Nº 2092 - 8 al 14 de Octubre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPerder el empleo, no llegar a las metas, divorciarse o contraer una enfermedad son situaciones que consideramos “terribles” y nos afectan emocional y físicamente. Sin embargo, Rafael Santandreu (famoso psicólogo español y best seller) nos dice en su libro que “nada es tan terrible” y somos nosotros —con nuestros propios pensamientos— los que exageramos las consecuencias negativas de cada insuceso.
El gran Winston Churchill dijo: “Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás ocurrieron”. Pero el cerebro no distingue la realidad de la ficción. Al pensar en algo negativo (aunque no esté sucediendo en el “mundo real”), el cerebro lo vive como tal, por lo tanto, dispara reacciones físicas y químicas en el cuerpo: aumenta el ritmo cardíaco, produce adrenalina y cortisol, mientras disminuye la serotonina (el neurotransmisor de la felicidad).
Santandreu —quien practica la psicología cognitiva— nos dice que tenemos que cambiar nuestro set de creencias y convencernos de que realmente necesitamos muy pocas cosas (materiales e inmateriales) para ser felices. La clave está en dejar de preocuparse, disfrutar más intensamente de las pequeñas cosas de la vida y acabar con todos los miedos, la mayoría de los cuales son ficciones creadas por nuestra mente.
Uno de los motivos por los cuales la gente no disfruta de su trabajo lo atribuye a la “ansiedad de rendimiento”, es decir, obligarnos a tener siempre resultados positivos, sin disfrutar del proceso para conseguirlos. Algo similar le sucede a los hombres que quieren “rendir” sexualmente: es tal la presión por demostrar su masculinidad que terminan no pudiendo tener sexo.
Dice Santandreu: “El secreto de mi libertad frente a la ansiedad de rendimiento es que, aunque parezca extraño, a mí me importa muy poco el resultado de la conferencia que tengo que dar. De alguna manera, tengo muy claro que lo principal no es ‘dar información’ o ‘hacerlo bien’, sino contactar con las personas, amarlas, hacer algo hermoso. ¡Y punto! ¿Qué habría más valioso?”.
Una de las paradojas del rendimiento es que cuanto menos nos preocupamos, mejor rendimos, ya que sin esa carga emocional todo fluye mejor. Como dijo el Maestro Tabárez: “la recompensa es el camino”, ya que lo único que podemos hacer es “aquí y ahora”, en el presente, no en el futuro.
No tiene sentido trabajar sufriendo hoy para obtener determinados premios mañana que, una vez obtenidos, nos harán disfrutar. Si esos momentos llegan, suelen ser muy efímeros. Sin embargo, si gozamos del camino, del día a día, el “premio” es constante e inmediato.
El autor afirma (basado en su gran experiencia con pacientes) que “el verdadero éxito es fruto del disfrute y del crecimiento natural a partir de lo sencillo”, más que asignarlo al talento y al esfuerzo, ya que cuando las personas disfrutan de lo que hacen, desarrollan talentos y no perciben la tarea como un “esfuerzo”.
Pero ¿qué sucede si tenemos un trabajo que no nos gusta o es aburrido o con poco sentido? En estos casos nos recomienda hacer unos “esquemas de disfrute”, donde dibuja en papel unos esquemas de las tareas a realizar, de una manera que esa actividad se vea motivadora, divertida y simple.
En última instancia, si algo no sale bien, no debemos “terribilizar”, ya que podemos ser felices con muy poco si ordenamos nuestros valores y creencias. Pero ¿cómo hacerlo? Lo veremos en la próxima columna.