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    Ojos de videotape

    El Mundo de los Videos, una miniserie uruguaya
    Colaborador en la sección de Cultura

    “Es un personaje desesperado”, dice Matías Ganz. “Esa es la palabra que lo define”. Habla de Willy, el dueño del videoclub El Mundo de los Videos. “Cuando estás desesperado... no medís”, agrega el realizador, uno de los creadores, junto con Rodrigo Lappado, de El Mundo de los Videos, miniserie de cinco capítulos acerca de lo que ocurre en el moribundo videoclub del título. Y ahí está Willy: perplejidad, hastío y malhumor en la mirada, cejas largas, arqueadas, bigote tupido sobre una tensa mueca de desconfianza, tratando de adelantar el cobro de la herencia de la tía Gladys... Que, por cierto, no murió. Y que ni siquiera es tía suya sino de su esposa. “Para nosotros, todo lo que hace sale de un amor muy fuerte al videoclub y un cariño grande a los empleados”, dice Lappado.

    Es que, sumido en una fuerte crisis económica, a El Mundo de los Videos le queda poco tiempo. Por ahora no se hacen fotocopias, no se venden golosinas ni productos congelados, aunque sí se ofrece el pasaje de VHS a DVD, entre otros servicios. Willy, terco y entusiasta, busca recursos y atajos para reanimar el negocio. Recursos y atajos que, además de insólitos o poco efectivos, también son de dudosa ética.

    Ganz y Lappado son los mismos autores de REC, una originalísima serie que se emitió por TNU en 2012. Allí demostraron que además de ser narradores hábiles y arriesgados, también pueden ser verdaderos ninjas del bajo presupuesto. REC mostraba la vida de un adolescente a través de lo que el adolescente en cuestión, Matías, grababa con su cámara de video.

    El Mundo de los Videos podría definirse como dramedia —por la manera que une el drama y la comedia— y se emite los domingos a las 22 horas por Tevé Ciudad; al día siguiente, cada lunes, puede verse en el canal de YouTube de la emisora. Cada capítulo dura media hora. El formato elegido es el del mockumentary, es decir, el falso documental: los realizadores trabajan con la ilusión de que hay un equipo de filmación grabando lo que acontece en torno al negocio y las personas que se vinculan con él.

    “El formato nos quedaba cómodo y nos aportaba ese naturalismo cotidiano con el que arranca la serie”, relata Lappado. “Después de que la escribimos, todo lo que hicimos fue tratar de sacarle esos elementos de falso documental que veíamos que se estaba replicando en muchas series después de The Office, y tratamos de llevarlo más hacia el cine directo de los hermanos Maysles (Salesman, Gimme Shelter)”. También, agrega su socio, “usamos el mismo razonamiento que con REC: no íbamos a conseguir demasiada plata para producir, entonces, para hacer que esa plata rinda, un falso documental te ayuda más. Si establecés una estética narrativa de ficción es más caro hacerla bien. La estética documental necesita menos recursos técnicos: menos luces, menos elementos de cámara”. El equipo de producción, la dirección de arte y fotografía, dicen los responsables, “armaron el videoclub”, donde antes había un minimercado: Las Chuflas. El registro del día a día en ese recinto decadente y triste (hay que presentar atención a los detalles de la dirección de arte) no elude los silencios ni las situaciones incómodas, tampoco las repeticiones o los momentos que parecen muertos. Es parte del formato. “La idea es que uno entra en la serie como un falso documental y que de a poco va derivando en algo más fantasioso, con las historias volviéndose un poco más absurdas, contrastando con ese tono”, comenta Ganz.

    “Con Willy nos interesaba hacer un personaje que no fuera del todo agradable”, continúa. Y, tras una breve pausa, sonríe: “En realidad nos interesaba que todos fueran un poco desagradables, que todos tengan sus miserias”. Así que, además de Willy (interpretado por Gabriel Bauer), aquí están Jaime (Diego Bello) y Héctor (Néstor Guzzini), los empleados, y Ricardo (Roberto Suárez), que también trabaja en el local, aunque la palabra “trabaja” quizás no sea la más adecuada (tiene sus motivos). Y están los clientes que, sean habituales u ocasionales, obviamente siempre son pocos: el pibe que pasa horas en el local y nunca se sabe o se dice a cuento de qué (el Seba), el señor que pide “el otro catálogo”, la mujer que alquila películas de acuerdo a lo que le recomienda alguno de los empleados, el que de alguna u otra manera intenta garronear algo.

    “Los protagonistas tienen una realidad complicada”, reconoce Ganz. Además de un negocio que se cae a pedazos acá hay un matrimonio apagado, un padre separado que siente que perdió la conexión con su hija adolescente, alguien que prefiere callar a discutir, un hombre que parece estar convencido de ser más inteligente que todos y que, por lo tanto, está cada vez más solo. “Nuestra idea no es reírnos de eso sino reírnos dentro de ese contexto. Y sin sacarle peso al drama”, agrega el director. Y, tampoco, a la comedia: porque hay momentos en los que la carcajada viene sola.

    No querían que fuera una serie “muy cinéfila”, reconocen los realizadores, que ya trabajan en El Matadero, una serie policial ambientada en Fray Bentos. Y es algo para agradecer. En El Mundo de los Videos no hay espacio para el gesto cool, el guiño por el guiño, la referencia nerd a tal o cual película.

    Escribieron y reescribieron bastante. “Nos presentábamos a fondos, y cada vez que perdíamos, reescribíamos”, cuenta Lappado. “Evitamos repetir cosas que estuvieran muy vistas, o que ya habíamos hecho en REC, o que los personajes se nos parecieran o se parecieran a los de la serie anterior”. Y agrega: “Hay un tema con los recursos humorísticos. A veces escribís algo que te parece gracioso y no te das cuenta de que no va con el personaje”. En la primera versión, dice Ganz, “algunos diálogos no calzaban con los personajes, eran chistes que nos divertían a nosotros, pero no funcionaban porque básicamente no eran de los personajes”. Entonces trabajaron más las situaciones que los diálogos. Y luego vinieron las interpretaciones, que aportaron mayor densidad a sus personajes y mayor riqueza a la trama, y que son, de alguna manera, dobles: tanto Guzzini como Bello o Suárez actúan de personas comunes que, como todas las personas comunes ante una cámara, actúan un papel.

    Dice Lappado: “Néstor tiene algo muy bueno y es que te hace creíble todos los diálogos. Y los diálogos que a él no le parecen creíbles te los plantea. Te dice que tal o cual asunto no le queda cómodo y le buscábamos la vuelta. Tuvimos mucha suerte con los actores. Néstor y Suárez nos dijeron que sí en seguida, lo cual fue muy bueno porque habíamos escrito los personajes pensando en ellos. Encontrar a Willy y Jaime llevó más tiempo. No son personajes sencillos. En especial Jaime: la incomodidad que le genera la presencia de las cámaras es evidente. En él puede hallarse algo parecido a una síntesis de El Mundo de los Videos como una historia de aceptación y reconstrucción.

    No solo los protagonistas —con Guzzini la cabeza— agregaban bocados que enriquecían la escena. También los secundarios hicieron su aporte. Y acá es indispensable hablar de Diego Lici, más conocido como Moncho, cuyo personaje es Proveedor en los créditos. Dice Ganz: “El de los peces”. Es que, aparentemente, el proveedor —barba candado, un peinado que hace que su pelo luzca como una peluca— tiene un acuario. Y allí, entre peceras y peces de colores, también funciona una distribuidora de películas triple equis. Con un amable y cálido acento del interior y un estilo similar al de José Mujica, aunque libre de prepotencia y bastante menos ofensivo a nivel gramatical, el Proveedor es uno de esos secundarios carismáticos cuyas apariciones, por lo general breves, a veces chispeantes, siempre sustanciosas, le confieren sabor extra a la historia. Uno quiere ver más, saber más de ellos.

    Inevitable mencionarlo: el parecido físico de Bauer con el crítico y productor de cine Ronald Ronny Melzer (1956-2013), dueño del legendario Video Imagen Club, es evidente. “Más allá de que trabajamos con Ronny, que fue productor de REC, que Gabriel es muy parecido físicamente y que incluso fueron compañeros de liceo, no queríamos que la serie fuera un homenaje explícito a Ronny”, reconoce Ganz, que actualmente se encuentra en la preproducción de su primera película como director, Los débiles. “Willy no es Ronny. Es como un Ronny pero sin la parte cultural. Ronny era un intelectual, este tipo no. Willy es más un comerciante de barrio que un tipo al que le interesa la cultura”. Continúa Lappado: “Agarramos las cosas de Ronny que veíamos que nos podían servir más para la comedia. Sin intención de homenajear, simplemente como punto de partida”.

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