando el país vive horas amargas.
Si de problemas internos hablamos, no es menor el que enfrenta en el coloradismo a Sanguinetti con Talvi, luego de que el canciller se negó a nombrar en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) al hijo del expresidente, Julio Luis.
La idea del gobierno de nombrar a Julio Luis Sanguinetti en la CARU se debe a que ese cargo no necesita venia del Senado, con lo cual se evitaba que el nombre del hijo del expresidente fuera criticado por la oposición cuando el Parlamento votara la venia. El presidente Lacalle Pou trata de hacer ahora cintura entre las diferencias de los colorados (que llegaron a niveles de agresividad incluso personal, bastante inusuales en el coloradismo) y finalmente nombró a Julio Luis en la vicepresidencia de UTE, con lo cual en el Frente Amplio ya se maneja que van a desplegar sus baterías sobre este nombramiento cuando se vote en el Parlamento.
En tanto, la ley de urgencia, que fue y vino dentro de los partidos de la coalición multicolor, fracasará en varios artículos referidos a la seguridad pública que Talvi anunció que no votará, así como Sanguinetti y Manini adelantaron que no apoyarán la desmonopolización de los combustibles.
Sí, el Frente Amplio, en la oposición y en el gobierno, supo tener diferencias aun mayores que las enumeradas. Pero se trata de una coalición cimentada en medio siglo de vida durante el cul aprendió a hacer de las diferencias y su debate una, a veces extraña, forma de mantener la unidad.
Esta coalición es un experimento político gestado en parte a fórceps y el futuro del país pinta lo suficientemente sepia como para que los multicolores lo empiecen ya a llevar a negro.
Se sabía, se veía, que esta coalición iba a tener que desarrollar ingentes cantidades de tolerancia interna, de flexibilidad, de madurez política para no fracasar a poco de andar. Porque no es necesario que se rompa para fracasar, alcanzaría con que las diferencias no permitan implementar los cambios por los que los uruguayos votaron.
Luego de 15 años de gobiernos frenteamplistas, la mitad del país vio en esta coalición una esperanza de nuevos cielos, de sangre renovada, de terminar con algunos elefantes blancos que cierran el camino para mejorar.
Le tocó enfrentar la peor pandemia de los tiempos modernos y todo indica que lo está haciendo bien. Quizás no sea un modo de funcionamiento replicable para otros asuntos más variados y polémicos. No lo sé. Lo que sí parece claro es que la gente espera que esta unión no tenga nada que ver con la maniquea frase borgeana de que lo que no une el amor puede unir el espanto. Lo que la gente seguramente espera es que la unidad del gobierno esté cimentada por la responsabilidad institucional y por el compromiso implícito que firmaron ante la ciudadanía de que nos van a legar un país mejor.