Nº 2270 - 4 al 10 de Abril de 2024
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNi un paso atrás. Esa debe ser una de las frases más frecuentes en las campañas electorales que tienen lugar una vez cada cinco años. Por supuesto que los que la repiten como un mantra son los que están en el oficialismo, pero trasciende a partidos e ideologías. Los más férreos defensores del gobierno de turno suelen abrazarse al final del período a ese concepto para tratar de convencer a la opinión pública: ni un paso atrás.
Ahora lo están utilizando principalmente dirigentes del Partido Nacional, en especial del Espacio 40, aunque también recurren a él colorados, cabildantes y algunos integrantes del Partido Independiente. Antes, hace cinco años, eran los frenteamplistas más militantes los que repetían esa frase y hasta la pintaban en muros o la exhibían en pasacalles.
Es casi imposible no compartirla. El objetivo de la política tiene que ser siempre intentar avanzar hacia un lugar superior, lograr que todos los ciudadanos tengan mejores condiciones de vida y para eso es elemental caminar siempre hacia adelante. Los pasos atrás, aunque sean para tomar impulso, nos alejan de la meta y retrasan.
Así que es un buen compromiso de campaña. No parece muy sensato que la gente vote para dar pasos hacia atrás. Pero también es arbitrario y subjetivo. Lo que para algunos son pasos hacia atrás y medidas que solo sirven para el retroceso para otros son saltos hacia adelante que acercan al país a un nivel superior en su camino hacia el desarrollo.
Por lo tanto, su veracidad y su impacto en los votantes más inteligentes seguro que debe ser muy relativo. Sí sirve como bandera para los que ya están convencidos, los que asumen de antemano, sea lo que sea que presente el otro bando, que no es posible avanzar si asume el gobierno de la orientación ideológica contraria.
Sin embargo, hay algunos aspectos en los que la mayoría de los uruguayos parecen estar de acuerdo y en los que sería muy importante no dar un paso hacia atrás. Al menos así lo demuestran las acciones que llevaron a cabo los tres principales partidos políticos —el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Frente Amplio— cuando les tocó estar a cargo de la administración pública. Entre los tres construyeron desde el poder algunos cimientos que hoy son una realidad y que, por más que se podrían mejorar, sería bueno no demoler.
El primero de ellos es la promoción de inversiones privadas locales y extranjeras como forma de hacer atractivo al país y de generar más exportaciones y empleos. Más allá de que el régimen es perfectible, ha sido uno de los principales motores del crecimiento de la economía durante los últimos años y todos los gobiernos —de izquierda, centro y derecha— que han transcurrido desde la restauración democrática apostaron y apuestan por ese camino. Por más que un sector del Frente Amplio se oponga sobre todo a los inversores privados extranjeros, las administraciones en manos de la colectividad política les abrieron las puertas, para beneficio del país. Y está bien, ni un paso atrás en este tema vital.
El segundo son las AFAP, uno de los pilares centrales del actual sistema previsional uruguayo. Es cierto que algunos sectores políticos y sindicales ubicados a la extrema izquierda las quieren eliminar y que hay un plebiscito constitucional en puerta con ese objetivo, pero la realidad muestra que todos los últimos gobiernos, incluidos los tres del Frente Amplio, apostaron por ese mecanismo y hasta se beneficiaron de él porque, con los fondos previsionales, se solventó parte del déficit fiscal y se invirtió en obras y proyectos productivos. No quisieron dar un paso atrás en ese sentido y es una buena noticia que así haya ocurrido. Ojalá dure.
El tercero es el respeto a las principales reglas de la democracia. No quiere decir que sea generalizado pero la inmensa mayoría de los uruguayos son demócratas y eso hace la diferencia. Aquí han gobernado los principales partidos en buenos y malos momentos desde 1985 y a nadie sensato o con un poder de liderazgo considerable se le ha ocurrido impedirlo. En eso también es necesario no dar ni un paso hacia atrás.
Muchas otras cosas van y vienen. Y está bien que así sea. Pero en estos tres casos y en otros parecidos ni un paso atrás. Nunca.