N° 2018 - 02 al 08 de Mayo de 2019
N° 2018 - 02 al 08 de Mayo de 2019
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 1º de mayo se celebra el Día del Trabajador. Yo soy un trabajador. Pero no celebro este día porque lo han transformado en un acto político promarxista, donde no defienden al verdadero trabajador, sino al proletario, al obrero supuestamente explotado y al empleado dependiente. Y si bien trabajé más de la mitad de mi vida en relación de dependencia, nunca me consideré ni dependiente, ni proletario, ni explotado.
Para el PIT-CNT el trabajo es sinónimo de yugo, de sufrimiento y dominación. Para mí, no. Considero que el trabajo eleva y dignifica, si se lo hace con gusto, pasión y responsabilidad. Pero ellos no promueven estos valores, sino los contrarios.
A pesar del fracaso estrepitoso que ha sido el socialismo y el marxismo en todas sus versiones y variantes, es común ver cómo los Primero de Mayo se sigue defendiendo la teoría del valor del trabajo y la plusvalía que le “apropia” el empresario al “pobre” trabajador. Nada más irreal.
El trabajo (es decir, el valor que cada persona le da a su tiempo, conocimiento y esfuerzo a cambio de una paga) no se determina por los costos de producción de un producto determinado, ni por su precio de venta, ni por la relación estatal, sino por el valor de mercado.
Y el mercado laboral no es otra cosa que miles de personas de un lado que ofrecen su tiempo, talento y experiencia a cambio de un salario y, del otro lado, otros cientos de empresarios o contratistas que necesitan de tales habilidades. Mientras ambos puedan llegar a un acuerdo libre y voluntario, ese precio será el “precio justo”.
Pero no es la visión de los que dicen defender al trabajador. Al forzar los valores al alza de ese “justiprecio” (por ejemplo, a través de leyes, convenios, consejos de salarios o fijación de salarios mínimos), lo único que hacen es aumentar los precios de los productos vendidos (que son comprados por los mismos trabajadores) y también tienden a crear desocupación, ya que “lo que no se ajusta por precio, se ajusta por cantidad”.
Paradójicamente, los países donde los trabajadores asalariados y con menos capacidades técnicas tienen mejores ingresos y mejor calidad de vida (porque acceden a productos y servicios de mejor calidad y más baratos) no son los países socialistas o marxistas, sino los capitalistas.
Es que el libre mercado fomenta la competencia, lo que lleva a las empresas a vender productos cada vez mejores y más baratos, ya que aumenta la productividad, la innovación y la mejora de procesos. Si no lo cree, piense en lo que costaba un celular hace 10 años y lo que cuesta ahora. Y también piense en cuáles eran las empresas líderes y cuáles son las que lideran ahora. Nokia, el gran líder durante años, hoy casi no existe. Samsung está a la cabeza y hace 10 años apenas figuraba en el sport. Y nuevos actores como Huawei y Xiaomi ya están en los “top 5”.
Esto demuestra que el libre mercado es el mejor mecanismo para lograr movilidad social, tanto en el mundo empresarial, como para cualquier persona o familia. Durante los regímenes monárquicos o totalitarios, los “ricos” eran siempre los mismos, generación tras generación. Pero bajo el sistema capitalista la movilidad es enorme.
Si uno analiza el ranking de las cien personas (o familias) más ricas en Estados Unidos hace cincuenta años y lo compara con los cien más ricos hoy en día, verá que la inmensa mayoría son caras nuevas. Si hace este mismo ejercicio en países socialistas, estatistas, prebendarios o con economías cerradas o “protegidas”, verá que son casi siempre los mismos.
Si celebrar el Primero de Mayo es celebrar las mejores condiciones para la vida laboral, donde las personas puedan trabajar en lo que les guste hacer, donde reciban un buen trato personal y económico por su aporte y, si ningún empleador les gusta, puedan fácilmente crear su propio emprendimiento y ser jefes de sí mismos, lo que tienen que defender es el capitalismo, no el socialismo.
Por este y otros buenos motivos, no celebro el Primero de Mayo. Celebro el trabajo y el trabajar. Y no es eso lo que van a festejar quienes asisten a este acto político-sindical.