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    Naftalí Bennet lidera el nuevo gobierno multicolor de Israel

    Nº 2127 - 17 al 23 de Junio de 2021

    El Parlamento israelí (Knesset) aprobó el pasado domingo por 60 votos contra 59 la asunción del Bloque del Cambio, una alianza opositora formada por partidos muy diversos, poniendo fin al ciclo de 12 años de Benjamín Bibi Netanyahu como premier. La tormentosa sesión, repleta de interrupciones y gritos, francamente no fue digna de un legislativo democrático. Según el analista político David Brinn, “fue una vergüenza nacional... el primer ministro entrante estaba haciendo su discurso antes de jurar como jefe de la nueva coalición, que armó el grupo más diverso de partidos que Israel haya visto jamás, e hizo todo lo posible, como debía, para agradecer a Netanyahu sus incesantes esfuerzos al servicio del país. En lugar de una recepción amable y un traspaso ordenado del poder, Bennet se encontró con un ataque verbal malicioso y planificado en su contra”.

    Los opositores se negaron a dejar hablar tranquilo a Bennet, interrumpiéndolo sin un mínimo de respeto. Bennet mantuvo la compostura y tuvo una réplica inteligente, diciéndoles que “el tono de sus gritos es tan fuerte como su fracaso en la conducción del país”. Por otra parte, Bibi también recibió su cuota de gritos e interrupciones, pero su discurso fue mucho más agresivo e incluyó la promesa de intentar la pronta caída del gobierno. No hubo la más mínima señal de buena voluntad. Estos hechos revelaron que, efectivamente, era hora de un cambio. El concepto de democracia se debilitó entre quienes ocuparon tanto tiempo el poder. Nadie niega el enorme progreso y fortalecimiento israelí durante la era Netanyahu, pero su afán de perpetuarse en el cargo afectó seriamente su conducta. Este factor, la desconfianza total de sus antiguos aliados, pesó más que las afinidades o diferencias ideológicas.

    Ocho partidos integran la coalición, que encabezará dos años Naftalí Bennet y los dos siguientes Yair Lapid, quien asumió como canciller. El partido político de Bennet, Yemina, cuenta con solo seis diputados, pero su participación era la clave para alcanzar la mayoría de 61 diputados. Nacionalista, liberal en lo económico y “halcón” en temas de seguridad, defiende anexar la zona C de Cisjordania (Judea y Samaria), que los acuerdos de Oslo dejaron bajo control israelí. Apoyó con reparos el último plan de paz presentado por Washington, aunque se prevé que si se reanudan negociaciones directas con los palestinos podría ser más pragmático. Las áreas A y B están gobernadas de modo autónomo por la Autoridad Palestina, presidida de facto por Abu Mazen —sucesor de Arafat— desde Ramallah. Gaza es el feudo del grupo terrorista islámico Hamás desde 2007.

    Los demás integrantes del nuevo gobierno son el centrista laico Yesh Atid (17 legisladores) de Lapid, Tikvá Hadashá (nacionalista conservador, seis), Israel Beiteinu (derecha laica, siete), Kajol Laván (centro, ocho), Avodá (el histórico laborismo de Ben Gurión e Itzjak Rabin, siete), Meretz (socialista, seis) y Raam. Este último, con cuatro bancas, es un partido musulmán y se integra por primera vez en la historia a un gobierno nacional. Nunca dirigió la nación hebrea una fuerza tan heterogénea.

    Naftalí Bennet, de 49 años, nació en Haifa y formó parte de la unidad militar de élite Sayeret Mankal, que actúa detrás de las líneas enemigas. Estudió Derecho y creó una empresa tecnológica cuya venta lo hizo rico. Representa la imagen del triunfador que se hizo a sí mismo. Luego se integró a la política, y se define como un religioso moderno, en contraste con los “haredim” —ultraortodoxos—, cuya vida está muy apartada del Israel moderno. En la polarizada sociedad actual, Bennet cae bien tanto a judíos ortodoxos como laicos. Apoyó el plan de abrir un sector del Muro occidental para grupos reformistas, donde mujeres y hombres podrán compartir el espacio, y también se declara respetuoso de la diversidad sexual. En la lucha contra la pandemia tuvo un rol de esclarecimiento decisivo.

    La conducción del nuevo gobierno será difícil de gestionar, dadas las diferencias ideológicas, pero hay acuerdo en objetivos clave: aprobar el presupuesto nacional, limitar a dos períodos el cargo de primer ministro, recuperar el empleo y el turismo, combatir la violencia dentro de la sociedad árabe y tranquilizar a la ciudadanía tras tiempos difíciles.

    En temas de seguridad, Israel ve en la dictadura teocrática iraní un riesgo existencial, y continuará con acciones directas para evitar que obtenga armas atómicas. Incluso si las potencias firman un nuevo acuerdo con los ayatolás, Jerusalén aclaró que no será parte del mismo ni estará limitado por este. El recuerdo de Chamberlain intentando ingenuamente apaciguar a Hitler a costa de Checoslovaquia continúa muy presente en la memoria judía.

    Finalmente, el Estado hebreo intentará sumar nuevos Estados árabes a los Acuerdos de Abraham, que condujeron a firmar la paz con varias naciones del Golfo, Sudán y Marruecos. El principal objetivo es incorporar a la poderosa Arabia Saudita, con la cual existe una colaboración de hecho frente al expansionismo de Irán. Asimismo, la nueva coalición integrada por partidos de izquierda, centro y derecha, profundizará los lazos con el Partido Demócrata americano, para fortalecer el apoyo bipartidista de Washington a Israel, hecho que se vio afectado por la cercanía de Netanyahu al expresidente Donald Trump.

    Está a la vista que al equipo Bennet-Lapid le espera un trabajo duro en varios frentes.

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