Nº 2088 - 9 al 15 de Setiembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Sir Ken murió el sábado 21 de agosto de 2020, después de una vida extraordinaria como uno de los principales pensadores del mundo en creatividad e innovación. Criticó a los sistemas educativos contemporáneos porque forman estudiantes para convertirlos en buenos trabajadores en lugar de pensadores creativos”.
La charla de Ken Robinson en el evento TED 2006 titulada Las escuelas matan la creatividad tuvo más de 66 millones de visitas y nos hace repensar el modelo educativo de Occidente, que no está dando los resultados deseados: altos índices de deserción estudiantil, jóvenes aburridos y docentes desmotivados.
No es un tema de dinero. Comenta Robinson que en Estados Unidos (donde vivió los últimos 15 años) se gasta mucho en educación, hay menos alumnos por clase que en otros países y cada año hay iniciativas para mejorar el sistema; sin embargo, hay localidades que tienen una deserción del 60% y en ciertas comunidades indígenas llega al 80%.
El problema que él identifica es que ese dinero no fluye en la dirección correcta, que sería la de irrigar tres principios que hacen que la vida humana florezca:
Los seres humanos somos naturalmente diferentes y diversos. Sin embargo, el sistema educativo los trata a todos como iguales. Es un sistema que no se basa en la diversidad, sino en la conformidad.
Los seres humanos somos curiosos. Si un docente logra encender la chispa de la curiosidad en un niño, este aprenderá sin mucho esfuerzo y sin necesidad de mucho apoyo. La curiosidad es el motor del éxito para cualquier persona, pero las escuelas apagan esa curiosidad. Su prioridad es cumplir con el programa oficial y lograr un buen lugar en el ranking de pruebas estandarizadas.
La vida humana es inherentemente creativa. La clave es entender que cada ser humano va creando su propia vida y —lo más importante— podemos recrearla muchas veces mientras vivimos. El sistema educativo está pensado a contra natura: que una persona recibe una información y una formación para desarrollarla toda su vida. Incluso el sistema de jubilaciones está pensado de tal manera: cada actividad o profesión tiene su propio sistema de aportes, basado en la idea que toda tu vida vas a hacer lo mismo. Pero cada día es menos así.
Dice Robinson que los mejores sistemas hacen estas cosas:
Individualizan la enseñanza y el aprendizaje. Reconocen que quienes están aprendiendo son alumnos a los que hay que involucrar y desarrollar su curiosidad, individualidad y creatividad.
Le dan un alto estándar y reconocimiento a la profesión docente, con buenos salarios y buen estatus social. Ser docente es buena cosa.
Delegan la responsabilidad al plano escolar para completar el trabajo, dando más libertad al centro educativo y menos al centralismo, ya que el proceso educativo no funciona en las oficinas de los jerarcas que lo diseñan, sino en los salones de clases y en las escuelas.
Para terminar, Robinson comenta que vive en California cerca del llamado Valle de la Muerte, cuyo nombre obedece a que el clima es tan caluroso y árido que allí nada florece. Sin embargo, en el año 2004 llovieron 177 mm durante un breve período y en la primavera siguiente todo el valle se cubrió de flores por un tiempo. La conclusión es que el Valle de la Muerte no está muerto, está latente.
Lo mismo sucede con el sistema educativo. Debajo de la superficie hay semillas de posibilidad esperando las apropiadas condiciones para desarrollarse. Y, como todo sistema orgánico, si las condiciones son propicias, la vida es inevitable.
Desde el blog oficial de TED se despidieron de este gran hombre con estas palabras: “Sir Ken Robinson sigue vivo en la mente de millones. En su esencia, creía que la creatividad es el acto esencial de vivir, de navegar en un mundo fundamentalmente impredecible”.
Es a esto a lo que debemos apostar: a formar personas que puedan disfrutar del aprendizaje, elegir y construir su propio destino y tener la capacidad de adaptarse y recrearse cuantas veces sean necesarias. En definitiva, de eso se trata la vida misma.