N° 1985 - 06 al 12 de Setiembre de 2018
N° 1985 - 06 al 12 de Setiembre de 2018
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDespués de su muy honrosa participación en el reciente Mundial de Rusia, la selección mayor habrá de volver el viernes 7 a la actividad, enfrentando a su similar de México, en un partido amistoso que se disputará en la ciudad de Houston, en los Estados Unidos.
Se trata de un hecho auspicioso, y ello por varias razones. Porque va a permitir mantener en rodaje al “equipo de todos”; porque reafirma la continuidad del propio proceso integral de las selecciones nacionales; porque es una excelente oportunidad para que el técnico Fabián Coito pueda ratificar las bondades ya mostradas dirigiendo algunas selecciones juveniles; y de paso, porque va a posibilitar que —como una suerte de oasis en medio del desierto— los aficionados al fútbol puedan centrar su atención (aunque sea fugazmente) en algo diferente a los escabrosos episodios que tienen como epicentro a la AUF, o aun mismo, a la rotunda mediocridad imperante en el desabrido torneo local, actualmente en disputa.
Como es notorio, y como directa consecuencia de la atípica situación por la que atraviesa el organismo rector de nuestro fútbol, aún no se pudo concretar la previsible renovación del vínculo contractual que le ligaba con el Maestro Tabárez, no obstante el elogiable empeño de Edgar Welker en tal sentido, en su muy breve interinato al frente de la AUF.
Es que si en algo hay una coincidencia casi plena entre la gente de fútbol, es en el acierto del modelo instaurado y conducido ininterrumpidamente por Tabárez, en cuanto ha sido abarcativo de todas las selecciones de nuestro fútbol, desde la Sub-17 hasta la mayor; lo que le ha permitido sacar el mejor partido del tránsito de sus dirigidos de una categoría a otra superior, al estar perfectamente adaptados a un estilo de conducción común, dentro y fuera de la cancha. Dentro de ese esquema inusual en nuestro fútbol, debe verse como algo natural que también los técnicos que han estado al frente de esas diversas formaciones juveniles, puedan —dentro de ese mismo modelo evolutivo— aspirar a dirigir a la selección mayor; aunque ello hoy se deba a la circunstancial ausencia de su líder natural.
La especial situación antes descrita plantea con todo algunas perplejidades. La primera es saber si la convocatoria del plantel para este partido ante México ha sido producto de la autónoma decisión de Coito o ella refleja o respeta la idea de Tabárez a tal respecto. Lo que conduce inevitablemente a la duda de cómo aquel habrá de encarar este partido, tanto en la conformación de la oncena titular como en el patrón o sistema de juego a utilizar. Para ser más concreto: si el viernes se verá más de lo mismo (al fin y al cabo, la conformación del plantel en esta oportunidad no difiere mayormente de la del Mundial pasado) o podrá ensayarse y apreciarse alguna variante, con miras a dotar a nuestra Selección de un estilo de juego diferente, tal como se viene reclamando desde hace buen tiempo por diversos sectores de opinión.
Este partido del viernes, como los varios que ya se han programado para el resto del año (entre ellos uno frente al actual campeón del mundo Francia) integran en lo inmediato, y según se ha dicho, la etapa de preparación para la Copa América de Brasil del año próximo, en la que nuestra Selección procurará reverdecer el título de campeón, obtenido en el penúltimo torneo, disputado en el año 2011. Y si hacia allí apuntan las baterías, parece lógico y hasta necesario que Coito trate de profundizar la renovación que ya había esbozado —aunque tibiamente, quizás por la falta de ensayos previos— el propio Tabárez, en la última Copa del Mundo.
En este sentido, cabe reparar en la circunstancia de que, a diferencia de lo que ocurre con otras selecciones participantes en ese próximo evento continental (el caso de Argentina parece ser el más notorio), que tras el estrepitoso fracaso en dicho torneo deben iniciar un proceso de renovación prácticamente desde cero, Uruguay tiene una base de equipo que está ya consolidada, lo que habrá de facilitar grandemente esos ajustes que pueden pedirse.
Un dato a tener en cuenta: la presente convocatoria de Coito poco o nada ha innovado en relación con los futbolistas que participaron en el Mundial, muchos de los cuales parecen incluso tener asegurada su titularidad, al menos por un buen tiempo (son los casos de Muslera en el arco, la pareja de zagueros de Giménez y Godín, Cáceres en alguno de los laterales y Luis Suárez en la ofensiva), a los que se suman otros jugadores experientes como Sánchez, Stuani, y el mismo Lodeiro, convocado a último momento. También reiteran su presencia varios futbolistas más jóvenes con escasa trayectoria internacional, casi todos de la mitad de la cancha hacia adelante (como Laxalt, Nández, Varela, Bentancur, Torreira y el propio Urretaviscaya); a los que ahora —y esa es la novedad— también se han sumado Federico Valverde y Gastón Pereiro, que estuvieron ausentes de aquel importante evento (cabe lamentar, en tal sentido, la imprevista deserción por lesión de De Arrascaeta y el hecho de que no se haya podido convocar a Maxi Gómez, pues —ante la ausencia obligada de Edinson Cavani— pudo haber tenido la preciada oportunidad de conformar la dupla ofensiva con Luis Suárez).
Resta saber cuál habrá de ser el criterio del ocasional técnico al momento de integrar el equipo que habrá de bajar a la cancha en el MRG Stadium de Houston, el viernes por la noche. Si bien, como puede decirse, es casi seguro —y hasta atendible— que la defensa no tenga demasiadas variantes, en relación a la que ya está consolidada desde hace un buen tiempo, sería oportuno que sí las haya en otras zonas del terreno. Así, por ejemplo, que se les dé cabida a Bentancur, Torreira o al propio Valverde en mitad de la cancha acompañando a Vecino; que, aunque sea por algunos minutos, pueda dársele la chance a Gastón Pereiro de hacer, en su habitual función de enlace, sus primeras armas en la selección mayor, y que —ante la forzosa ausencia de Cavani— para mejor acompañar a Luis Suárez en la labor ofensiva, no se insista con pruebas que no han funcionado (al caso las de Stuani o Lodeiro) y se busque alguna otra variante, como la presencia de Urretaviscaya, moviéndose por alguna de las puntas del ataque, con su buen manejo y singular velocidad.
Sería deseable, en fin, que el hoy reemplazante de Tabárez no se limite a cumplir con el mandado ocasional, o a “salir del paso” de la mejor manera. Al fin de cuentas, no puede descartarse que las serias dolencias que afligen desde hace tiempo al Maestro, puedan impedirle —en un futuro impredecible— bajar a la cancha a dirigir, aunque se mantenga en las vitales funciones de director y orientador del proceso que él fundara hace más de una década. Y quizás nadie más apto que Coito para asumir esa pesada responsabilidad.