N° 2034 - 22 al 28 de Agosto de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora la Cátedra Sura de Confianza Económica de la Universidad Católica junto a Equipos Consultores, mostró en julio una importante recuperación del optimismo de los uruguayos.
En efecto, el ICC aumentó 5,1 puntos, hasta un nivel de 52,5 unidades, ubicándose en zona de “moderado optimismo” y dejando atrás un período de “pesimismo” que se había iniciado en agosto de 2017. Además, alcanzó su mayor nivel desde marzo de 2015 (55 puntos).
La recuperación se explica mayormente por la significativa alza en la “predisposición a la compra de bienes durables” (con un avance de 7,8 puntos), a la vez que también mejoraron la “percepción sobre la situación económica del país” y también respecto de la “situación económica personal” (en 4,4 y 3,1 puntos, respectivamente). Gracias a la suba en julio, por primera vez en lo que va de 2019 el promedio del ICC supera al del mismo período de 2018.
La baja del dólar el mes pasado parece haber sido un factor determinante de la mejora de la confianza de los consumidores, lo que se reflejó en el fuerte aumento de las ventas de vehículos nuevos en dicho período (3.693 unidades, 29% más que en el mismo mes de 2018), y en el salto global en la predisposición a la compra de bienes durables. También la confirmación de la instalación de la segunda planta de celulosa de UPM puede explicar, junto al ciclo electoral, la mejora en las expectativas respecto a la situación futura de la economía en general.
Lamentablemente, los acontecimientos ocurridos en Argentina luego del resultado de las elecciones del domingo 11, seguramente cambiarán de manera sustancial el panorama a nivel de confianza de los consumidores para el resto de 2019, más allá del optimismo que pueda seguir generando la instalación de un nuevo gobierno.
Es que el nuevo escenario argentino resulta muy problemático tanto a corto (esto es, hasta que eventualmente se llegue al cambio de gobierno el próximo 10 de diciembre) como a mediano plazo, porque corregir la actual situación no será para nada fácil para la administración entrante. En cualquier escenario, implicará un tipo de cambo muy competitivo, porque para superar la “restricción externa” y comenzar a crecer nuevamente, deberá hacerlo por la vía de fomentar fuertemente las exportaciones (y en ausencia de una mejora súbita de los términos de intercambio, ello a corto plazo implica el mantenimiento de un dólar muy alto). Si se logra contener la salida de capitales, el dólar en Argentina quizás no debería subir mucho más que los niveles actuales (corregidos obviamente por la inflación que se acumule en los próximos meses); pero si la desconfianza financiera persiste, es difícil encontrarle un techo al tipo de cambio.
Lo que sí es claro es que no hay posibilidad alguna de pensar en un escenario de dólar barato o “electoral” en Argentina en el corto y mediano plazo, como el que trató de generar el presidente Macri antes de las elecciones internas de este mes. Si la idea era llegar al 27 de octubre y eventualmente al balotaje de noviembre con el dólar planchado, la inflación en baja y ajustar después de diciembre, eso ya no será posible.
Para Uruguay, el nuevo y deteriorado contexto argentino implica presiones hacia una mayor devaluación, y —dado que es claro que el gobierno no va a permitir un ajuste rápido del tipo de cambio porque estamos en nuestro propio proceso electoral— hacia una mayor caída en el nivel de actividad y de empleo, así como un deterioro mayor del resultado fiscal en los meses finales de la actual administración. Todo ello profundizará los problemas que deberá enfrentar el futuro gobierno, sea quien sea que gane las próximas elecciones, e independientemente de que comience la construcción de la nueva planta de UPM.
Dado este contexto, el repunte de la confianza de los consumidores en julio seguramente será efímero, y la cautela debería volver a primar en las decisiones de gasto de las familias. Lo mismo que en las decisiones de inversión y empleo por parte de las empresas.