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    Ocupando vacíos

    Nº 2177 - 9 al 15 de Junio de 2022

    En cualquier empresa o proyecto que se maneja desde una central y varias sedes, sea por zonas o países, se aprende que la iniciativas de los responsables intermedios van a terminar ocupando los vacíos que se generen desde la cúpula. Si el liderazgo central tiene claro soluciones adecuadas que quiere que se apliquen uniformemente en todos los casos, debe poner al alcance de sus subordinados los elementos para que estos las concreten con coherencia y con la misma calidad. En caso de que eso no ocurra, los involucrados –urgidos por el logro de sus metas– llenarán ese espacio con lo que tengan a su alcance, aunque no respeten los lineamientos centrales. Es inevitable que suceda eso, salvo que se espere que las jerarquías intermedias no intenten cumplir con su misión respecto al área que tienen a cargo.

    Sin entrar en el contexto general de la entrevista que el presidente Luis Lacalle Pou mantuvo con el programa Hard Talk de la BBC, vale la pena detenerse en el intercambio que se produjo referido a la iniciativa del gobierno uruguayo de intentar un tratado de libre comercio (TLC) con China.

    Desde hace tiempo que venimos escuchando a voceros tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos que pretenden desalentar el acercamiento comercial de Uruguay con la potencia asiática. Generalmente los discursos en cuestión buscan entreverar la relación comercial, una necesidad básica para cualquier país que quiera dar prosperidad a su población, con asuntos ideológicos y de influencia regional. Por supuesto que también hay discursos que nos invitan a seguir cargando con el “lastre” –como lo definió Lacalle Pou– del Mercosur.

    Tanto europeos como norteamericanos y algunos países vecinos nos han llenado de sugerencias, algunas incluso sonaron más a advertencias desde lo alto, pero soluciones alternativas han propuesto muy pocas. El aprendizaje mencionado en el inicio del editorial no está muy presente, por lo visto, entre los gobernantes del viejo mundo y de la principal potencia occidental. Parecerían esperar una lealtad autolacerante, en lugar de propiciar el crecimiento de quienes quieren tener como sus aliados.

    Mientras enfrentamos todo tipo de condicionamientos de los grandes de Occidente –temas de proteccionismo de ellos, exigencias medioambientales y cuotas por productos–, China avanza con su apertura comercial hacia nuestro país absorbiendo el 37% de nuestras exportaciones y declarando un interés inicial por transitar la posibilidad de firmar un TLC.

    El periodista inglés que condujo la entrevista –Stephen Sackur– demostró tener clara la contradicción de nuestro gobierno al intentar un arreglo de tipo bilateral con China mientras se mantiene apegado a las normas del Mercosur, y sus preguntas metían el dedo en esa llaga. Nuestro presidente se defendió refiriéndose a encuentros que mantuvo con representantes del gobierno brasileño para “convencer” sobre la importancia de flexibilizar la alianza regional, algo que ya dijimos es prácticamente una pérdida de tiempo.

    Ya sea porque tenía una preocupación auténtica o porque se dejó llevar por el discurso europeo, el periodista se mostró preocupado por la asimetría entre China, con sus 1.200 millones de habitantes, y Uruguay, con sus poco más de tres millones. Nos hizo recordar al dicho de un asesor empresarial cuando su cliente estaba asociándose con empresarios de mucho mayor peso: “Tené cuidado, las ballenas son buenísimas, pero si te ponés a nadar con ellas, de un solo coletazo se termina todo”.

    En ese asunto, el presidente puso los puntos sobre las íes: “Vamos a tomarlo de esta manera: si la única opción es vender esos productos por un buen precio a China o no venderlos, ¿qué haría? Yo vendo. Si abrimos más mercados, si Estados Unidos nos abre más mercados, Reino Unido, el resto de Europa, Turquía, lo que sea, venderemos. Si puedo elegir, no pondré todas mis exportaciones en un solo país”.

    Ante la insistencia del periodista en cuanto a la dependencia que esto puede generar de Uruguay hacia China, Lacalle Pou aclaró que se trata de una relación económica, “política no”. Dijo más: “Pongo mis huevos donde puedo. Eso es lo que tengo que hacer con mi país, abrir mi país. Hoy el gobierno de Estados Unidos no está mirando al sur. Eso es un problema para nosotros. Nos encantaría ser equilibrados”.

    Lo dicho al principio: si no quieren que los responsables del bienestar uruguayo recurran a caminos accesorios, no alcanza con discursos y menos con miedo. Tienen que ofrecer alternativas.

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