Nº 2109 - 4 al 10 de Febrero de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEnseña Heidegger que el ser del Dasein es el cuidado, el estar atento, el escuchar la llamada de que es uno quien puede hacer algo con su existencia. El vivir no tiene ninguna referencia, no hay otra cosa que el cuidado que uno tenga sobre su propio Dasein. Eso es lo que entendemos por sentido. Para cualquier ente que no sea el Dasein el sentido de su ser es el mundo en el que se encuentra inserto, atrapado; Heidegger nos va a explicar que el sentido de algo es aquello por lo cual algo es inteligible, como la cosa que es, porque el sentido es el para qué de la cosa, que para el filósofo es precisamente el qué de la cosa.
La diferencia entre el Dasein y el resto de los entes radica en que el Dasein fija él su propio sentido, es lo que decide ser, no lo que fatalmente le toca por ocupar un determinado lugar en el universo, por haber aparecido en una época dada. Para que se entienda se me ocurre como ejemplo la suerte de la multiprocesadora de alimentos: la multiprocesadora, habida cuenta de lo que es, va en función del mundo de la cocina; su mundo está poblado por las zanahorias, los ajos de intenso aroma, los morrones rozagantes, por las recetas que incluyen esos productos, por el hambre que tienen los comensales, por las perspectivas del negocio gastronómico, por las tendencias que ponen de moda la dieta vegana o vegetariana, por las funciones y fines de la alimentación en los procesos biológicos. En ese ambiente lo que se ve y domina es la cantidad de verduras que la multiprocesadora procesa, las recetas que incluyen esas verduras; también interviene, notoriamente, el hambre o el placer de los comensales, así como las perspectivas del negocio gastronómico. ¿Es útil comprar una multiprocesadora? Sí, sirve la operación porque hay un vasto público al que atender, porque se verifica que hay un mercado en crecimiento que cada día demanda reconfortantes platos de verduras frescas. El campo de la multiprocesadora, en rigor, es muy determinado; cuando la multiprocesadora vino al mundo todo ese conjunto de necesidades, toda esa variedad de actores se congregaron en torno a ella, acudieron a su cuna para anunciarse y facilitarle el destino para el que fue inventada y producida.
El sentido del Dasein, en cambio, es función, no de algún mundo, sino del propio tiempo. El Dasein no viene a un mundo que ya está armado, donde hay gente que tiene hambre, un mundo donde hay hortalizas plantadas, un mundo donde se maneja el negocio de la gastronomía, un mundo donde la gente tiene que alimentarse y busca platos frescos de verduras nobles. No. El Dasein está arrojado a un mundo extraño, y cuando se reconoce a sí mismo se descubre suspendido en la nada. Lo único que el Dasein tiene es el propio tiempo, que es el sentido, que es hacia dónde va; ir hacia algo implica desplegarse en el tiempo, eyectarse hacia adelante; lo escribe claramente en una de sus conferencias de 1955 donde describe la trascendencia como rebasamiento, como ruptura del estrecho límite de la inmediatez, como trascendencia pura: “Y así el hombre, como trascendencia existente que abunda y sobrepasa hacia posibilidades, es una criatura de la distancia. Solo a través de las distancias primordiales que establece hacia todo ser en su trascendencia, florece en él una verdadera cercanía a las cosas”.
Las casi 500 páginas de Ser y tiempo concluyen, por donde sea que se las aborde, en que todo el problema del Dasein consiste en el estar atento, en saber “escuchar” lo que se abre delante, en dotar de sentido, de un para qué al ente que somos. Debido a que el Dasein no tiene suelo (flota en la nihilidad) lo único que puede hacer es proyectar, querer ser algo. A esto Heidegger le llama temporalidad auténtica, que es el tiempo visto o entendido de una manera existencial, el tiempo como componente necesario del ser. Por oposición a esto nos muestra lo que denomina la temporalidad inauténtica, que es la forma cotidiana, científica de ver el tiempo, es decir, la forma de medir el tiempo usando relojes, o con el tiro de una piedra que se lanza y recorre una distancia en cierto tiempo, cuyo resultado surgirá de una fórmula matemática. Esa es la forma científica y cotidiana de considerar el tiempo. Heidegger nos dice otra cosa, nos dice que el tiempo es el ser, que no se puede expresar geométricamente.