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    Nada es tan terrible, ¿también en la empresa?

    Nº 2093 - 15 al 21 de Octubre de 2020

    ¿Podemos ser felices aun cuando tengamos un trabajo que no nos gusta, es aburrido o con poco sentido? La mayoría de las personas diría que no y, de hecho, el estudio State of the Global Workplace realizado por Gallup en 155 países, muestra que solo el 15% de los empleados están felices en sus empleos. Pero los psicólogos y neurocientíficos concluyen lo contrario: sí podemos ser felices, aun en condiciones adversas.

    El error que cometemos los comunes mortales es creer que los hechos que nos suceden afectan directamente nuestras emociones. Por eso, cuando nuestro jefe nos observa, un cliente se queja o no logramos un objetivo, sentimos que el mundo se nos viene abajo. Pero lo que verdaderamente sucede es que “nuestra mente crea la realidad y, por lo tanto, la manera en que pensamos determina la forma en que sentimos”, tal como lo demuestra el neurocientífico Facundo Manes en su libro Usar el cerebro.

    Si “el cerebro dicta toda nuestra actividad mental, desde cómo respirar hasta los pensamientos filosóficos más elaborados”, ¿cómo hacer para controlarlo? ¿Cómo evitar que la avalancha de miles de pensamientos negativos que nos invaden “naturalmente”, no nos bloqueen y nos amarguen la vida?

    Rafael Santandreu, psicólogo español, nos da algunas sugerencias muy prácticas y racionales.

    Primero, no debemos “terribilizar”, es decir, pensar que los errores que cometemos o los traspiés que nos plantea la vida, son mucho más terribles de lo que realmente son. Tendemos a exagerar las consecuencias nefastas de nuestros actos y eso nos llena de temor y angustia.

    Para paliar este efecto nos recomienda utilizar la “línea de evaluación de las cosas de la vida”, donde podemos calificar cada hecho desde “fantástico” a “terrible”, y cuando evaluamos objetivamente cada caso, vemos que nuestra calificación siempre es peor que la realidad.

    La prueba del nueve de esta escala es hacer comparaciones. Si calificamos de terrible perder el empleo, ¿cómo calificaríamos el estar en guerra y una bomba cae sobre nuestra casa?, ¿cómo calificaríamos estar en un campo de concentración? Si estas dos situaciones son “terribles”, la pérdida del empleo o no llegar a las metas mercerían una calificación mucho más suave (y realista).

    Esa desesperación por “tener” (cosas materiales e inmateriales) dice Santandreu que nos causa dos problemas: el estrés por conseguirlas y la angustia por temer a perderlas.

    Otro paradigma que debemos manejar es lo que llama la “necesititis”. Es creer que “necesitamos” tener éxito, dinero, pareja, familia, prestigio, salud o amigos para poder ser felices, cuando en realidad lo único que necesitamos es poder cubrir nuestras necesidades básicas de alimento. ¿Pero cómo puede ser así? ¿Es que acaso nos propone ser unos Kung San (bosquimanos) que apenas trabajan dos horas por día y el resto no hacen nada?

    No se trata de eso. Se trata de buscar nuestras metas, pero disfrutando del proceso. También de estar preparados para “renunciar” a cosas que nos parecen imprescindibles, cuando, en realidad, no lo son tanto.

    Hay empresas que logran resultados excepcionales y lo hacen con una carga emocional mucho más controlada, de forma más natural y disfrutable. Son lugares donde dicen “gracias a Dios es lunes” y no: “gracias a Dios es viernes”. En definitiva, entienden que, también en la empresa, pocas cosas son verdaderamente terribles.

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